Europa, Pensamiento y Cultura

Imperios. Auge y declive de Europa en el mundo 1492-2012

Este libro es un extenso ensayo de historia europea contemplada desde los ámbitos de la expansión de los imperios coloniales y de los movimientos migratorios que llevaron al resto del mundo su legado cultural. Estamos ante una notable labor de síntesis histórica, con toda suerte de detalles, incluidas abundantes referencias literarias, que pretenden que el lector lea sus páginas con la avidez de quien se sumerge en un libro de aventuras.


Autor: JULIO CRESPO MACLENNAN
Galaxia Gutenberg.
Barcelona (2012).
518 págs.
23 €.

Una obra de estas características suele presentarse en forma de historias nacionales, si bien Crespo le da un enfoque europeo.

No estamos ante el consabido relato histórico desmitificador y que se avergüenza del pasado, pues el autor es un enamorado de la cultura europea, por no decir occidental, ya que los americanos ocupan también un destacado lugar en el libro. Pero lo mucho que pueda tener de épica y aventurera la obra, se ve compensada por no ocultar las sombras que acompañaron a la expansión europea.

Es de especial interés la segunda parte del libro, dedicada al declive de Europa. Este tiene sus preludios en la época anterior a la Primera Guerra Mundial, se acentúa en el periodo de entreguerras y adquiere sus peores rasgos en una nueva conflagración que supera a todas las precedentes. En la inmediata posguerra, Europa intenta recrearse a sí misma gracias a un proceso de integración que aleja la guerra entre los países del Viejo Continente. Pero la Europa postimperial no habría sido posible sin una opinión pública traumatizada por las atrocidades bélicas y a la que solo le interesará “cultivar su jardín”, en la conocida expresión volteriana, gracias a un Estado del Bienestar que se creía inagotable. De hecho, sus políticos y sus ciudadanos se emplearon a fondo en hacer realidad la sugerencia de Churchill en Zurich, en 1946, de que Europa debía asemejarse a una Suiza libre y feliz. Crespo señala acertadamente que esa aspiración se contradice con la retórica oficial de que Europa debe ser una potencia en el mundo del siglo XXI.

Pese a todo, el europeísmo del autor le hace considerar que el declive no supone el final de una influencia universal. Señala que el viejo imperialismo debe ser sustituido por otro benévolo y de cooperación. Considera que si otras sociedades adoptan los valores europeos, el legado de Europa será preservado. No obstante, podríamos añadir que el camino es errado si todo se limita al reduccionismo engañoso de fundamentar la paz en el comercio y si los valores transmitidos no son auténticamente universales, aunque lleven la etiqueta de europeos.

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