Las grandes empresas como Google y Facebook están en el punto de mira tras ciertas polémicas relacionadas con su neutralidad a la hora de mostrar contenidos a sus usuarios.
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Jueves, 24 de septiembre 2026

Las grandes empresas como Google y Facebook están en el punto de mira tras ciertas polémicas relacionadas con su neutralidad a la hora de mostrar contenidos a sus usuarios.
Lo que no aparece en Google o en Facebook, no existe. La enorme capacidad de ambas compañías para influir en la conducta y las ideas de tantísima gente, unida a la oscuridad en torno a los datos personales que almacenan, despierta recelos y todo tipo de teorías conspiratorias. Para conjurarlas, se están esforzando en “ser buenos chicos”, o al menos parecerlo.
A comienzos de mayo, un portal de noticias tecnológicas llamado Gizmodo publicó unas declaraciones de varios extrabajadores de Facebook que comprometían la neutralidad política de la sección “Trending topics”, una herramienta que selecciona piezas periodísticas de las que se está hablando en la red y las muestra en la esquina superior derecha de la página-escritorio. Según los entrevistados, a pesar de que la compañía siempre ha explicado que los contenidos se seleccionan a través de algoritmos que solo tienen en cuenta su popularidad y el posible interés para cada usuario –según los datos almacenados por la red social–, los supervisores de la sección con frecuencia manipulaban los resultados para eliminar artículos de medios conservadores. Algunos de los entrevistados por Gizmodo incluso señalaban que Facebook les había dado instrucciones para hacerlo así.
En cuanto esas declaraciones fueron recogidas por un medio de gran difusión, The Guardian, estalló la indignación entre políticos y medios conservadores. El debate llegó incluso al Congreso de Estados Unidos, después de que un representante republicano reclamara una investigación.
La compañía de Palo Alto respondió en seguida desmintiendo las informaciones. Más tarde, declaró que había comenzado una revisión interna. Unos días después ya tenía los resultados: los datos no daban motivos para pensar que hubiera habido sesgo ideológico, al menos no de forma sistemática. La cantidad de informaciones de uno y otro signo político aparecidas en la sección fue prácticamente idéntica; de hecho, los dos temas más recurrentes se referían a cuestiones relacionadas con el partido republicano: Donald Trump y las primarias para la campaña presidencial.
No obstante, Facebook acaba de anunciar que modificará algunos procedimientos de actuación para asegurar la neutralidad ideológica de esta sección. Entre otras cosas, aumentará y diversificará la lista de medios consultados para medir la popularidad de una historia: hasta ahora daba prioridad a una lista cerrada de diez publicaciones, una práctica prescrita en el reglamento interno de la sección, que fue filtrado a The Guardian. También aumentará la formación a los encargados de la sección y reforzará los protocolos de revisión.
De esta forma, parece que la polémica queda cerrada, al menos por ahora Sin embargo, el debate en torno a la neutralidad política de Facebook ha suscitado una cuestión importante: ¿qué comportamiento se le puede exigir a esta red social como fuente de información? Algunos comentaristas conservadores han defendido el derecho de la compañía a tener una línea editorial, como cualquier otro medio, siempre y cuando sea transparente y no trate de camuflarla bajo la bandera de la neutralidad. Para otros, resulta absurdo pretender una neutralidad absoluta, incluso si hubiera buena voluntad por parte de Facebook: ¿tendría que contrapesar cada noticia de un medio conservador con la de otro progresista? Otra cosa es que se manipule a propósito y con fines políticos, dando por trending una noticia que no lo es –o no lo era antes de incluirla en la sección– o eliminando otra a pesar de su popularidad real.
Esta no es la primera vez que se acusa a Facebook de “manipular” la realidad informativa. En agosto de 2014, al poco de que un joven afroamericano hubiera muerto a manos de un policía en Ferguson (Missouri), muchos usuarios se quejaron de que la herramienta News Feed, que selecciona los contenidos más interesantes para cada usuario según un algoritmo que tiene en cuenta su perfil (aficiones, intereses, etc.) y su comportamiento en la red (lo que más lee o dice que le gusta), había dado poca importancia a esta historia. En cambio, ofrecía numerosos enlaces a otras más bien intrascendentes. En cambio, en Twitter, el hashtag Black Lives Matter, que canalizó las protestas contra la policía de Ferguson, se volvió viral en pocos días.
Algunos comentaristas explicaron que, pese a la indignación que creó en algunos la poca presencia del caso Ferguson en Facebook, esta se explicaba por el comportamiento de la mayoría de usuarios de esta red social, que sobre todo la emplean para compartir asuntos personales y evitan los temas polémicos. De ahí que en News Feed abunden los enlaces del tipo “fotos de mi última excursión”, o cotilleos sobre celebrities, y en cambio escaseen los enlaces a noticias de materia política. Es una cuestión de “likes”. En este sentido, Facebook sigue siendo una extensión virtual de la comunidad de amigos, mientras que en Twitter, aunque también hay mucho de esto, es más frecuente recibir “impactos informativos” de fuentes que no pertenecen al ámbito de relaciones cercanas.
Dada la penetración de Facebook (1.650 millones de usuarios activos en el pasado mes de abril, con un uso medio de 50 minutos al día), la labor de filtrado de la actualidad que realizan los algoritmos tiene una importante implicación social: la compañía de Zuckerberg dispone de una enorme capacidad para determinar qué asuntos son importantes y cuáles no para una gran cantidad de gente; es decir, para fijar la agenda pública.
La respuesta de Facebook al asunto de Ferguson y a la reciente polémica por el supuesto sesgo liberal de la compañía manifiesta que, independientemente de si su actitud es sincera o no, la red social quiere asumir la responsabilidad que este gran poder lleva consigo.
También Google, otro gigante tecnológico, ha dado pasos en esta dirección. A mediados de mayo anunció que a partir del próximo 13 de julio no incluiría anuncios de compañías especializadas en préstamos a corto plazo (payday loans), que aprovechan las necesidades urgentes de dinero para exigir intereses muy altos. En muchos casos funcionan como trampas, en las que quedan atrapadas sobre todo personas de bajos ingresos.
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