El Congreso tiene cuatro planes presupuestarios distintos…El presidente Obama es el único que sigue desaparecido en combate, pues en un incumplimiento directo del plazo marcado por la ley, aún no ha presentado su propio presupuesto, con un retraso no de días o semanas, sino de meses.
Por primera vez en cuatro años, el Congreso de Estados Unidos se encuentra inmerso en un intenso debate presupuestario. Tómese un momento para decir al menos “¡Hurra!”, aunque sea de forma contenida. El gobierno federal se ha embarcado por fin en su responsabilidad más básica. Este es el precio exigido en febrero por los republicanos de la Cámara de Representantes a los demócratas del Senado para aumentar el límite de la deuda. Hasta aquí, todo perfecto.
El Congreso tiene cuatro planes presupuestarios distintos para comparar y contrastar y sobre los que finalmente fundamentar sus decisiones. Dos son de los republicanos y dos de los demócratas, todos en competencia por ser la visión que guíe el futuro fiscal de Estados Unidos. El presidente Obama es el único que sigue desaparecido en combate, pues en un incumplimiento directo del plazo marcado por la ley, aún no ha presentado su propio presupuesto, con un retraso no de días o semanas, sino de meses. La nación todavía espera la publicación del principal documento de gobierno por parte de su recién elegido comandante en jefe.
Ninguno de los presupuestos presentados por el Congreso hasta la fecha carece de defectos. Pero de los dos planes de los comités de presupuesto, el “Camino hacia la Prosperidad” de Paul Ryan (R-WI), presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara, es de lejos el más sensato, más creíble, más responsable y el menos efectista. El presupuesto de Ryan derogaría los componentes de gasto de Obamacare (especialmente los $1.8 billones del nuevo gasto procedente de la ampliación y los subsidios de Medicaid), reformaría Medicare y ralentizaría el crecimiento del gasto en general. Y algo que es igual de importante, el presupuesto de Ryan balancearía el presupuesto en diez años. El defecto más notable del presupuesto de Ryan es que, aunque deroga los componentes de gasto de Obamacare, también mantiene la recaudación debida a sus subidas de impuestos.
La principal alternativa al presupuesto de Ryan es la presentada por la presidenta del Comité de Presupuesto del Senado, Patty Murray (D-WA). El presupuesto de Murray difiere del de Ryan en muchos aspectos, pero los detalles se pueden resumir en estas observaciones:
· El presupuesto de Murray reafirma que los demócratas son el partido de los impuestos y el gasto y refleja el desprecio declarado del presidente hacia el balance presupuestario.
· El presupuesto de Murray subiría los impuestos en otros $1.55 billones durante los próximos diez años y sin embargo nunca alcanzaría el balance.
Los debates presupuestarios obtienen mejores resultados cuando los responsables políticos tiene opciones claras. A falta de un presupuesto por parte del presidente, el presupuesto de Murray tendrá que hacer de alternativa al presupuesto de Ryan. Y el presupuesto de Murray se basa en algunos trucos presupuestarios básicos pero inquietantes.
Por ejemplo, Murray asegura $1.85 billones de reducción del déficit total durante diez años. También afirma haber eliminado el embargo de fondos que entró en vigor a principios de este mes. Sin embargo, como descubrieron los miembros de la minoría pertenecientes al Comité de Presupuesto del Senado, Murray no sustituye el ahorro del embargo de fondos, para luego ofrecer esos $1.85 billones como reducción del déficit. La reducción del déficit es el sustituto del embargo de fondos, lo que significa que incluso según sus propias cifras, Murray sólo reduce el déficit en $700,000 millones, a pesar de las enormes subidas de impuestos.
Y la situación económica empeoraría. Como señalan Rea Hederman y John Ligon, del Centro de Análisis de Datos de la Fundación Heritage, las subidas de impuestos de Murray causarían un verdadero perjuicio a la economía. El crecimiento económico y la recaudación que este genera son las herramientas más poderosas de que disponemos para la reducción del déficit. Sin embargo, Murray subiría los impuestos, ralentizando la inversión empresarial en particular y reduciendo el empleo en 853,000 puestos de trabajo.
Al ralentizar la economía, la verdadera recaudación adicional que generaría el presupuesto de Murray no son los $155,000 millones de promedio que ella afirma, sino alrededor de $88,000 millones anuales. Normalmente, una menor subida de impuestos podría ser motivo de alivio, cuando no de júbilo. Pero en este caso una menor subida de impuestos vendría acompañada de menos puestos de trabajo y sueldos más bajos. Una vez se tienen en cuenta todos los trucos para aumentar el gasto y las reducciones de la recaudación, Hederman y Ligon prevén que el presupuesto de Murray reduciría el déficit en un total de $200,000 millones. Pero no se refieren a $200,000 millones anuales, sino que esta cifra se repartiría durante diez años.
Ahí subyace la decisión fundamental a la que se enfrentan el Congreso y el país. El presupuesto de Murray sube los impuestos, permite que el gasto se continúe disparando y mantendría a la deuda nacional fija en su camino directo hacia la crisis. Por eso, la mejor opción es el presupuesto de Ryan, que rechaza las nuevas subidas de impuestos, ataja el problema de los derechos a beneficios, ralentiza el crecimiento del gasto, balancea el presupuesto y, con algo de suerte, quizás restaure la disciplina fiscal que evitaría la inminente crisis de deuda antes de que ni siquiera llegue realmente a comenzar.
Publicado en Heritage
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