Pensamiento y Cultura, Política

Katrina, la tragedia que no pudo evitarse

“El único modo de evitar completamente la pérdida de vidas humanas y propiedades en estas áreas es simplemente que la gente no viva allí, y que los negocios no operen allí. La cruda realidad, sin embargo, es que esto no va a ocurrir. La gente de estas áreas vive con un riesgo mayor que la mayor parte de la gente del resto del país, y continuarán haciéndolo en el futuro. Ningún comportamiento humano carece completamente de riesgos”.

Medio Ambiente

 


La tragedia que se desenvuelve actualmente en Nueva Orleáns carece de precedentes en la historia de los Estados Unidos en muchos sentidos, y es tentador pensar que la miseria de la que somos testigos podría haber sido evitada. Me gustaría sugerir que algún nivel de miseria y pérdida de vidas es inevitable. Con toda la retórica de los últimos días referente al papel del calentamiento global en la actividad de los huracanes, es útil examinar los desastres climáticos en general, y el Katrina en particular, tanto desde perspectivas históricas como prácticas.


 


Precisión del pronóstico y alertas 


 


Todo el mundo sabe que los pronósticos del tiempo no son totalmente fiables. En caso de sucesos potencialmente destructivos que amenacen vidas, como tornados, huracanes o inundaciones, los que hacen el pronóstico yerran necesariamente en el lado de la cautela. Esto lleva a una sobre-reacción, que a su vez redunda en algún nivel de complacencia por parte del público. Mientras que la sobre-reacción lleva a una elevada “probabilidad de detección” (muy pocos sucesos tienen lugar sin alertas), tiene lugar a expensas del incremento en las falsas alarmas. No existe realmente otra opción aceptable. La única alternativa sería decretar menos alarmas. Pero teniendo en cuenta la imprecisión de los pronósticos de los huracanes, esto sería al coste de numerosos sucesos de los que no hay alertas. Muchos, posiblemente la mayoría de los huracanes que llegan a tierra o carecerían de alerta, o no tendrían bastante tiempo anticipado para las evacuaciones y para que las protecciones de las propiedades fueran colocadas. Esto sería totalmente inaceptable para el público. Por lo tanto, se nos deja en la situación inevitable en la que una parte de la gente no obedecerá a las alertas – por ejemplo, ignoro personalmente la mayor parte de las alertas de tornado — y por tanto la gente morirá.


 


La intensidad del huracán y los pronósticos del Huracán Katrina fueron, desde la perspectiva histórica, bastante precisos. Los primeros pronósticos situaron al huracán en la costa este de Florida. Pero hacia las 11 de la noche del sábado (48 horas antes de que los vientos comenzaran a barrer la costa de Louisiana) el National Hurricane Center (NHC) pronosticaba “un huracán intenso”. El pronóstico difundido en ese momento era bastante impreciso – centrado en la eventual localización en tierra. Katrina término intensificándose y moviéndose más rápido de lo normal, lo que llevó a menos tiempo del deseable para las áreas en alerta.


 


Sin embargo, las alertas de “suceso catastrófico” dieron tiempo para que virtualmente toda la gente dispuesta y capaz de abandonar Nueva Orleáns y las áreas de la costa lo hicieran. La mayor parte de la gente sí que abandonó las áreas alertadas — pero no todos ellos. El NHC deja claro especialmente en el caso de grandes huracanes como el Katrina que la gente no se centre en el pronóstico exacto, porque el área afectada será muy amplia de todos modos.


 


¿Cómo se clasificó el Katrina? 


 


Desde la perspectiva meteorológica, el Katrina fue inusualmente intenso y grande, pero no carecía de precedentes. En un momento determinado adquirió el punto más bajo de presión del aire del que se tiene constancia para un huracán del Atlántico (902 mb, o 26,64 pulgadas), pero esta estadística debería tomarse como una mota de polvo en el desierto, puesto que solamente disponemos de algunas décadas de medidas buenas, y muchos sistemas que no amenazan tierra nunca llegan a medirse directamente. A la entrada inicial por el sureste de Nueva Orleáns, Katrina era una tormenta de categoría 4 con vientos máximos estimados en los 145 mph.


