// CARTAS AL DIRECTOR

La España del campo y Garzón

La despoblación progresiva de las zonas rurales, lo que se ha dado en llamar “la España vaciada”, ha adquirido un insospechado protagonismo político. Se están poniendo en marcha diversas plataformas electorales en las zonas más despobladas, siguiendo iniciativas como “Teruel existe”, y los principales partidos han comprendido la importancia de tener en cuenta a unos votantes que han podido sentirse ignorados, y que ahora pueden verse atraídos por propuestas locales de diversa índole. La España del campo, que vive de la ganadería y la agricultura, aspira legítimamente a tener voz e interlocución allí donde se cocina el futuro de nuestro país. La actitud que está mostrando el Ministro de Consumo no ayuda al desarrollo de las zonas rurales, tal vez el motivo de sus críticas sea el mantener en subdesarrollo a las zonas rurales que no suelen estar entre sus votantes.

Domingo Martínez Madrid

¿Temor a su declive?

Las lenguas avanzan con el uso, no se puede predecir si acabarán como el latín, que fue universal y ahora está acorralado, o como el inglés, o el chino, en este momento en el que suponemos un ‘sorpasso’ del país asiático a los Estados Unidos, hasta ahora país hegemónico en presunto declive. El lenguaje se ha inventado para entenderse y una defensa a ultranza de una lengua indica más un temor a su declive, por la cosa de que la gente se está entendiendo mejor con los demás, con otra lengua que con la tuya. Al niño de Canet ¿Recuerdan? le ha tocado representar un papel excesivo para sus cinco años; un cambio de paradigma hacia el futuro que se veía venir: es mejor el bilingüismo, entenderse con los demás en varias lenguas, si lo que se pretende es convivir y no imponer lo que puede ser declinante. Si tuviera futuro no habría que defenderlo tan alocadamente. Las lenguas sobreviven cuando son necesarias.

Domingo Martínez Madrid

Una sociedad alicaída, temerosa…

Una sociedad alicaída, temerosa,… En nuestra sociedad hay cantidad de tabúes que nos están oprimiendo. Comer carne es malo para la salud y la pasta de dientes tiene que estar homologada para que no produzca cáncer; es fundamental la medicina preventiva “por si acaso” y hay que vigilar los tejidos –aunque tengan etiqueta europea- que rozan nuestra piel por si producen efectos no deseados; el sol es malo y el frío también; el azúcar produce enfermedades sin cuento y el pulpo a la gallega hay que tomarlo, no porque sea sabroso y esté bien condimentado, sino porque contiene Omega 3. Hay que comer fruta pero teniendo muy en cuenta que de postre engorda; y es necesario llevar un reloj que mida los pasos que damos para controlar nuestro ejercicio físico. Ha bastado vivir la desgracia del suicidio de alguien conocido para que se ponga en marcha toda una batería de informaciones sobre la salud mental de las gentes; y ahora que, pese a las riadas, hay sequía se debe circular a paso de tortuga; los ríos se desbordan y las alertas cambian de color continuamente, pero la falta de riego hace peligrar las cosechas. De la ciudad alegre y confiada, que decía Benavente, hemos pasado, desde mucho antes del Covid, a una sociedad alicaída, temerosa y aherrojada por las continuas prohibiciones. Y es que lo que sí parece claro es que tanto miedo, tanto temor, tantas precauciones y tanta prohibición, están sirviendo a los políticos para controlar a los votantes, a algunos medios para inflar audiencias y a bastantes para hacer negocio.

José Morales Martín

La nueva Ley de Educación

A medida que se conocen los desarrollos de las asignaturas en la nueva Ley de Educación, se acrecienta la preocupación. El Gobierno está demostrando que lo que le interesa no es la formación integral de las personas, el conocimiento para el desarrollo de la madurez personal y su inserción en el mundo social y profesional. Lo que prima es el proyecto de imponer una visión parcial e ideológica desde el poder, especialmente en todo lo relacionado con la ética, la cultura y la historia.

Juan García

El fin de la globalización

Este sábado 11 de diciembre se cumplieron 20 años del ingreso de China en la OMC, acontecimiento que en su día se vio como el triunfo del orden mundial surgido del colapso de la URSS, pero al que hoy muchos miran como el principio del fin de la globalización, tal como hoy la entendemos. En 2001 China representaba el 3% de las exportaciones mundiales. Hoy alcanza el 15%. El lado positivo es la integración de este país en la economía mundial, no obstante Beijing no ha jugado limpio; ha faltado reciprocidad en la apertura de mercados, y no ha permitido que surja esa pujante clase media ávida de productos occidentales, sino que su modelo sigue dependiendo de los bajos costes laborales para engrasar el superávit.

Jesús Martínez Madrid

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