La corrupción, el engaño y las trampas se esconden mejor en las dictaduras que en las democracias. Pero ya no es así. Todo lo que se mueve en la nube de internet puede ser detectado y descubierto.
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Jueves, 24 de septiembre 2026

La corrupción, el engaño y las trampas se esconden mejor en las dictaduras que en las democracias. Pero ya no es así. Todo lo que se mueve en la nube de internet puede ser detectado y descubierto.
La transparencia se cuela en los pasadizos del poder a pesar de las vallas de la opacidad que todo gobierno coloca en las murallas periféricas para proteger sus secretos. Ahora nos enteramos de que miles de chinos de las élites políticas y empresariales esconden grandes fortunas en paraísos fiscales.
Siempre me sorprendió que un régimen comunista pudiera aplicar una economía de mercado capitalista sin que se produjeran contradicciones de fondo. A Deng Xiaoping se le atribuye la frase repetida por Felipe González de que no importa que un gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace ratones. También es supuestamente suya la sentencia de que “enriquecerse es glorioso”.
Las autoridades chinas han bloqueado las webs de los diarios occidentales, de The Guardian a El País pasando por Le Monde, que han publicado las miserias y corruptelas mayores de las élites políticas y económicas del régimen. Da igual. China es el país con más internautas del mundo y no hay autoridad en la tierra que pueda detener la formidable revolución de la comunicación que no conoce fronteras.
En tiempos de Brézhnev se contaba un chiste en Moscú referido a la conversación del primer secretario del PCUS con su madre para convencerla de que era el líder soviético. Para superar su escepticismo se la llevó de gira por la zona de Zavidovo donde Brézhnev poseía una flota de grandes coches, yates, un teatro y una inmensa piscina con agua caliente. Quedó convencida y le comentó que aquello era maravilloso, pero le dijo: “¿Qué vas a hacer, hijo mío, cuando los comunistas se hagan con el poder?”.
La corrupción, el engaño y las trampas se esconden mejor en las dictaduras que en las democracias. Pero ya no es así. Todo lo que se mueve en la nube de internet puede ser detectado y descubierto. Los ordenadores y los teléfonos llevan nuestra intimidad, nuestras relaciones, lo que nos interesa y lo que más nos apetece. También contienen las entrañas secretas de los gobiernos, ya sean democráticos o dictatoriales. Los paraísos fiscales tendrán que recurrir a viejas tradiciones manuales si quieren proteger los secretos de sus clientes.
Obama no puede ocultar que Estados Unidos ha espiado a todo el mundo, a los suyos y a los extranjeros, ciudadanos ordinarios o jefes de Estado. Es lo que ha revelado Edward Snowden, escondido en alguna parte de Rusia, que ha tenido la osadía de ofrecer a la opinión pública mundial miles de documentos sobre la seguridad y la política de Washington.
Las consecuencias de la globalización de las nuevas tecnologías tendrán los efectos de una revolución social y política sin precedentes. Sabremos más de todo pero no viviremos más seguros ni más libres. La intimidad será un privilegio de pastores y solitarios. Es la parte fea de todo esto.
Publicado en La Vanguardia el 23 de enero de 2014
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