La razón por la cual todos hablamos de las alianzas de los políticos en vez de la elección democrática de la ciudadanía es por el sistema electoral nacional que existe en la Argentina.
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Sábado, 10 de octubre 2026

La razón por la cual todos hablamos de las alianzas de los políticos en vez de la elección democrática de la ciudadanía es por el sistema electoral nacional que existe en la Argentina.
A pocas horas para que se definan las alianzas que competirán en las próximas elecciones del 9 de agosto y 25 de octubre, PASO y elecciones generales respectivamente, nos encontramos la pregunta que todos queremos saber, ¿habrá acuerdo entre Macri y Massa? ¿Existirá la gran interna opositora que “todos” reclaman? ¿Massa será candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires en la lista de Macri?
Yo me hago otra pregunta, ¿por qué se discute que personas con tantas diferencias, tanto personales como políticas, se unan? En el caso de que Massa se baje a gobernador, ¿está prohibido que la gente elija Macri Presidente y Massa Gobernador?
La razón por la cual todos hablamos de las alianzas de los políticos en vez de la elección democrática de la ciudadanía es por el sistema electoral nacional que existe en la Argentina. La famosa boleta “SABANA” que funciona de dos maneras distintas: 1) La boleta sábana horizontal donde en un mismo papel se encuentran todos los candidatos a distintas categorías de una misma fuerza y 2) la boleta sábana vertical o boleta completa que sucede en los cargos legislativos donde votamos a una persona y detrás de esta pueden ingresar hasta 20 legisladores más.
La estadística nos indica que muy pocas personas hacen “corte de boleta”, es decir votar a candidatos de distintas fuerzas para las distintas categorías que se presentan, esto implica un esfuerzo adicional ya que se tiene que armar una nueva boleta con los recortes de las boletas enteras ya preparadas. El esfuerzo adicional, el no contar tal vez con una tijera para hacerlo, la ausencia de educación sobre el tema que genera miedo de hacerlo mal y que se impugne el voto hace que un porcentaje menor al 3% efectúe esta acción y los que lo hacen por lo general lo aplican para una sola categoría, por lo general el candidato al intendente, la última parte de la boleta.
Esto explica la desesperación de algunos dirigentes políticos de estar en la misma boleta que el candidato a presidente con mayores chances. La pregunta es, ¿es esto democrático? ¿Es verdaderamente representativo? La respuesta es NO ya que se termina de elegir representantes de otras categorías simplemente porque están “pegados” a una boleta presidencial con buenos resultados.
Para los partidos políticos más grandes esto resulta una comodidad ya que su candidato presidencial logra arrastrar el resto de los candidatos que tal vez por si solos no podrían alcanzar un resultado victorioso y es por eso que están en contra de imponer el sistema utilizado en la mayoría de los países de instituciones fuertes y una democracia liberal consolidada: la boleta única.
La boleta única tiene muchos beneficios, por un lado evita el robo de boletas y por otro lado “obliga” al elector a pensar su voto para cada una de las categorías ya que es lo mismo marcar con una cruz el candidato de una fuerza u otra.
En el supuesto de que Massa se baje a competir por la provincia de Buenos Aires y existiese el sistema de boleta única, el que quisiera votar a Macri presidente y Massa gobernador no tendría ningún problema en hacerlo. No haría falta forzar ninguna falsa alianza electoral.

Por otro lado mencionamos el problema de la boleta sabana vertical o boleta completa. Pongamos como ejemplo las elecciones a diputados de la provincia de Buenos Aires, cada 2 años son electos un total de 35 diputados. En la pasada elección de 2013 ganó el actual precandidato a presidente por el Frente Renovador Sergio Massa con casi el 44% de los votos logrando 18 bancas de diputados. ¿Conocemos a todos estos diputados electos? ¿Conocemos sus nombres o sus ideas? ¿Representan a los ciudadanos de Buenos Aires o a los líderes de su partido que lo ubicaron en ese lugar de la lista? Es por eso que debemos replantearnos un sistema donde los distritos electorales sean más chicos y que todos aquellos que ocupen un cargo público sean conocidos por lo menos por los votantes de ese distrito, de otra manera no existe representatividad alguna.
Como si faltara algo tenemos aún más problemas: la enorme cantidad de elecciones que se realizan y el hecho de que el ganador de las mismas tal vez no cuente con el apoyo de la mitad más uno de la población.
En la ciudad de Buenos Aires en este 2015 el porteño podría llegar a votar hasta 6 veces: PASO, general, ballotage tanto de la ciudad como a nivel nacional. Ya podemos imaginarnos el gasto que esto implica tanto para el Estado como para las campañas de los partidos políticos.
Por otro lado, como ya mencionamos, el hecho de que la política resultó ser una competencia donde hay ganadores y perdedores entre los electores y, siguiendo la lógica del socialismo de siglo XXI de la región, los ganadores les pueden imponer a los perdedores lo que ellos deseen, casi como si fuese una victoria de guerra.
¿Cuál es la solución para estos dos problemas? El sistema VUT (Voto Único Transferible).
Este sistema permite al elector votar para cada categoría un listado de sus preferencias logrando así que quien resulte ganador tal vez no sea la mejor opción para algunos pero tampoco resulta ser la última. De esta manera, los candidatos buscarán más consensos que diferencias para lograr el apoyo de todo un electorado que si bien puede no elegirlo como primera opción si lo haga como segunda o tercera.
Empezando a analizar los problemas que tenemos en nuestras propias narices y aplicando soluciones que ya funcionan podríamos lograr en muy poco tiempo: 1) compromiso ciudadano a la hora de votar, 2) una verdadera representatividad de quienes se encuentran ocupando espacios de poder y 3) eliminar la dicotomía entre ganadores y perdedores entre los electores.
En resumen, podríamos lograr una sociedad basada en consensos en vez de diferencias, una democracia basada en el respeto donde el esfuerzo no se base en ganar una elección sino en progresar como país.
Este artículo está en Libertad y Progreso Online.
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