Política

No culpen a la deslocalización

El primer concepto que un estudiante de Economía aprende es que por cada beneficio existe también un costo; como lo dijo mi viejo colega y amigo, el Premio Nóbel Milton Friedman, “No existe el almuerzo gratis”.

Walter Williams
Mientras que la persona que recibe el beneficio no pague o aún sea consciente
del costo, tan pronto como al día siguiente existirá un costo pagado por
alguien.

Uno de los efectos de la competencia es que pone al descubierto
los costos y los métodos de producción más económicos. Cuando el gobierno le
concedió a AT&T el monopolio de gran parte del sector de las
telecomunicaciones y la Civil Aeronautics Board apoyó la coalición de empresas
aerocomerciales, tanto la industria de las comunicaciones como el transporte
aéreo ofrecieron precios más altos que los de la actualidad. La aparición de la
competencia no sólo mostró que podían ofrecerse mejores servicios a mejor precio
sino que también suscitó innovaciones masivas.

El comercio internacional
es una forma de competencia, y como tal, devela costos y métodos de producción.
Los trabajadores americanos son los trabajadores más productivos del mundo.
Según el Bureau of Labor Statistics, en el 2002 los EEUU lideraron el mundo en
lo que se refiere a productividad por trabajador: cada obrero norteamericano
produjo por valor de U$S 71,600. Segundo en la lista aparece Bélgica, con U$S
64,100. Pero la productividad de los trabajadores puede ser saboteada.


Supongamos que a un obrero textil americano le pagan U$S 100 por día,
mientras que a un obrero en la India le pagan U$S 20. Si el trabajador americano
es diez veces tan productivo como el indio, entonces los costos laborales por
contratar al trabajador americano son más bajos. Sin embargo, U$S 100 en
salarios no es la única paga que debamos desembolsar por contratar al obrero
americano. Existen numerosas regulaciones a nivel federal y municipal que elevan
los costos laborales: las exigencias de la OSHA*, las demandas de EEOC**,
Seguridad Social y Medicare, Family Medical Leave y varios requisitos en torno a
las condiciones laborales. Y luego se debe añadir el pago de ciertas tasas como,
por ejemplo, la Americans With Disabilities Act, Clean Air Act, Endagered
Species Act y muchas otras.

Luego debemos tener cuenta ciertas leyes
frívolas y no tan frívolas que acometen con el comercio. Según un informe de la
U.S. Small Business Administration, los costos de reglamentaciones laborales
sumaron 451 mil millones de dólares en el 2000. Dicho de otra manera, los costos
por trabajador que pagan los empresarios de Pymes (20 empleados o menos) suman
7000 dólares por trabajador; lo de empresas medianas (20 a 499) 4300 dólares y
los de grandes empresas (500 o más) 4400 dólares.

No hay que darle más
vueltas: existen beneficios a todo nivel, ya sea nacional, federal o municipal,
debido a las costosas regulaciones que imponen las agencias del Estado. Pero
debe tenerse en cuenta que estas agencias no tienen jurisdicción en la India,
China, el sureste de Asia, México y Latinoamérica. En eso quiere decir que gente
mucho menos productiva que nosotros en términos físicos puede derrotarnos en el
mercado global.

Esteremos de acuerdo en que no hay beneficio que valga
el esfuerzo de cualquier costo. Si no fuera así, aprobaríamos todo aquello que
incurriera un beneficio, pensemos aún en un límite de velocidad de 5 millas por
hora. ¿Por qué? Los beneficios serían enormes ya que evitaríamos miles de
muertes y heridos en nuestras carreteras. Sin embargo, no aprobamos tal medida
porque hemos decidido que los costos son mayores que los beneficios.


Como dije antes, la competencia devela costos y métodos de producción
más eficientes. Sólo hay que usar el sentido común para darse cuenta de que los
beneficios de ciertas regulaciones encubren costos. Una decisión inteligente
implica tomar en cuenta costos y beneficios. No es inteligente ignorar lo que
sucede a nuestro alrededor y engañarnos a nosotros mismo señalando a otros como
culpables por la falta de competitividad en ciertas industrias.

*OSHA:
Occupational Safety and Health Administration.

**EEOC: Equal Employment
Opportunity Commission.

Walter Williams es Doctor Honoris Causa en
Ciencias Sociales por la Universidad Francisco Marroquin, en Guatemala.


Traducido con autorización por Luis A. Balcarce.

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