Era un nacionalista iraquí cuando se trataba de preservar su predio y un panarabista cuando miraba hacia el futuro. Sus ambiciones carecían de límites y amenazaban en 360 grados. Cuando no estaba a la defensiva, agredía. Quería unificar el mundo árabe bajo su égida. Suena infantil y casi lo instintivo es desecharlo como pintoresquismo retórico.
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