Europa, Política

La crisis política española mirada desde Iberoamérica (II)

Si existe voluntad política de verdad para enfrentar la grave crisis política que vive España, no hay excusa para abordar negociaciones que permitan generar una poderosa señal hacia la opinión pública.


En un artículo anterior publicado en El Diario Exterior de España, comparamos algunos aspectos entre dos momentos en la política española: la crisis actual y la exitosa etapa de la transición democrática. Además, analizamos el papel de Mariano Rajoy y proyectamos un cambio radical en los estilos de liderazgos y de hacer política, requisitos para lograr recuperar la confianza de la gente en la democracia y sus instituciones para poder avanzar con paso seguro en la superación de los problemas.
 
Hay que recordarles a los actores de la vida pública española de todo el espectro político sobre este grave problema, una de las principales causas de la desconfianza y el alejamiento ciudadano de la política. Los medios cada cierto tiempo informan sobre este deleznable fenómeno, producido con la participación de políticos de un amplio espectro y de empresarios, en todo lo largo y ancho de la geografía española en las diferentes administraciones.

Por deber legal y convencimiento ético, el nuevo Gobierno tiene que actuar en forma contundente para detener el mencionado proceso que carcome las bases del Sistema y que los responsables respondan ante la justicia. No hay otra forma de recuperar la confianza de los ciudadanos. Las dudas y ambigüedades al respecto, implican el pago de un alto costo de apoyo político por parte de la población.
 
Desde otro ángulo, el ejemplo griego ha servido para mostrar las consecuencias e inconsecuencias de las promesas hechas por una izquierda que llega al Gobierno ofreciendo el oro y el moro y cuando le corresponde cumplir, explica que en la realidad actual es imposible implementar sus propuestas, siendo forzada por el contexto europeo a tener que adecuar sus políticas en el camino y al final, reconocer su incapacidad para aplicarlo y quedar en una especie de limbo.

Si la izquierda española insiste en cometer el típico error de este sector en todo el mundo -realizando una crítica destructiva de todo lo que se hace, sin ser capaces de ofrecer opciones de solución que puedan entrar en una zona de negociaciones- terminará de perder seriedad a la mirada impaciente de los sectores más vulnerables de la población, a los que dicen representar y necesitan urgentemente superar sus carencias.
Al contrario, la responsabilidad con que actuado Rajoy en sus años de gobernante debe ser destacada por el positivo efecto macro económico de las políticas sustentadas, sobre todo en materia de creación de empleos.
 
Asimismo, en la nueva etapa que se vive, son necesarias nuevas medidas, tanto paliativas como de fondo, para neutralizar los efectos de la crisis económica en los sectores excluidos de la población y en los de clase media baja.
 
Sin caer en extremos poco realistas, creo que en materia de ingresos públicos lo primero que se debiera lograr es un consenso para que la propia “clase política” española brinde un ejemplo contundente ahorrando sumas importantes de dinero público en la gestión del Estado en todos los niveles posibles sin afectar los programas sociales, los de educación y salud.
 
Por ejemplo, no llenar las plazas de funcionarios técnicos, administrativos, de servicios que se produzcan en las instituciones parlamentarias y en los diferentes niveles de las administraciones. Estimular las jubilaciones de funcionarios. Disminuir en un porcentaje significativo los ingresos de los altos cargos en las administraciones, en los Parlamentos y Ayuntamiento. Rebajar el número de asesores, o sus ingresos.
 
Además, es factible reducir los niveles de viáticos, gastos de representación y recursos de libre disposición, entre otros. Mantener el parque de vehículos públicos sin adquirir nuevas unidades, salvo en los servicios de primera necesidad, como en salud y seguridad; etc., por dos años.
 
También se podría aplicar una política de austeridad en materia de alimentación, bebidas; reuniones y recepciones oficiales, protocolarias y viajes en el País, así como al exterior. No utilizar pasajes en primera clase y los de la clase de negocios solo para vuelos largos.
 
¿Cómo es posible poder pedir a la gente apretarse el cinturón, si no se aprecia un sacrificio real de parte de los grupos dirigentes?
 
Además, hay otras opciones de ahorro razonables. Como por ejemplo, los aportes de fondos públicos permanentes y en campañas electorales a los partidos políticos.
 
Por último, se podría analizar posibilidades de dimensionar instituciones parlamentarias en todos los niveles, rebajando proporcionalmente el número de diputados y senadores, y también de los concejales y otros cargos en los ayuntamientos.
 
Estas propuestas de seguro serán descalificadas por utópicas, voluntaristas, atentatorias en contra de  la capacidad de trabajo de las Instituciones.
 
También muchos de quienes ocupan cargos en parlamentos, administraciones y ayuntamientos, mirarán con malos ojos las ideas descritas, pues les afectarían su presupuesto personal y el de su trabajo proselitista; pero estoy convencido de que si existe voluntad política de verdad para enfrentar la grave crisis política que vive España, no hay excusa para abordar negociaciones que permitan generar una poderosa señal hacia la opinión pública, por parte de los partidos interesados en demostrar en los hechos su vocación por trabajar en la superación de las dificultades.
 
¿Una Luz al final de un largo túnel?

 
Creo que sí, basada en la determinación  para actuar con estilos de liderazgos renovados para pensar en España, superando el clima de rencillas y crispaciones en que se ha vivido. Con voluntad política real, se daría un ejemplo aleccionador por parte de los políticos españoles mostrando el camino hacia el final del túnel abierto por todos los que deseen caminar juntos…

Guillermo Yunge Bustamante
Abogado

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