Política

El Laborismo pierde cada vez más apoyos

Los nuevos sondeos de opinión demuestran la caída del Partido Laborista

A dos años de las elecciones
Cuando estamos a poco más de un mes de que se cumpla el primer aniversario de Brown al frente del timón laborista y de la nave británica, salvo los meses del pasado verano, el resto se ha caracterizado por la multiplicación de problemas y la incapacidad del Premier para solventarlos.

Encuesta tras encuesta, elección municipal tras elección municipal y elección parcial tras elección parcial, dan como resultado que el Labour is the loser. Sin embargo, debemos ir más allá y pensar no sólo en cifras, sino en ideas y conceptos pues es ahí donde la otrora poderosa maquinaria laborista está fracasando estrepitosamente.

Tampoco es bueno llevar a cabo comparaciones con otras etapas históricas, pues no nos van a dar una radiografía exacta de las razones del descrédito. En efecto, hacer referencia a los (difíciles) años 80 no sólo no ilustra la situación actual, sino que la distorsiona enormemente, ¿por qué?. La explicación es sencilla. Durante la citada década, se apreció un dominio político e ideológico del Tacherismo ante el cual al Labour no le quedó más remedio que sucumbir…entendiendo por sucumbir una asunción de los postulados de la entonces Primera Ministra Margaret Thatcher, en especial los relativos a la importancia de la seguridad, de la ley y el orden o del mercado libre como fuente de prosperidad.

Cuando el Labour aceptó este vocabulario, se convirtió en un gigante capaz de ganar tres elecciones consecutivas, utilizando el slogan de Tercera Vía para autodefinirse y con el que desertaban de toda aquella medida política que implicara centralización o socialismo como meta última.

Pero, ¿y ahora?, ¿qué defiende el Laborismo en la etapa post- Blair? Complicado dar respuesta a esta pregunta. En efecto, no podemos decir que los postulados actuales tengan mucho que ver con la Tercera Vía…pero tampoco que sean diametralmente contrarios a aquélla. Lo que sí encontramos es un vacío de poder, una ausencia de figuras capaces de simbolizar con su sola presencia el corpus teórico y político que defiende el Partido, como en su día sí que lo hicieron Alistair Campbell, Peter Mandelson o el mismo Tony Blair, cuya figura y magnitud política comienza a ser añorada hoy en día por las bases laboristas.

Esa talla política del ex Primer Ministro no la está demostrando Brown y no sólo por la concatenación de huelgas o derrotas de sus proyectos, sino también por su incapacidad de “vender” sus triunfos ante la opinión pública. Un buen ejemplo de esta tesis fue su visita a Estados Unidos, donde fue recibido por el Presidente Bush, por los dos candidatos demócratas (Obama y Clinton) y por el republicano McCain. Sin embargo, este logro al alcance de pocos líderes políticos actuales, pasó desapercibido para los británicos…y cuando no, fue utilizado en su contra, como un ejemplo de la excesiva dependencia británica con respecto a la Administración norteamericana.

En definitiva, el devenir de los acontecimientos no debemos interpretarlo en términos de victoria o derrota electoral, debemos dar un paso más y tratar de ver qué mensaje se está impulsando desde el Labour Party. Además, hay que tener siempre presente un hecho: aunque parece haber un ultimátum sobre la gestión de Brown, acerca de quién seria su sustituto poco se habla, lo que demuestra en última instancia, que este partido carece actualmente de ideas frescas susceptibles de acercarlo al electorado.

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