Pensamiento y Cultura

Caminos de la filosofía

“La tarea más urgente, en cualquier caso, es recuperar el concepto de verdad, bien en el propio campo de la teoría, bien en el ámbito del actuar humano. “

Tal vez la forma más clásica de hacer filosofía sea a través del diálogo. Caminos de la filosofía sigue, precisamente, esta costumbre tan socrática. Las respuestas de Alejandro Llano son siempre inteligentes, pero hay que reconocer que quienes preguntan, sus discípulos, revelan un conocimiento profundo de la labor del filósofo, sagacidad y atrevimiento. No sería exagerado afirmar que este es el mejor texto divulgativo del catedrático de metafísica y no sólo porque constituye una magnífica síntesis de su pensamiento y de su trayectoria; también porque las respuestas –largas, pensadas– dejan entrever la callada labor reflexiva, nacida hace ya muchos años, y resaltan esa narrativa peculiar que, a juicio de Llano, posee el pensar filosófico.

Más allá de sus textos de ocasión o de sus reveladoras memorias, y también de su esporádico papel de intelectual público, Llano se considera un filósofo en el sentido clásico del término, es decir, un enamorado del conocimiento. Su filosofía ha nacido del contacto directo con los pensadores más significativos del pasado, pero ha mantenido siempre un enfoque contemporáneo. Tiene, y de ello dan fe estas páginas, una especial capacidad para “replantearse” los temas y problemas más trascendentales: Dios, la libertad, el conocimiento, el bien…

En términos filosóficos, se sitúa en la encrucijada adecuada para hacer dialogar a clásicos como Aristóteles y Santo Tomás con modernos, especialmente Kant. No reniega del pensador de Königsberg, ni lo interpreta como el culpable de la defenestración de la metafísica; su tarea obligó a reformular el pensamiento desde un punto de vista trascendental y a la postre ha resultado fructífera. Tampoco Llano se ha dejado llevar por raptos antimetafísicos y es consciente de que su disciplina, la teoría del conocimiento, es una parte central de la metafísica, pero metafísica al fin y al cabo. Por ello, asiste con preocupación a la devastación provocada en la gnoseología por las ciencias cognitivas y por planteamientos científicos de corte naturalista.

Cierto es que en algunos círculos filosóficos, orientados más a la defensa de sistemas que al descubrimiento personal de la verdad, pueden resultar polémicas algunas afirmaciones. Pero los esfuerzos explicativos de Llano, su defensa de una metafísica mínima, le apartan de las batallas posmodernas –un pensamiento derrotista, un simulacro filosófico, según sus palabras– y le vuelven a situar entre los clásicos. La defensa de doctrinas omnicomprensivas, que tratan de explicar toda la realidad basándose en clasificaciones, suposiciones y tesis, son propias del constructivismo moderno. Y eso no conviene olvidarlo.

Pero ¿por dónde debe transitar hoy la reflexión filosófica, la verdadera? Llano cree que hay ciertos horizontes que no pueden soslayarse: la relación entre filosofía y formas artísticas y culturales (desde la literatura hasta el cine); la vinculación del análisis filosófico con la vida social y cultural y, por último, el problema religioso. Es necesario abrir sobre estos temas nuevas vías de pensamiento y profundización.

La tarea más urgente, en cualquier caso, es recuperar el concepto de verdad, bien en el propio campo de la teoría, bien en el ámbito del actuar humano. Pues aunque hay temas interesantes –el deseo, por ejemplo, o la inveterada pregunta por el ser–, mientras la verdad siga siendo una cuestión disputada no podrá abrirse de forma definitiva la inteligencia humana. Y los enemigos de la verdad no son los filósofos, sino también el pragmatismo, el consumismo o la corrección política.

Como en todos sus libros, Llano muestra razón y pasión en lo que dice: por ello resulta tan convincente. Muestra aquí su preocupación por la especialización del conocimiento, la desaparición de las humanidades y los nuevos sistemas universitarios burocratizados. Si es cierto que, como le dijo Millán Puelles, la filosofía hay que susurrarla, también lo es que la de Llano resulta clamorosamente aguda.

Autor: ALEJANDRO LLANOEUNSA.
Pamplona (2011).
404 págs.
25 €.

 

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