Europa, Política

Alá ajbar: el extraño grito de los “jóvenes” “en paro” “de Estocolmo”

Entre cuatro y cinco “jóvenes” dieron una paliza a un policía sobre un puente, antes de que lograra escapar. Al salir corriendo, pudo escuchar a una joven riéndose y gritando “¡Alá ajbar!”

Husby es un barrio al oeste de Estocolmo que en el año 2007 tenía algo más de 11.000 habitantes, el 81,9% de los cuales eran inmigrantes o hijos de inmigrantes. El otro dato interesante de la breve entrada de Husby en Wikipedia es que el área alberga “muchos monolitos — restos de los vikingos que solían vivir ahí”.

Por desgracia, la zona no tiene muchos signos de herencia vikinga más.

La historia comienza el 14 de mayo, cuando la policía de Estocolmo se ve obligada a abrir fuego contra un caballero que blandía un machete. Falleció. Inmediatamente la policía fue acusada de violencia policial. Un “colectivo” llamado Megafonen instó a los vecinos a manifestarse “por la justicia social y contra la violencia de la policía de Estocolmo”.

La noche del pasado domingo, a consecuencia al parecer de esta convocatoria, Husby registraba la clase de “violencia juvenil” a gran escala que durante años ha castigado los suburbios de Francia, entre otros lugares. Un centro escolar, un garaje y casi un centenar de vehículos eran pasto de las llamas. Y un grupo de jóvenes atacaba a un agente.

La noche del lunes, en recordatorio adicional del precedente francés, la situación se agravó. Se impuso el caos. Diferentes crónicas aportan detalles distintos, difusos en su mayor parte. Hubo explosiones. A las nueve y media de la noche del lunes, corría la noticia de que los agentes de la policía de Estocolmo “corrían por la calle para salvar su vida de los grupos de jóvenes”. Alrededor de una veintena de “jóvenes” lanzaba piedras contra la policía y los bomberos.  Un periodista del rotativo Expressen se salvó por los pelos de ser golpeado con una tubería de metal. Una de las crónicas menciona que los “jóvenes” se pusieron a robar las mangueras antiincendios. Cuando los “jóvenes” prendieron fuego a un párking, la policía tuvo que evacuar a 50 personas del edificio de apartamentos aledaño. Entre cuatro y cinco “jóvenes” dieron una paliza a un policía sobre un puente, antes de que lograra escapar. Al salir corriendo, pudo escuchar a una joven riéndose y gritando “¡Alá ajbar!”

En Husby son al menos tres los coches de la policía que han quedado para el desguace. Mientras tanto, empiezan a llegar noticias de vehículos incendiados en otras zonas del oeste de Estocolmo. “La situación está escalando de forma constante”, decía un portavoz de la policía el lunes. A última hora de esa noche, The Local publicaba que en Husby ardían más de un centenar de vehículos, que un centro comercial era saqueado y que tres agentes de seguridad resultaban heridos.

Aunque Megafonen había invitado a manifestarse contra la violencia de la policía, “justifica” los disturbios en una circular de prensa como manifestación de la frustración por el elevado paro juvenil en Estocolmo. “Hay una importante sensación de indefensión y desesperación entre los jóvenes de aquí”, reza el comunicado de la organización, que añade que es importante “comprender las causas raíz de los disturbios” a la hora de “descubrir lo que podemos hacer para mejorar las cosas”. En lo que parece una contradicción, el portavoz de Megafonen, un tal Rami Al-Kamisi, llama a los disturbios “la reacción a la brutalidad policial contra la ciudadanía y nuestros vecinos”, y afirma: “Nosotros entendemos que la gente actúe así”.

En Noruega, Ragnhild Bjørnebekk, que trabaja en la Academia de Policía de Oslo como “experto en violencia callejera” — uno de los pocos campos con demanda en la por lo demás estancada economía nacional — afirma que los disturbios de Husby son solamente el episodio más reciente de “diversas alteraciones juveniles” registradas en Europa a consecuencia de “las sospechas de violencia policial”. (Ya sabe lo propensos que son a apretar el gatillo esos policías escandinavos). Mencionando los disturbios que en los últimos años han tenido lugar en Grecia, Gothenberg, Malmö, Copenhague y diversos municipios franceses, Bjørnebekk lo atribuye todo a la indignación por la conducta de la policía. (Alá ajbar, claro está, significa “Abajo la brutalidad policial” en árabe). Aun así, Bjørnebekk considera importante mencionar que esta clase de disturbios son un fenómeno relativamente novedoso en el norte de Europa. “Incendiar vehículos y contenedores de basura en disturbios callejeros es algo característico de países como Francia o Grecia, pero en los países nórdicos es inusual”, dice Bjørnebekk. (Como si la diferencia entre las culturas europeas escandinava y mediterránea tuviera algo que ver remotamente con esto).

