Economía y Sociedad, Política

El CAFTA significa más burocracia y menos libre comercio

“Me opongo al CAFTA por una razón muy simple: es inconstitucional. La Constitución concede claramente al Congreso en exclusiva la autoridad para regular el comercio internacional. El texto del Artículo I, Sección 8, Cláusula 3 es indiscutible. Ni el Congreso ni el Presidente pueden abandonar su autoridad mediante tratado, no más de lo que pueden repeler la Primera Enmienda mediante tratado. Este punto fundamental”.

Libre Comercio

 



El Acuerdo de Libre Comercio en América Central, conocido como CAFTA, será fuente de intenso debate político en Washington este verano. La Cámara de Representantes votará en junio la ratificación del CAFTA, mientras que el Senado probablemente votará en julio.


 


Me opongo al CAFTA por una razón muy simple: es inconstitucional. La Constitución concede claramente al Congreso en exclusiva la autoridad para regular el comercio internacional. El texto del Artículo I, Sección 8, Cláusula 3 es indiscutible. Ni el Congreso ni el Presidente pueden abandonar su autoridad mediante tratado, no más de lo que pueden repeler la Primera Enmienda mediante tratado. Este punto fundamental, basado en el simple significado de la Constitución, no puede pasarse por alto. Cada miembro del Congreso que vota a favor del CAFTA está votando en favor de abdicar en un organismo internacional, en clara violación de la Constitución.


 


No necesitamos acuerdos gubernamentales para tener libre comercio. Sólo necesitamos reducir o eliminar los impuestos sobre el pueblo norteamericano, sin importar si otras naciones lo hacen o no. Recuérdese que los aranceles son simples impuestos sobre los consumidores. Los americanos siempre han comprado productos al extranjero; la única cuestión es cuánto nos grava el gobierno por hacerlo.


 


Como explicaba el economista Henry Hazlitt, los aranceles protegen simplemente los intereses especiales favorecidos políticamente a expensas de los consumidores, al tiempo que reducen los ingresos a lo largo de la economía en conjunto. Hazlitt, Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Murray Rothbard, y otros incontables economistas han tumbado todas las falacias concernientes a los aranceles, demostrando de modo concluyente que la eliminación unilateral arancelaria beneficia al pueblo norteamericano.


 


No necesitamos al CAFTA o a cualquier otro acuerdo internacional para hacernos con los beneficios económicos prometidos por los partidarios del CAFTA, sólo necesitamos cambiar nuestras políticas económicas y fiscales perjudiciales. Dejemos que el resto del mundo perjudique a sus ciudadanos con aranceles; con que sólo reduzcamos los aranceles y los impuestos en casa, atraeremos el capital y veremos florecer nuestra economía.


 


Creer que el CAFTA o cualquier otro acuerdo comercial no disminuyen la soberanía norteamericana es absurdo. Cuando concedemos el poder de tomar decisiones acerca de las reglas comerciales norteamericanas a organismos internacionales cuasi-gubernamentales, perdemos soberanía simple y llanamente. Puedo garantizarle de primera mano que el Congreso ha cambiado las leyes fiscales norteamericanas por el único motivo de que la Organización Mundial de Comercio decidió que nuestras normas impactaban injustamente en la Unión Europea. Centenares de propuestas de ley fiscal languidecen en el Comité de Propuestas de la Cámara, mientras que la única propuesta redactada estrictamente para satisfacer a la WTO fue sometida a la cámara y aprobada con gran urgencia el año pasado.


 


La ley fiscal es sólo la punta del iceberg. El régimen cuasi-judicial creado bajo el CAFTA tendrá el mismo poder para coaccionar a nuestra cobarde legislatura para que cambien las leyes americanas en el futuro. Las leyes laborales y medioambientales están asociadas inherentemente con las leyes comerciales, y podemos estar seguros de que el CAFTA proporcionará otro acceso más a los globalistas para imponer el Protocolo de Kyoto y acuerdos similares al pueblo norteamericano.


 


El CAFTA también impone el manifiesto de la Organización Internacional del Trabajo, que podría haber sido escrito por Karl Marx, a los negocios americanos. Animo a cada conservador y libertario que apoye el CAFTA a leer la declaración de la ILO y considerar si aún creen que el tratado hará más libre a América.


 


¡CAFTA significa más gobierno! Igual que la ONU, el NAFTA o la WTO, representa otra piedra en el cimiento de un sistema gubernamental global. La mayoría de los americanos entienden ya que están gobernados por fuerzas en gran medida inauditables en Washington, pero ahora afrontan tener leyes nacionales influenciadas por burócratas de Bruselas, Zúrich, o México.


 


El CAFTA y otros acuerdos comerciales internacionales no representan comercio libre. El libre comercio tiene lugar en ausencia de interferencia gubernamental sobre el flujo de bienes, mientras que el CAFTA representa más gobierno en forma de un organismo internacional. Es incompatible con nuestra Constitución y soberanía nacional, y no lo necesitamos para disfrutar de los beneficios de libre comercio.



Ron Paul es Congresista Republicano por Texas 



Fuente: Lew Rockwell.com

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