Economía y Sociedad, Europa

La xenofobia avanza en Europa

El debate sobre la inmigración en Europa va ganando adeptos a la xenofobia, al desprecio al otro y a la expulsión del diferente.


 El primer ministro David Cameron acaba de proponer que los europeos que no encuentren trabajo en seis meses en el Reino Unido sean expulsados. La presión del UKIP deNigel Farage le empuja hacia el populismo.

Marine Le Pen ha celebrado congreso este fin de semana con la presencia de su padre y de su hija, toda una dinastía de políticos que tienen en común el rechazo al extranjero y una fobia a la Unión Europea de la que querían salir.

El Papa Francisco dijo esta semana ante el Parlamento de Estrasburgo que Europa no puede convertir el Mediterráneo en un cementerio. La metáfora se refiere a los miles de personas que pierden la vida al cruzar el mar de la civilización en busca de nuevos horizontes de dignidad.

Es curioso detectar que una de las fuentes que financian el Frente Nacional de Francia sea Vladimir Putin. Todo sirve para golpear al espacio más grande de convivencia y solidaridad que hay en el mundo. La UE no será destruida desde fuera sino que su fragilidad depende de las fuerzas internas.

Si se estudia el recorrido de los extremismos en los años treinta en Europa se detectará que tanto la izquierda como la derecha extrema tuvieron grandes partidarios en Europa. El grueso del nazismo y su idea fundacional estaba en Alemania y en la cabeza de Hitler que fue invadiendo las zonas y países europeos donde había una mayoría de alemanes. Pero había nazis o fascistas en Italia, Austria, Francia, Inglaterra y también en España.
 

David Cameron acentua su discurso euroescéptico y xenófobo

Stalin tenía también seguidores acérrimos en la mayoría de países europeos que estaban fascinados por aquel hombre nuevo que tenía que salir de la revolución bolchevique. Sabían de la existencia de los gulags. La historia ha demostrado que todo es muy viejo y que la condición humana es igual de endeble en todos los países y bajo todos los regímenes.
 La democracia, al menos, tiene la posibilidad de reemplazar y echar a los que cometen barbaridades.
 

La crisis de los años treinta del siglo pasado agitó las sociedades europeas. Se podrían establecer paralelismos con lo que está ocurriendo ahora. Europa está cansada, desorientada, dividida. Las medidas para atenuar la crisis no dan resultado. Salen movimientos populistas que tienen soluciones retóricas para todo. En el Parlamento Europeo hay una quinta parte de diputados que no creen en Europa, son euro escépticos, xenófobos o ultranacionalistas. No pueden con la mayoría. Pero en sus respectivos países condicionan la política de los partidos que se suben a lomos de líderes extremos que cosechan votos en el descontento de sectores cada vez más desesperados.

Publicado en el Blog de Lluis Foix

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