Director: XAVIER DURRINGER
Guion: Xavier Durringer y Patrick Rotman.
Intérpretes: Denis Podalydès, Florence Pernel, Bernard Le Coq.
105 min.
Jóvenes.
Parece que se han puesto de moda las biografías cinematográficas centradas en grandes personajes de la política. En los últimos años han desfilado por nuestras pantallas Margaret Thatcher (La Dama de Hierro), Isabel II de Inglaterra y Tony Blair (The Queen), Richard Nixon (Frost contra Nixon), Jorge VI (El discurso del rey), Giulio Andreotti (Il Divo)… Pero lo raro es retratar a un hombre de Estado que sigue siendo presidente en el momento del rodaje y del estreno del film, y hacerlo no sobre su remoto pasado, sino sobre los antecedentes inmediatos de su triunfo. Este es el caso de La conquête, titulada en España De Nicolas a Sarkozy.
El director parisino Xavier Durringer nos ofrece este curioso biopic sobre Nicolas Sarkozy, desde su ascenso en 2002 a ministro del Interior del gobierno de Jean-Pierre Raffarin hasta su llegada a la presidencia de la República de Francia en 2007. La película tiene dos vertientes inseparables, la política –pública–, y la personal –privada–. Por un lado, se centra en su lucha por llegar al poder, muy condicionada por sus declaradas rivalidades con el presidente Jacques Chirac y con el primer ministro Dominique de Villepin.
Por otro lado, el largometraje recrea con bastante pudor y cierta elegancia la crisis y posterior hundimiento de su matrimonio con Cecilia Ciganer. En este sentido tiene la delicadeza de no tocar y ni siquiera sugerir su posterior relación con la modelo y cantante Carla Bruni-Tedeschi. Ambas vertientes son inseparables no solo por la unidad existencial que caracteriza a todo ser humano, sino también porque Cecilia era su mano derecha en el gabinete político que le asesoraba en su carrera hacia el Elíseo.
El reparto lo encabeza el creíble actor de origen griego Denis Podalydès en el papel de Sarkozy, al que secundan un grupo de solventes actores brillantemente caracterizados. El tono de la película es serio, pero con algunos matices más caricaturescos o cómicos al estilo de Nani Moretti. Sin embargo, el guión de Durringer y de Patrick Rotman es lo suficientemente inteligente para mostrar las complejidades del personaje sin cargar las tintas en nada. Por una parte, nos retrata a un hombre de ideales, coherente, de ímpetu reformador, pero a la vez descaradamente ambicioso. Por otra, se subraya el terrible dolor por el alejamiento de su esposa y sus esfuerzos por recuperarla.
La película tiene un cierto aire de TV movie, pero –a pesar de algún altibajo– mantiene el interés y permite a sus personajes un cierto desarrollo dramático. Durringer no busca tanto un juicio político sobre el personaje cuanto abocetar sus luces y sombras como ser humano. En ese sentido, el espectador experimenta tanto la fascinación por un personaje lleno de carisma, como el recelo ante un ego algo pagado de sí mismo. El resultado es una cinta interesante, que inevitablemente nos lleva a preguntarnos por la talla humana, moral y política de nuestros dirigentes.