A veces, se pueden encontrar en las salas de los cines un ámbito para la reflexión y también para el ocio. El último festival de Cine de Málaga contó con varios filmes de temática social que retratan y denuncian dramas sociales existentes en la sociedad actual en la que vivimos.
Hay realidades que son duras. Hay realidades que se conocen pero que nadie las menciona en los telediarios, en la prensa o en un café entre amigos. La sociedad actual vive inmersa en sus preocupaciones diarias, sin necesidad de mirar más allá. Pero a veces, se pueden encontrar en las salas de los cines un ámbito para la reflexión además de serlo para el ocio. Películas que denuncian dramas sociales, inmigración, pobreza extrema…y es el cine el que arroja un poco de luz a toda esta marginada realidad . Como afirma Javier Cantón, sociólogo y autor de La exclusión social en el cine: hacer visible lo invisible: “El cine ilumina zonas sociales hasta entonces oscuras, es decir, hace visibles a los ojos del espectador y describe realidades que son cotidianamente invisibles, descubriendo espacios sociales desconocidos, lo que transformará su percepción del mundo, su conciencia, sus estereotipos y prejuicios, incluso sus valores morales”
En la pasada 17ª edición del Festival de Málaga se proyectaron tres películas de temática social, que lejos de pretender convertirse en taquillazos a lo ‘8 apellidos vascos’, buscan transmitir un mensaje que va mucho más allá que las infinitas colas en las puertas de los cines para pasar un buen rato, porque quizás estas películas no sea tan agradables pero se convierten en imprescindibles como catalizadoras del mensaje social.
‘De cometas y fronteras’
Una de las tres cintas, “De cometas y fronteras” relata la vida en la frontera, la supervivencia diaria de unos niños que apenas han nacido y tienen que luchar por subsistir en un territorio
hostil como es Tijuana, más conocido por los terribles crímenes a mujeres en Ciudad Juarez, la violencia de los narcos y la caza sin tregua a los informadores… Por todo esto Yolanda Pividal, periodista y debutante en el mundo del largometraje, narra las historias de cuatro niños mexicanos en su carrera por vivir. La cinta rodada íntegra en el estado de Tijuana, ha sido galardonada en varios festivales internacionales, y ha recibido elogios de la crítica. Sus protagonistas son Edie cuyo trabajo consiste en colar ilegales en EEUU; Carmela es carne de vertedero, y el metal su única forma de subsistencia cuya única evasión son las cometas que se vuelan en su barrio y por último a través de la historia de Adrián y Fernando, se denuncia también una de las grandes tradiciones de la cultura, las lucha libre mexicana, ya que estos sueñan con convertirse algún día en estrellas de este deporte.
El cine siempre se ha ocupado de difundir historias marginales, como medio de comunicación y expresión ha promovido interpretaciones y lecturas diferentes para cada individuo o colectivo. Ha perseguido historias impactantes, que se escapan de la cotidianeidad para reclamar la atención de audiencias adormecidas en su rutina real en las que no pasa nada.
La búsqueda de historias dramáticas en países subdesarrollados, fronteras, y marginalidad absoluta como reclamo de impacto a un público desarrollado, se convierte en otro de los factores a destacar. Como recoge Cantón en su análisis; “Al cine, por tanto, le interesa la búsqueda de la originalidad dentro del extrañamiento de lo habitual y cotidiano. Y esa cotidianeidad que para una parte es invisible es normal para otras tantas mayorías. Por ejemplo, para un habitante de las favelas de Río de Janeiro quizás resulte muy cotidiano lo que ocurre en la película Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002), pero para el resto del mundo resulta escalofriante convivir durante 130 minutos con una realidad tan violenta, interiorizada por los individuos e integrada en la sociedad, como la que se describe en el film”.
Otra de las películas a destacar es “Un sitio dónde quedarse” de Ana Pérez de la Fuente y Marta Arribas. Licenciadas en Periodismo y Ciencias Audiovisuales respectivamente, han venido desarrollando su carrera profesional en documentales y programas de carácter social para diversas televisiones públicas. El hilo argumental del film tiene a dos jóvenes como protagonistas, en este caso, jóvenes sin recursos, con muchos problemas a los que les tocó vivir una vida alejada de la normalidad, condenados a ser carne de extraradio para siempre, pero es aquí donde aparecen tres figuras fundamentales en la obra, la de los educadores sociales.

Cabe subrayar la importancia que tienen estos profesionales en la vida de muchos jóvenes, un trabajo que a menudo no esta ni reconocido ni bien pagado, puramente vocacional y cuyo coste emocional a veces es bastante alto. Por lo tanto, la película ha sabido reflejar como se merece el trabajo de una profesión que “devuelve a la vida” a muchos de estos jóvenes.
En definitiva, a lo largo de la historia del cine, se ha podido constatar la intención de hacer públicas ciertas realidades sociales que de otra forma hubieran permanecido ajenas al espectador y al mundo. El séptimo arte ha ejercido un papel de concienciador y canalizador de las desigualdades sociales, reafirmándose como medio de comunicación, el único problema al que se enfrenta este tipo de historias es la falta de recursos, publicidad y proyeciones en grandes salas lo que dificulta en gran medida su difusión. ¿Será verdad que somos un país de pandereta? Juzgen ustedes mismos.
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