En la Argentina, los presidentes Kirchner han elegido un método más sutil y en el fondo insincero, que tiene a su favor, en cambio, la posibilidad de que en 2011 den marcha atrás si las encuestas de opinión empiezan a desfavorecerlos, echando mano de la excusa que nadie creerá pero a muchos aliviará de que nunca fue su intención convertirse en déspotas.
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