Economía y Sociedad, Política

Argentina: El problema no es exportar alimentos, sino ser pobre

Pedro Isern Munné
La polémica por la prohibición a las exportaciones de carne debe ser enmarcada dentro de la mas amplia y crucial cuestión de la alta competitividad exportadora del sector agro alimentario y de la baja competitividad exportadora del sector industrial argentino.

El sector agro alimentario ha aprovechado una coyuntura sumamente favorable para reposicionarse como principal factor en la recuperación argentina. Las razones principales que explican esta situación son:1) la creciente y sistemática demanda de alimentos por parte de las economías asiáticas; 2) el incremento de la productividad en la cadena agro industrial.

Sin embargo, importantes defensores del modelo económico vigente han re-actualizado una vieja creencia: que Argentina es uno de los pocos países que exporta lo que come y que, consecuentemente, las retenciones (y ahora la irresponsable decisión de prohibir las exportaciones de carne) tienen el objetivo principal de reducir el precio interno de bienes de primera necesidad.

El punto central es que el problema no es que exportamos lo que comemos sino que no exportamos suficiente lo que no comemos. Es decir, el problema es que tenemos un sector industrial de baja competitividad incluso ante un tipo de cambio históricamente alto. ¿Por qué Argentina no exporta bienes industriales y servicios? Porque ha tenido un sector industrial ineficiente para generar valor pero eficiente para obtener y mantener privilegios. Su contracara ha sido (y como vemos, continua siendo) la existencia de un sector agro alimentario eficiente para generar riqueza e ineficiente para defenderse de la captura de los rent seekers urbano-industriales.

¿Cómo demostrar con estadísticas que el problema argentino no es que exportamos lo que comemos sino que es una economía ineficiente para generar valor en “lo que no come”? Comparando las exportaciones y los ingresos (totales y per capita) de Argentina y Nueva Zelanda, ya que éste es un país con la misma ponderación de exportaciones alimentarias.

¿Por qué no es un problema para Nueva Zelanda que el 49% de sus exportaciones sean alimentos mientras que si es un problema para Argentina que lo sea el 45%? Es decir, ¿Como se explica que exportar alimentos no sea un “problema” allí y si lo sea aquí? Se explica tanto por la alta competitividad de las exportaciones industriales neocelandesas como por la alta calidad de sus instituciones políticas. Esto hace que el ingreso per capita de un neocelandés sea $15,000 (a precios constantes del año 2000), mientras que el de un argentino sea solo de $7,500. Así, en Nueva Zelanda no es un problema que los precios internos de los alimentos sean similares a los internacionales porque los habitantes tienen un poder adquisitivo suficientemente alto como para solventarlos.

Por ende, el problema no es exportar alimentos sino ser pobre. La obvia pregunta subsiguiente es: ¿Qué políticas hicieron rica a Nueva Zelanda y pobre a Argentina? O, mas precisamente, ¿La política de establecer retenciones o directamente prohibir las exportaciones de alimentos contribuirá a alcanzar el ingresos per capita de Nueva Zelanda o solo contribuirá por un tiempo a mantener barato los alimentos internamente?

Los defensores del “modelo productivo” debiesen parar de explicar que un problema argentino es que exportamos lo que comemos para comenzar a explicar por qué (después de décadas de transferencias cuantiosas de recursos desde el sector agro alimentario al sector urbano industrial) Argentina sigue sin generar valor, y consecuentemente sigue sin exportar suficientemente, lo que no se come. Es decir, los admiradores del modelo productivo deben explicarnos por qué la mayoría de las exportaciones que no corresponden al complejo agro industrial siguen siendo de tan baja calidad.

Es hora de empezar a pensar sin demagogia cuales políticas son aptas para alcanzar el ingreso per capita de los países ricos y no cuales políticas son populares para mantener barato el precio de la carne.

Pedro Isern Munné es Director del Área Economía y Estado de Derecho del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).

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