Aunque las primarias demócratas parecen cada vez más sentenciadas, la lucha por la Casa Blanca no está resuelta.
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Sábado, 10 de octubre 2026
Aunque las primarias demócratas parecen cada vez más sentenciadas, la lucha por la Casa Blanca no está resuelta.
Nada parece decidido
Las elecciones primarias en el Partido Demócrata van llegando a su fin tras cinco de meses de intenso enfrentamiento entre Barack Obama y Hillary Clinton. Sin duda alguna, mucho tiempo de contienda pero con escasas propuestas que nos hagan ver grandes diferencias entre uno y otro.
En efecto, se ha tratado más de una “campaña personal” que, especialmente durante el mes de abril, nos hizo pensar que sería imposible cualquier pacto post-nominación entre ambos candidatos. Sin embargo, mayo ha sido mucho más relajado lo que nos ha permitido ver sus déficits.
La suma de Obama y Clinton daría el candidato ideal para el Partido Demócrata: él, porque cuenta con más tirón entre la izquierda norteamericana (aunque este término exigiría una más profunda reflexión), inmigrantes y estrellas mediáticas de Hollywood; sin olvidarnos del aspecto pecuniario, pues si por algo se ha caracterizado el equipo de Obama, es por ser una maquinaria perfecta para conseguir fondos. En cuanto a ella, nos ha sorprendido por su tenacidad, saber estar político y habilidad para ganar en los grandes Estados.
Como decimos, la síntesis de lo mejor de ambos daría el nombre perfecto a los demócratas para ocupar el lugar de Bush, quien se ha convertido, indirectamente, en el aliado de sus rivales políticos a la hora de que éstos puedan conseguir el tan esperado quórum. ¿Cómo ha sido posible?. En sus recientes intervenciones, con ocasión de los actos conmemorativos del 60 aniversario del Estado de Israel, el todavía Presidente de Estados Unidos alertó del riesgo que tendría negociar o dialogar con aquellos estados que fomentan, financian y hacen apología del terrorismo.
Desde las filas demócratas, las declaraciones de Bush fueron recibidas como una crítica velada y directa a Obama quien obtuvo el apoyo, sorprendente en función de cómo se vienen desarrollando las primarias, de Hillary Clinton.
En este sentido, la dirección del Partido Demócrata pecó de un exceso de sensibilidad pues haciendo un breve recorrido histórico por los últimos 40 años de la política exterior estadounidense, vemos como hay un buen número de políticos, y no sólo demócratas, que han cometido el error de magnificar las cualidades de la negociación como medicina frente a los enemigos de la libertad, empezando por binomio republicano Nixon-Carter.
Sin embargo, pese a este acercamiento, ninguno de los dos candidatos ha podido disipar las dudas que hay sobre su capacidad para derrotar al republicano McCain quien sí supo sobreponerse a las adversidades en el proceso de nominación que llevó a cabo su partido, en especial, a su deficiente situación económica. Este aspecto hay que tenerlo muy en cuenta pues no se trata de un fenómeno ya subsanado sino que amenaza con perseguirle a lo largo de las presidenciales.
Así, McCain tiene mucho terreno ganado pues mientras sus adversarios se desacreditaban verbalmente, él ha podido visitar lugares de Estados Unidos y hacer llegar su corpus político, todo ello con la finalidad principal, aunque no única, de acabar con el estereotipo que de él han creado como un continuador de Bush.
En definitiva, sin duda alguna las próximas elecciones de Estados Unidos van a ser apasionantes, no sólo por las características de sus contendientes McCain y, previsiblemente Obama, sino también por los muchos interrogantes que arrojan desde este momento. Desde la avanzada edad de McCain y sus problemas económicos que le harán depender de los fondos públicos, a la necesidad de los demócratas de cerrar filas alrededor de Obama, pasando por la importancia que desde uno y otro partido se dé al componente racial como factor de discriminación positiva o negativa. Todo ello sin olvidar la capacidad de adaptación al cambiante contexto internacional que demuestren, donde escenarios como Cuba, Irak, Irán u Oriente Medio exigirán posiciones firmes y no simples poses electoralistas/resultadistas.
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