Oriente Próximo, Política

La decepción de Erdogan

La pérdida de la mayoría absoluta del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP en sus siglas turcas) en las elecciones parlamentarias del 7 de junio de 2015 ha llevado a algunos a proclamar el principio del fin de la era Erdogan y del predominio del partido islamista moderado que gobierna en Turquía desde 2002.


En cualquier caso, el resultado abre un período de inestabilidad en la política turca, pues hace difícil, tal y como reconocía el propio presidente Erdogan, que un partido pueda gobernar en solitario.

Si el presidente de la república convocó las elecciones a modo de referéndum sobre su intención de convertir a Turquía en república presidencialista, la decepción ha sido clara: el AKP no ha obtenido los 330 escaños necesarios para la mayoría de dos tercios necesaria en toda reforma constitucional. Ha logrado 258 representantes, con el 40,8% de los votos.

Quedan lejanas las elecciones de 2011 en que los islamistas alcanzaron 326 escaños de un total de los 550 que componen la Gran Asamblea Turca, pero también han quedado un tanto atrás las presidenciales del 10 de agosto de 2014, ganadas por Erdogan en primera vuelta con un 51,8% de los sufragios. En estos últimos comicios la participación fue del 74% y, sin embargo, ahora ha sido de un inusitado 86,3%, lo que indica que bastantes electores quisieron ajustar cuentas con Erdogan y su partido.

Aunque el partido islamista haya ganado las elecciones, la pérdida de la mayoría absoluta lleva a plantearse si estamos ante el comienzo del fin de la era Erdogan.

 
Portavoz de los kurdos y de minorías

La Constitución de 1982, elaborada durante el último régimen militar turco, puso un listón del 10% de votos para acceder al parlamento, lo que perjudicaba a minorías como la kurda, predominante en el sureste del país y que lleva décadas luchando por su autonomía o independencia. Hasta no hace mucho tiempo el nacionalismo kurdo era asociado con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), una organización terrorista, cuyo dirigente, Abdulá Olcan, lleva años en prisión.

Pero esto ha cambiado desde la aparición de un nuevo líder kurdo, el abogado Selahattin Dermitas, que ha renunciado oficialmente a las aspiraciones Independentistas y que ha sabido canalizar el voto de la izquierda no kurda, algo que le ha permitido ingresar en el parlamento con 78 escaños y el 12,19% de los votos. Su formación, el Partido Democrático del Pueblo (HCP) se ha convertido no solo en el portavoz de los kurdos sino también del feminismo, el ecologismo y las minorías religiosas no musulmanas. Ha sabido así aprovechar en beneficio propio el descontento popular, en particular las protestas multitudinarias del parque Gezi en Estambul de junio de 2013.

El nombre del partido pro-kurdo expresa claramente que competía con el Partido Republicano del Pueblo (CHP), heredero del laicismo de Mustafá Kemal Atatürk, fundador de la república.

El CHP, con un perfil socialdemócrata, nunca consiguió resultados suficientes como para desplazar del poder a los islamistas, tal y como sucedía en la segunda mitad del siglo XX, cuando se alternaba en el poder con partidos conservadores, hoy desaparecidos de la escena política. Eran frecuentes sus críticas a Erdogan por su deriva autoritaria y su distanciamiento de un Estado laico, aunque no era capaz de presentar una alternativa creíble por sus divisiones internas. Sus resultados electorales de segundo partido más votado ascienden a 133 escaños, lo que supone un 25,20% de sufragios.

Por último, la tercera fuerza más votada ha sido el Partido de Acción Nacionalista (MHP) con 81 representantes, equivalente a un 16,3% de los votos.

 Si Erdogan convocó las elecciones a modo de referéndum sobre su intención de convertir a Turquía en república presidencialista, la decepción ha sido clara

 
Una campaña que deja cicatrices

¿Llevará la pérdida de la mayoría absoluta a un gobierno minoritario de los islamistas del AKP o bien éstos buscarán aliados para formar un nuevo ejecutivo? Se ha especulado con un gobierno minoritario, de transición para unas nuevas elecciones, aunque es una apuesta arriesgada porque los islamistas acusan un cierto desgaste que difícilmente les harán remontar resultados. La Constitución permite al presidente convocar otras elecciones, si no se ha formado gobierno en tres meses, una prerrogativa que no sería aconsejable ejercer en los actuales momentos.

