Esta creencia confusa y ruinosa nos ha guiado desde hace décadas. Después de la crisis de 2001, por oposición al supuesto neoliberalismo de los 90, que en realidad fue un populismo más, se ha desarrollado otra vez una idolatría rígida: el «neodirigismo». Este «neodirigismo» se ha instalado con el consenso de toda la clase dirigente, basado en las ganancias que le produce el dólar sobrevaluado.
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