Europa, Política

Grecia y el populismo

En estas últimas semanas la atención mediática ha estado puesta en Grecia, en la situación política y de crisis financiera que vive el país heleno.


Grecia está liderada por el primer ministro Alexis Tsipras, que está a la cabeza de la coalición de la izquierda comunista (SYRIZA). Como buen populista, ganó las elecciones prometiendo implementar políticas desmesuradas, irresponsables y sobre todo irrealizables.

Para establecer el porqué de la actual crisis hay que remontarse, entre otras cosas, a medidas implementadas por los políticos griegos en los últimos gobiernos para comprarse una base fiel de votos pero que también refleja a una sociedad corrupta. Por ejemplo, tener a 45 jardineros en el hospital público Evagelismos de Atenas solamente para cuidar las 4 macetas que decoran su entrada, que algunos departamentos públicos cuenten con hasta 50 conductores por auto o que hasta el exministro de finanzas, Stefanos Manos, reconociera que tal era la ineficiencia, corrupción y exceso salarial en el sistema nacional de ferrocarriles que le resultaría más barato al Estado pagar para que todos los griegos viajaran en taxi. Pero no son sólo los políticos. También los ciudadanos acostumbran a engañar al fisco, por ejemplo, hay 16.974 piscinas en zonas residenciales de Atenas, pero declaradas sólo hay 324.

Con semejante panorama, no hay dinero que alcance y los griegos han vivido durante décadas a base de préstamos que ahora no quieren devolver. La deuda griega es como una bola de nieve de mala administración y corrupción que aumentó sobremanera después de la crisis económica del 2008. La llegada de Tsipras y sus promesas populistas sólo empeoró la grave situación. Envalentonado durante las elecciones, Tsipras decía que iba a doblegar a los acreedores y sus exigencias. Pero la realidad era otra y Grecia, en lugar de granjearse la simpatía de los europeos, se ganó que lo tilden de deudor exigente.

Así las cosas, hay que tener en cuenta que el referéndum celebrado hace casi 2 semanas, que dio como resultado un aplastante rechazo de los griegos a las propuestas de pago de la deuda pública presentadas por los acreedores, representó una enorme afrenta para el Eurogrupo. ¿Grecia sin dinero, porque Grecia no tiene dinero, y dándose el lujo de rechazar a quien le ofrece una mano?

Así funciona el populismo. Los griegos se creyeron las bravuconadas de Tsipras y el país entró en una espiral de caos que ni los préstamos servirán para detener. Sólo imagínense el efecto en el país con los bancos cerrados y los límites al capital que cumplen ya más de dos semanas. Grecia vive en animación suspendida y cuando salga de ese estado, el camino a la recuperación será muy doloroso. Ningún país es capaz de resistir varias semanas con los bancos cerrados y un déficit público tan grande. Hace falta un cambio urgente en la mentalidad del público y de sus gobernantes.

La afrenta de Tsipras quedó en nada, pues Atenas y ahora el propio parlamento griego han tenido que aceptar endurecidas condiciones para un tercer plan de rescate que evite que todo colapse. Es fácil agitar a las masas con apelaciones populistas a la dignidad y el nacionalismo como ha hecho Tsipras. Pero la propaganda no sacará a Grecia de su crisis.

En base a lo señalado anteriormente, el gobierno griego debe asumir una segunda carga: ¿Qué de aquellos que se sienten traicionados por las promesas populistas, por el “referéndum espejismo”, por todo lo sucedido? Esto ya está teniendo repercusiones en las calles de Grecia, pues los disturbios no se han hecho esperar, más aún, después de que el parlamento griego diera el visto bueno a las reformas exigidas por el Eurogrupo. Y lo que falta por ver. Ya se habla de nuevas elecciones porque Tsipras ya tiene una grave revuelta entre sus propios parlamentarios.

A modo de conclusión, Grecia es un ejemplo claro que por qué el populismo es un peligro para la sociedad. Al ofrecer soluciones mágicas pero imposibles de cumplir, se va erosionando la confianza en la democracia e incitando a la violencia porque la gente se desespera. Parafraseando a Thomas Jefferson, para que la democracia funcione hace falta una ciudadanía informada que pueda resistirse a las promesas populistas. Si algo es demasiado bueno para ser verdad, probablemente no lo es.

Este artículo está en Libertad.org

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

No se encontraron resultados

Menú