Oriente Próximo, Política

Extraños aliados en Oriente

¿Por qué Europa y Estados Unidos no obligan a países aliados como Arabia Saudí y Qatar a que intervengan como actores principales y se les obligue a denunciar el terrorismo del Estado Islámico y dejar de financiarlo directa o indirectamente? Cuánta hipocresía.

Lo más inquietante del terrorismo del Estado Islámico y de Boko Haram es la facilidad de expandirse y golpear criminalmente objetivos que pueden ir desde París, la península del Sinaí, Libia, Arabia Saudí y Turquía hasta Nigeria y, por supuesto, la Siria convulsa y azotada por la guerra.

Se sabe que el mayor número de víctimas se registran en estados musulmanes. También se ha averiguado que Boko Haram asesina a más personas que el Estado Islámico. En el 2014, el grupo que opera en Nigeria y otros países africanos causó la muerte de 6.644 personas y que el Estado Islámico liquidó a 6.073.

En el lenguaje político y mediático se habla de víctimas civiles, aunque me parece más idóneo calificarlas de víctimas inocentes. Hay una alianza formal entre Boko Haram y el Estado Islámico, conocido también como Daesh, que se formuló oficialmente en el año 2014 como una obediencia al califato en “tiempos de dificultades y de prosperidad”. Estos dos grupos aliados se separaron formalmente de Al Qaeda en el 2014 por razones de ­estrategia y también de objetivos.

La reacción a la matanza de París ha suscitado la continuación de los bombardeos sobre la zona controlada por el Estado Islámico en amplios territorios situados en el norte de Siria y de Iraq. En estos momentos bombardean esa zona Rusia, Estados Unidos, Francia, Israel y Gran Bretaña.

Esto es una barbaridad. Primero porque cada país lo hace por su cuenta sin que se haya alcanzado un mínimo de coordinación. Cuántas muertes inocentes caen cada día en esa zona. Aparentemente, la ciudad de Raqa es la más castigada por los bombardeos que caen de todas partes.

Estamos en guerra contra estas fuerzas oscuras que siembran la muerte y el odio por donde pasan con el objetivo de establecer un califato que nos transportaría a la edad media. La guerra es el fracaso de la diplomacia y del diálogo. Pero cuando se entra en un conflicto en el que el enemigo es difuso hasta el punto de que puede convivir entre nosotros, el bombardeo indiscriminado no es la mejor solución.

¿Por qué Europa y Estados Unidos no obligan a países aliados como Arabia Saudí y Qatar a que intervengan como actores principales y se les obligue a denunciar el terrorismo del Estado Islámico y dejar de financiarlo directa o indirectamente? Cuánta hipocresía. ¿Cómo se puede tener de aliado a un país como Arabia Saudí, que quiere ejecutar a un poeta porque ha renegado del islam?

Los bombardeos ordenados desde París, Moscú, Washington, Londres y Jerusalén pueden tener un coste material elevado. Pero no les comportan riesgos personales. Esta guerra no se va a ganar con más fuerza, sino con más inteligencia y con la participación de los supuestos aliados occidentales en la zona. Y con miles de soldados sobre el terreno. La guerra barata y cómoda no existe.

Publicado en La Vanguardia el 3 de diciembre de 2015.


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