La productividad del trabajo se incrementó en los EEUU 4.1% en el 2004. Significa que en los últimos tres años la productividad norteamericana creció más del 4.4%, el nivel más alto desde 1948, o, lo que es igual, la etapa de auge más elevada en 56 años.
En este periodo, la industria norteamericana perdió 2.9 millones de puestos de
trabajo, que ahora se han recuperado. Durante el 2004 se crearon 2.4 millones de
empleos, la primera ganancia anual tras tres años de pérdidas sucesivas,
consecuencia de la recesión del 2001 (de marzo a noviembre), seguida por dos
años de bajo crecimiento económico y limitada creación de puestos de trabajo.
Este período coincidía, y en gran parte era el resultado, del fenomenal
incremento de la productividad de las empresas estadounidenses.
En el
último trimestre del año pasado la productividad creció 2.8%, mientras que el
numero de horas trabajas se incrementó sólo 1.9%, y aun así el incremento del
último trimestre fue el menor desde la caída del 0.4% en los primeros tres meses
del 2001, el año de la recesión.
Este aumento de la productividad
laboral no tiene, luego, un carácter cíclico ni circunstancial, sino un
significado estructural: es el resultado de la gigantesca oleada de inversiones
de la década del 90, sumado a la conversión de los EEUU en una economía de la
información. El incremento de la productividad, al tener un carácter
estructural, también tiene un significado irreversible. Representa un nuevo
punto de partida, no sólo para los EEUU, sino, por extensión, dada la
importancia y significado que la economía norteamericana tiene para el mundo
(30% del PBI mundial y 50% de la demanda global), constituye también el nuevo
parámetro (“benchmark”) para el conjunto del sistema.
En diciembre del
año pasado, la economía de EEUU tenía el mismo número de trabajadores en empleos
no agrícolas como antes de la recesión del 2001. Hasta dos años después (agosto
del 2003), tras haber terminado la recesión en noviembre del 2001, continuó la
fase de bajo crecimiento económico, no creación de empleos y aumento del número
de despidos, sobre todo en la industria. En el punto más bajo, agosto del 2003,
EEUU tenia 2.7 millones de empleos menos en el sector de los trabajadores no
agrícolas que en la etapa previa a la recesión. Era 2% menos de empleados que en
el pico del año 2000. A partir de agosto del 2003 comenzó el crecimiento del
empleo en EEUU, hasta llegar a diciembre del 2004, en que alcanzó un total de
132.3 millones de trabajadores en la fuerza laboral. El punto más alto de empleo
en EEUU, en términos históricos, se logró en marzo del 2001, cuando el total del
empleo no agrícola llegó a 132.5 millones. En ese momento, la tasa de
desocupación fue sólo 3,8%, la más baja en la historia norteamericana desde que
se llevan registros (1854).
Lo que hay ahora no es simplemente
recuperación de empleo, sino un nuevo tipo de empleo. El número de trabajos
industriales ha continuado declinando y se ha acelerado, al mismo tiempo, la
migración de carácter regional, ambas tendencias seculares. Las industrias que
producen bienes (manufactura, construcción, minería) representaban 18.4% de los
empleos no agrícolas en marzo del 2001 (uno de cada cinco). En diciembre del año
pasado, estas mismas industrias representaron 16.7%, casi 2 puntos de caída.
Mientras tanto, los servicios, que eran el 81.6% de los empleos no agrícolas en
marzo del 2001 (cuatro de cada cinco), crecieron todavía más, y hoy alcanzan el
83.3%.
En los últimos 45 meses EEUU, perdió 2.5 millones de empleos
industriales, 15% del total. Mientras tanto, los servicios agregaron 2.1
millones de trabajadores, un aumento del 2% desde que comenzó la recesión de
marzo del 2001. El sector de servicios vinculado con la salud, ante todo los
ambulatorios, fue el que más creció, 18%. El segundo grupo de mayor crecimiento
han sido los servicios educacionales, con un incremento del 12.7%. Sobre todo
los “Community Colleges”, donde los trabajadores estadounidenses reciclan sus
conocimientos y capacidades técnicas y profesionales.
Las cifras
muestran que EEUU dejó de ser una economía basada en la industria, como lo era
hasta la década del 70, para convertirse en una economía fundada en la
información, sustentada en el conocimiento, la ciencia y la tecnología.
El año pasado, la industria de EEUU volvió a crear empleos (79.000),
aunque los nuevos puestos de trabajo requieren trabajadores con capacidades
distintas a los que exigía el mercado hasta marzo del 2001. Todos los empleos de
carácter repetitivo, ya sea en la línea de producción o ensamblaje, han
desaparecido o están en camino de desaparecer. Los nuevos empleos requieren un
grado de conocimiento e información cualitativamente superiores a los empleos
que quedaron atrás.
En suma, el dato central con respecto a los EEUU y a
su relación con la economía mundial, es el dramático incremento de su
productividad a lo largo de los últimos 15 años, sobre todo desde 1993 en
adelante. Este salto estructural de la productividad norteamericana no sólo ha
cambiando la estructura del empleo, sino también su vinculación con el sistema
mundial. Por eso, el déficit de cuenta corriente no es circunstancial ni
provisorio, sino orgánico y estructural. Está fundado en la superior tasa de
retorno que tienen las inversiones que se realizan desde el exterior en los
EEUU, debido a su superior y sistémico aumento de la
productividad.
Fuente: Fundación Atlas
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