Claro, Bjørnebekk tiene razón al señalar que la quema nocturna de vehículos a gran escala y cosas así no forman parte del paisaje cultural de los países nórdicos, tanto como de las afueras de París, Marsella y los demás sitios. Sí, hay apuñalamientos, violaciones, ataques a homosexuales, ataques a judíos, actos de vandalismo y otras actividades de bandas; los no musulmanes residentes en determinados barrios de Estocolmo, Malmö, Copenhague y (con cada vez mayor frecuencia) Oslo se ven sistemáticamente atormentados en las escuelas y en la calle por unos “jóvenes” que parecen volverse más audaces y agresivos cada año. Y sí, en Escandinavia se han registrado disturbios “juveniles”: un par de noches de enero de 2009, un grupo violento de “jóvenes” desembarcó en el centro de Oslo y se dedicó a hacer pedazos los escaparates de la zona a lo largo de varias manzanas, paralizando en la práctica el corazón mismo de la ciudad. Los disturbios, que supuestamente eran la respuesta a las acciones israelíes en Gaza (y que al parecer se han olvidado casi por completo) obligaron a la policía a utilizar al límite sus recursos. Pero no, supongo que es justo decir como dice Bjørnebekk que la quema cotidiana de vehículos no viene siendo un elemento relevante de la cultura nórdica.

Como es normal en estos casos, por supuesto, los medios convencionales suecos hablaban la noche del lunes de forma casi unánime de “jóvenes” (o algún otro término igualmente inocuo) al describir a los autores materiales de los actos de violencia, evitando escrupulosamente cualquier otra palabra. Aunque entre líneas se ve bastante claro lo que está pasando, nada lo indicaba abiertamente hasta que el Dagbladet – en su edición noruega, no en la sueca — se atrevía a mencionar a la joven que gritaba  “¡Alá ajbar!” Para la mañana del martes, los medios suecos parecían hacer esfuerzos por insinuar que en realidad no estaba pasando nada, y poner el acento en que, en cualquier caso, las cosas ya estaban tranquilas, si bien proporcionaban una cobertura razonablemente amplia. Dedicándome a realizar una búsqueda en internet bastante exhaustiva entre los principales medios suecos, no pude encontrar una sola crónica de los disturbios que incluyera las palabras “islam” o “musulmanes”, o cualquier otra mención de la joven que gritaba “¡Alá ajbar!”

El acento se ponía, digamos, en otras cuestiones. Un artículo del Expressen, por ejemplo, ponía el acento en el dato de que el agente de la policía se había atrevido realmente – ¡glub! — a desenfundar su arma de fuego durante el altercado con el machete. (En realidad el periódico tiene un vídeo de este horrible acto). El policía enfunda el arma cuando es informado de que “el manifestante” que lo esgrimía tenía solamente 13 años. (La policía informó más tarde de que varios de los participantes en la “fiesta nocturna” tenían apenas 12 años). La mañana del martes, el colectivo Megafon celebraba una “concurrida” rueda de prensa con la intención evidente de convertir a los delincuentes en víctimas y a la policía en los malos. La organización acusa a las fuerzas del orden de “uso de fuerza desproporcionada” contra los manifestantes; uno de los portavoces añade la acusación de que los agentes, durante los altercados, habían utilizado un lenguaje ofensivo para referirse a los miembros del colectivo inmigrante. Otro portavoz pregunta: “¿A quién hay que llamar cuando es la policía la que ataca? Yo no tengo ni idea”. La explicación que dice que todo es culpa de la extralimitación de la policía ha calado rápidamente, haciéndose eco el noruego Aftenposten del lamento de los “jóvenes de Estocolmo” de que la policía nunca es castigada por el abuso de su fuerza, mientras “los jóvenes” siempre tienen la culpa.

Mientras tanto, un agente de policía que lleva muchos años trabajando al oeste de Estocolmo (y que al parecer prefiere el anonimato) declara al Aftonbladet que los disturbios, aunque tremendos, vienen a ser “un día cualquiera de trabajo”. Añade: “La población en general no tiene idea de lo grave que es, pero durante el último año se han registrado tantos incidentes que estoy seguro que acabaremos viendo policías muertos”.

Las crónicas más recientes a fecha de este escrito confirman que sencillamente, es sólo el principio. Las primeras horas de la mañana del miércoles han visto una nueva ronda de crónicas de la prensa escandinava anunciando que Estocolmo pasa la tercera noche consecutiva sitiada por disturbios callejeros. Entre un montón de cosas más, se han lanzado piedras contra las comisarías de policía y ha ardido otra escuela. Los disturbios, además, se están contagiando a otros barrios de la ciudad que antes no se habían visto afectados.

Siéntese. En los próximos días veremos desde luego novedades en este frente.


Bruce Bawer enseña periodismo en Shillman y es columnista del Weekly Standard
 

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