La autora comenta las reacciones gubernamentales a la crisis alimenticia y explica cómo han sido contraproducentes.
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Viernes, 13 de marzo 2026

La autora comenta las reacciones gubernamentales a la crisis alimenticia y explica cómo han sido contraproducentes.
Sallie James
Aunque los precios mundiales de los alimentos han caído algo desde sus niveles de este último verano, todavía están en niveles altos comparados con los estándares históricos. La mejor manera de promover la moderación en los precios de los alimentos es permitir que los mercados funcionen de tal manera que las señales comunicadas por los precios puedan ser transmitidas de manera eficiente. Eso debería derivar en menos fluctuaciones extremas en los precios de las commodities, mientras que la oferta y la demanda serán capaces de ajustarse más rápidamente. A largo plazo, los esfuerzos por reformar y liberalizar mediante la Organización Mundial de Comercio (OMC) permitirán que los mercados funcionen de manera más efectiva.
A principios de 2008, antes de que la crisis de las hipotecas subprime causará un caos financiero, la “crisis” en la mente de todos era el crecimiento rápido de los precios de los alimentos. El alza fue promovida por una “tormenta perfecta” de altos precios del petróleo y de los fertilizantes, mandatos de etanol que promovían el uso de balanceado a base de cultivos como el maíz y la soya para la producción de combustible, incidentes de mal clima en importantes países exportadores de alimentos, una tendencia a la baja en la inversión agrícola porque los subsidios del mundo desarrollado deprimieron los precios y cerraron los mercados, un aumento en la demanda por parte de los países en desarrollo con rápido crecimiento, y la depreciación del dólar (moneda en la cual gran parte de las commodities tienen fijado su precio).(1 ).
Más de 40 países experimentaron protestas (y, en el caso de Haití, la caída de un gobierno) inspiradas en los altos precios de los alimentos, e importantes países exportadores de alimentos como Argentina y Ucrania introdujeron medidas mal concebidas que iban desde los impuestos a las exportaciones hasta las prohibiciones totales a la exportación en un intento de solucionar el problema. India, un jugador mundial gigante en muchos mercados de commodities, extendió sus prohibiciones a exportaciones al arroz, el trigo y otros cultivos hasta abril de 2009.
En relación a los primeros meses de 2008, cuando los precios de los alimentos aparecían constantemente en los titulares de las noticias, el mundo parece haber cambiado de página. Primero, la crisis financiera global y la desaceleración económica generalizada es una amenaza aún mayor, y seguramente tendrá mayor impacto sobre los votantes en los países ricos que los precios de los alimentos, los cuales constituyen una porción relativamente pequeña del gasto del hogar. Segundo, los precios de las commodities, aunque todavía están altos comparados con los estándares históricos, han caído de sus niveles más altos en junio (ver Gráfico 1). El maíz se vendía por aproximadamente $7 el manojo y siguió subiendo hacia $8 a mediados del verano, pero desde ese entonces ha caído a alrededor de $4. De igual manera, la soya se está vendiendo por un poco menos de $9 el manojo inclusive hasta fines de octubre, muy por debajo del precio de por encima de $16 de junio.

Estas caídas dramáticas todavía no han derivado en caídas considerables en los precios que los consumidores estadounidenses pagan en el supermercado. El índice del U.S. Bureau of Labor Statistics para la comida preparada en la casa (es decir, los precios que los consumidores pagan en los supermercados) había aumentado en 7,6% durante el año antes de septiembre de 2008, aunque el paso de la aceleración se había reducido a un aumento de 0,6 por ciento en el mes de septiembre, desde un aumento de 0,8 por ciento en agosto.(2).
La desaceleración económica general puede que resulte en que estos aumentos se desaceleren un poco, pero el consenso general es que los precios de los alimentos se demoran en cambiar cuando están a la baja porque las empresas son reacias a ser las primeras en cortar su precio en su categoría (los precios de los ingredientes son fijados muchos meses antes). Los consumidores estadounidenses no deberían esperar un alivio considerable pronto.
De igual manera, la ayuda de las agencias internacionales y las organizaciones intergubernamentales insisten que la crisis todavía es muy importante, a pesar de la reciente caída en los precios. De hecho, el Cuadro 1 muestra que la reserva global de muchas de las commodities es baja, y Oxfam estima que alrededor de 120 millones más de personas están en riesgo de morirse de hambre que antes de la reciente alza de precios. Aunque el Índice de Precios de Alimentos de la FAO (Organización para los Alimentos) cayó un 13 por ciento en octubre de 2008 y un 6 por ciento a lo largo del año desde octubre de 2007, todavía estaba un 28 por ciento por encima de su nivel de octubre de 2006.(3).
Los presupuestos de las agencias que donan alimentos todavía están apretados y la historia sugiere que el “deshecho extra” de reservas de alimentos provenientes de los países desarrollados también caerá. Por otro lado, los exportadores agrícolas (probablemente los países en desarrollo principalmente, si a la ventaja comparativa se le permitiese hacer su magia) ganarán de estos precios más altos.
Fuente: Cato Institute
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