Economía y Sociedad, Política

¿Podrá fortalecerse la Organización Mundial de Comercio?

Libre Comercio

Al aproximarse la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio OMC en Hong Kong, vemos como sus más importantes protagonistas se esfuerzan por reducir las expectativas públicas en torno a sus resultados. Así, cada vez es más probable que esta reunión producirá, en el mejor de los casos, un resultado notablemente inferior a las expectativas que teníamos hace un año. Ya incluso algunos se preguntan si vale la pena realizar esta cumbre.


 


Sin embargo, a pesar de que algunos desarrollos recientes constituyen un serio revés para la OMC y para la economía global, todavía vale la pena luchar por un resultado, incluso si este se limita a dar fuerza legal a compromisos unilaterales y regionales que se han logrado desde la terminación de la Ronda Uruguay. Esto podría dar solidez a la situación actual, y podría ponderarse de manera más positiva el futuro de la organización.


 


Las dificultades que enfrenta la OMC producen una indudable desilusión, pero no son motivo de sorpresa. La OMC es un cuerpo muy diferente a lo que era su predecesor, el GATT: es mucho más grande, y más diverso en sus miembros. Además, los temas que ha incluido en su agenda son mucho más amplios que aquellos propios de la era del GATT.


 


Y aun más: los desarrollos de la economía mundial, en cierto modo, han ido dejando atrás a la OMC. En particular, me refiero al impacto de los flujos de capital, la tecnología, el comercio electrónico, y sin duda la proliferación de acuerdos de libre comercio bilaterales. Son estos factores los que definen la agenda comercial de hoy. Frente a los acuerdos bilaterales, en cuya aplicación se supone que la OMC juega un cierto papel, su acción ha sido ineficaz. Las reglas de la OMC tienen un cierto impacto en la inversión, pero este es marginal en el mejor de los casos. Y el desarrollo del comercio electrónico no ha sido, en lo más mínimo, afectado por la OMC (por fortuna).


 


Existe una desconexión entre la agenda de negociación y las necesidades reales del comercio. En vez de luchar por obtener buenos resultados en posibilidades de exportación, los miembros de la OMC se han dedicado a proteger los intereses especiales de ciertos grupos en sus países. No es extraño que no se hayan hecho ofertas de avance significativo en materia de acceso a mercados no agrícolas. En el área de servicios, no se ha ofrecido ninguna liberalización auténtica. Y sin que haya progreso en estos temas, es improbable que la Unión Europea y otros heraldos del proteccionismo agrícola se decidan a avanzar en reformas.


 


En las próximas semanas, será necesario investir al Director General de la OMC, Pascal Lamy, con todos los poderes que necesite para desbloquear las negociaciones. El mero hecho de que Pascal Lamy ocupe esta posición es un gran avance, y los miembros de la organización no pueden dejar pasar este momento, en el cual una persona de tan grandes capacidades ocupa la Dirección General. Sería muy útil fortalecer su papel, y escuchar con atención sus recomendaciones sobre la reforma de la institución y de la manera en que se negocia dentro de ella.


 


Y finalmente, hay que concentrarse en avanzar, y evitar caer en el ciclo vicioso de culpar a otros por la falta de progreso. Europa podría contribuir mejorando sus ofertas en lo agrícola. Pero la testarudez de otros miembros, quienes se rehúsan a avanzar en cualquier otro tema hasta que no se vez progreso en agricultura, no contribuye positivamente en nada, y es claro que no ha servido para que la Unión Europea se decida a ceder en agricultura. Todos los miembros de la OMC deben asumir la responsabilidad por la falta de progreso, y esa responsabilidad debe hacerlos avanzar más. Su voluntad debe concentrarse en avanzar hacia una mayor liberalización comercial en 2006, y no en buscar culpables o hacer grandes dramas político-morales.


  


Fuente: Instituto Libertad y Progreso

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