 


El Huracán Galveston de 1900, estimado también en una tormenta de categoría 4, causó 6000 muertos. Éste se considera comúnmente el mayor desastre natural de la historia de Estados Unidos. La cifra de bajas muy inferior de los huracanes modernos, incluso ante el exponencial crecimiento de la población en áreas afectadas por huracanes, da fe de las presentes tecnologías satélite, de predicción del tiempo, de comunicaciones y de transporte. Si no fuera por la tecnología moderna, bien podríamos experimentar lo que ha soportado Bangladesh en un pasado no muy distante — una estimación de entre 300.000 a un millón de muertos como consecuencia de un ciclón tropical en 1970. Los desastres de ciclones tropicales con más de 10.000 muertos no son infrecuentes allí.


 


Ajustados a dólares del 2004, el Huracán Andrew de 1992 fue el huracán más caro del que se tiene constancia, con cerca de 44 billones de dólares. Queda por ver si el suceso del Katrina superará esta cifra. Si lo hace, será más atribuible al deseo de tanta gente de vivir y construir en áreas costeras que a la propia fuerza inherente a los huracanes. De hecho, sí planteamos la cuestión, “¿qué terreno afectado por huracanes en la historia de los Estados Unidos sería el más caro si sucediera hoy?”, el gran ganador sería el Gran Huracán de Miami de 1926. Se estima que, si ese huracán tuviera lugar hoy, sus costes alcanzarían los 110 billones de dólares.


 


Calentamiento global y huracanes 


 


Existen algunas investigaciones recientes que sugieren que todos los ciclones tropicales del Atlántico y del Pacífico Oeste medidos desde los años 70 se han acompañado de una tendencia al calentamiento en las temperaturas de la superficie del mar con tormentas cada vez más fuertes y duraderas. De hecho, el incremento en la energía total generada por las tormentas que computó el estudio fue en realidad mucho mayor del que sería esperable según la teoría, sugiriendo cambios en la fuerza del viento o en otros procesos que operan además del simple incremento de temperaturas. (Los resultados sin publicar del mismo investigador sugieren, sin embargo, que esta tendencia no fue aparente en los huracanes de tierra desde los años setenta).


 


Teniendo en cuenta el trabajo reciente, ¿cómo deberíamos ver el papel del calentamiento global? En primer lugar, sabemos que las tormentas de categoría cuatro, o incluso las de categoría 5, siempre han tenido lugar, y continuarán teniendo lugar, con o sin la ayuda de los humanos, como manifiestan los ejemplos de arriba. Por lo tanto, si estamos preparados frente a lo que nos lance la naturaleza, estaremos preparados para un posible incremento reducido en la actividad de los huracanes que sugieren algunos estudios de la mano del calentamiento global por el hombre. Sugerir que el Katrina fue causado por la humanidad no sólo es enormemente erróneo, también oscurece los temas reales que necesitan afrontarse, incluso la ausencia de calentamiento global. Desde un punto de vista práctico, hay poco que podamos hacer a corto plazo para evitar el calentamiento futuro de cualquier manera, sin importar lo que usted crea que será el calentamiento, incluyendo el Protocolo de Kyoto. Así que ¿por qué plantearlo siquiera (aparte de a causa de motivaciones políticas, filosóficas o financieras)?


 


Viviendo con el riesgo


 


Se sabe desde hace mucho que Nueva Orleáns tenía un riesgo mayor de catástrofe que la mayor parte de las áreas costeras, especialmente a causa de la inundación y de la tormenta que provoca el huracán. Mientras que la propia tormenta no es lo que inundó la ciudad, fue responsable del fallo en las conducciones que causó la inundación del par de días después del huracán.


 


Otro área geográfica de preocupación es la carretera 1 que sale de los callos de Florida. Un huracán que se aproximase e intensificase rápidamente en ese área también llevaría a una enorme pérdida de vidas humanas.


 


El único modo de evitar completamente la pérdida de vidas humanas y propiedades en estas áreas es simplemente que la gente no viva allí, y que los negocios no operen allí. La cruda realidad, sin embargo, es que esto no va a ocurrir. La gente de estas áreas vive con un riesgo mayor que la mayor parte de la gente del resto del país, y continuarán haciéndolo en el futuro. Ningún comportamiento humano carece completamente de riesgos, y los residentes de la costa simplemente asumen riesgos mayores que la mayor parte del resto de nosotros. Mientras los pronósticos climáticos no sean perfectos, y mientras los grandes sucesos climáticos sean sobre-estimados (necesariamente), los desastres climáticos continuarán teniendo lugar.

Fuente: TechCentralStation

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