Es evidente que fuerzas políticas, algunas de ellas presentes en diferentes gobiernos, tienen una inclinación al control absoluto del poder. El hecho de que las condiciones del mundo moderno no lo hagan posible, o lo dificulten en extremo, no significa que su Utopía, su proyecto ideal de establecer una sociedad de valores absolutos haya declinado. Trabajan para cambiar al mundo, lo hacen con denuedo, mucha voluntad, y lamentablemente a veces tienen éxito.
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