Ya antes de su partida, la anunciada visita del papa Francisco a tres países de Latinoamérica, Ecuador, Bolivia y Paraguay, había provocado gran expectación en diversos sectores políticos que con el pasar de los días se ha confirmado.
Pero este Sumo Pontífice ya no parece ser el gran guía del pensamiento humanista occidental. Sus diversas declaraciones han creado una divergencia de corrientes y precariedad en las ciencias sociales, que hacen añorar los años en que intelectuales y santos ocupaban el trono de San Pedro, trabajaban con discreción y dejaban la política a los políticos. Y aunque algunos no lo ven así, Francisco ya se está haciendo popular como “El papa peronista”, la ideología que arruinó a la Argentina.
Su visita al Ecuador dejó esa estela de duda respecto a su compromiso con los valores y principios de la dignidad humana al dar su apoyo tácito al régimen populista y poco amigo del Estado de Derecho que encabeza Rafael Correa.
Ya advertía el Wall Street Journal que Correa se había dedicado semanas previas a la llegada de Francisco a “apropiarse del Papa como el ícono socialista del siglo XXI de su propio gobierno. Así que a menos que el Santo Padre encuentre una forma de señalarle lo contrario a los ecuatorianos, su visita probablemente dejará la impresión de que la Iglesia se solidariza con la maquinaria represiva de Correa”. Y eso fue justamente lo que sucedió. El papa Francisco no hizo ni referencia, por ejemplo, a la censura de prensa impuesta por el gobierno, el tangible daño a una de las libertades más básicas que la Iglesia ha defendido a lo largo de su historia.
En Bolivia la expectación no era menor. La oposición al gobierno de Morales se esperaba un papa neutral, no uno de eventual apoyo al régimen imperante. Otros Estados se esperaban que esta visita no fuese utilizada con fines mediáticos que influyeran en las relaciones bilaterales apoyando el discurso populista y nacionalista boliviano.
No pasaron muchas horas para que ambas posturas se sintiesen absolutamente decepcionadas. Francisco no sólo se pronunció sobre temas de relaciones exteriores de Bolivia con sus vecinos, sino que también se prestó para glorificar la ideología marxista (o sea materialista), que históricamente ha demostrado ser la mayor máquina de matanza y pobreza que el mundo haya conocido.
El acto de presentación con el crucifijo comunista (Un Jesucristo clavado sobre la hoz y el martillo, siendo la hoz y el martillo el símbolo comunista y ateísta por excelencia) no lo podemos entender sin el mensaje que ha reiterado el Obispo de Roma, contrariando el legado que nos dejó Pio X cuando señaló, sin duda alguna, que el cristianismo y la lucha de clases son esencialmente antagónicos.
Sabido es que una imagen vale más que mil palabras y esta foto se utilizará en pro de ideas que van en contra de la Iglesia y su labor. El no rechazar este símbolo entregado por Morales da mucho que pensar. No podemos dejar de recordar la resistencia al comunismo del Obispo Karol Wojtyla, más conocido como el papa Juan Pablo II, en la Polonia esclavizada por el imperio soviético, tras el horror de la Segunda Guerra Mundial. Él vivió bajo el comunismo y sabía de lo que se trataba. ¿Habría aceptado ese regalito Juan Pablo II o le hubiera dado una buena regañada a Morales como hizo con el sandinista Ernesto Cardenal?
Pero, al parecer, ya pasaron los tiempos en que los representantes de San Pedro defendían contra viento y marea los principios del cristianismo, ya no son la “roca que resiste, ni la sal en el mundo”, ahora parecen aceptar lo políticamente correcto convirtiéndose en casas construidas sobre la arena.
En la Iglesia, no debería haber cabida para el populismo y las ideologías materialistas porque, además de estar lejos de la doctrina cristiana, dañan más justamente a aquellos a quienes la Iglesia busca ayudar. Es coquetear con el peligro cuando lo que hace falta son actos de claridad y caridad que reafirmen la convicción de los valores esenciales que han sido rectores en la historia de la Iglesia.
Francisco ya visitó 2 de los tres países de su gira. Aún falta ver qué pasará en Paraguay.
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