Por lo demás, era muy difícil que se alcanzara el propósito de Erdogan de abrir el camino hacia una república presidencialista, desde el momento en que los pro-kurdos del HCP han conseguido entrar en el parlamento. No obstante, tiempo atrás se hablaba de que Erdogan haría concesiones a los kurdos para que le apoyaran en su proyecto de reforma constitucional. Pero Dermitas ya no representa solo a los kurdos sino también a otros sectores de la izquierda y de las minorías turcas que quieren poner fin al “sultanato” de Erdogan.

Además la campaña electoral se ha caracterizado por una violencia dialéctica entre los líderes de la que no se ha privado el presidente turco, pese a su obligada neutralidad, sin olvidar los atentados y agresiones contra miembros del HCP en las últimas semanas. Y tampoco ha gustado a los kurdos la supuesta pasividad del ejército turco contra sus compatriotas de Siria acosados por el Estado Islámico, lo que contrasta con el esmerado cultivo de las relaciones del gobierno de Ankara con el ejecutivo autónomo del Kurdistán iraquí, territorio donde se concentran, por cierto, sus principales recursos petrolíferos.

El partido pro-kurdo ha conseguido entrar por primera vez en el parlamento y ha sabido aprovechar en beneficio propio el descontento de otras minorías

Posible coalición

Dadas estas circunstancias, la coalición más previsible pudiera ser con los ultranacionalistas del MHP, que también tienen cierto componente islamista, pese a estar inmersos en esa retórica nacionalista, difundida desde la época de Atatürk, que pone el acento en los orígenes centroasiáticos del pueblo turco en tiempos preislámicos. Lógicamente el MHP es enemigo de toda concesión de autonomía a los kurdos, pues consideran que iría en detrimento de la integridad territorial de Turquía.

Sumando los 81 diputados ultranacionalistas al AKP se alcanzarían los escaños suficientes para la mayoría de 2/3 de la reforma constitucional, si bien el coste sería muy alto porque aumentaría la tensión política y social, con más episodios de previsible violencia. No sería una constitución de consenso y abriría un largo período de inestabilidad. En cualquier caso, cualquier coalición solo es un balón de oxígeno para el AKP y no favorece a los otros partidos que la integren en nuevas consultas electorales.

Pero más allá de posibles alianzas, la atención de los analistas se centrará en las luchas internas dentro del AKP. Para llegar a la presidencia, Erdogan cedió la jefatura del gobierno y del partido a Ahmet Davutoglu. Es sabido que el primer ministro no es hombre partidista sino un intelectual y profesor universitario, el teórico de la “profundización estratégica”, que suele conocerse como “neo-otomanismo”. Pero el nuevo enfoque de la política exterior, promovido por Davutoglu al frente de la diplomacia turca, no ha dado los resultados esperados con los países vecinos, hostiles o recelosos frente a Ankara, pese a que Erdogan hable de la “preciosa soledad” de Turquía.

Los fracasos diplomáticos y el no haber obtenido una mayoría absoluta complican el futuro de Davutoglu, aunque se mostrara aparentemente satisfecho por dirigir el partido más votado. Quizás sea la hora del retorno del anterior presidente turco, Abdulá Güll, fundador del AKP y desplazado por Erdogan. Si así fuera, no cabe duda de que Güll se presentaría como un revisionista de las políticas de los gobiernos del actual presidente y de su “inadecuado” sucesor que han hecho perder peso a un partido que en su momento obtuvo tres mayorías absolutas.

Todo indica que Erdogan ha quedado “atrapado” en su presidencia turca, que le otorga poderes representativos que le resultan insuficientes. Pero su soledad será mayor si pierde poder efectivo en las luchas que se avecinan por el control de su partido.

Este artículo está en Aceprensa.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú