Aunque estas películas dejan entrever una cierta envidia y resentimiento hacia la riqueza corporativa, esa riqueza corporativa proviene de cantidades de dinero individuales mucho más modestas procedentes de cerca de la mitad de la población de los Estados Unidos, que posee acciones y bonos — ya sea directamente o por el dinero pagado en fondos de pensiones u otros intermediarios financieros utilizados para comprar acciones y bonos.
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