Política

Los usureros pueden salvar a México

Santos Mercado Reyes, profesor de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, rapasa los prejuicios contra la usura y la defiende como herramienta de acumulación de capital. En la foto, Al Pacino como Shylock, el personaje usurero de Shakespeare.

Opinión: Santos Mercado Reyes
De cuando en cuando la burocracia gubernamental promueve una insensata
persecución contra las cajas de ahorro, persecución digna de los tristemente
famosos “camisas negras” de Benito Musollini. Se las acusa de usureras porque
prestan dinero a tasas superiores a las de la banca oficial. Los diputados se
aprestan a hacer leyes contra los usureros (sean cajas de ahorro o simples
individuos) para defender al pueblo y proyectan meterlos a la cárcel e
imponerles multas millonarias. No saben que están cometiendo un grave
error.

La persecución contra los usureros no es nueva. En el siglo XIII,
Santo Tomás de Aquino amenazaba con el infierno eterno a los que obtenían alguna
ganancia mediante el préstamo de dinero. Flaco favor le hizo a Italia aquél
famoso santo pues le valió un estancamiento de siglos a los sistemas financieros
italianos. No quiere decir que haya desparecido la usura, sino que se tenía que
hacerse a escondidas. El nivel de transacciones seguramente se redujo a la
décima parte para no condenarse o para no ofender a la burocracia eclesiástica
de aquellos tiempos.

Adolfo Hitler tuvo el gran desatino de atacar a los
judíos porque se daba cuenta que se habían hecho expertos en el manejo del
dinero. No admitía que lograran enormes ganancias, así que les confiscó su
dinero, propiedades y los mandó derecho al horno. Hitler pagó caro su error pues
no tenía ni la menor idea de cómo funcionaba el dinero. Por ejemplo, se le hacía
muy fácil acabar con el desempleo contratando a todos los alemanes que no tenían
trabajo. Para pagarles, prendía la imprenta e imprimía millones de marcos. Los
judíos financieros le habrían explicado que así iba a destruir a la economía
alemana tarde o temprano. Pero ya los había eliminado y terminó él mismo
eliminado.

Me encantaría que nuestros ilustres diputados conocieran esta
historia para evitar un colapso mexicano peor que el que tenemos. Me gustaría
que supieran que ejercer la usura es un derecho que debe ser respetado y
promovido por el Estado. Antes que me condenen, quiero explicarles cómo funciona
el mercado de la usura.

Ciertamente el concepto de usura implica obtener
ganancia por el préstamo de dinero. Si usted presta mil pesos y dentro de un año
le regresan tres mil pesos es usura al igual que si sólo le regresan mil pesos
más un centavo. El diccionario se refiere a “ganancia excesiva”, pero lo
excesivo es un término relativo: mientras que para uno puede ser escaso, para
otro puede ser excesivo.

Si para evitar el “pecado” de la usura nuestros
ilustres legisladores impusieran una la ley que dijera que los préstamos se
hagan con tasa cero de interés con toda seguridad puedo garantizar que
asesinarían a la economía mexicana en menos de quince minutos. La razón,
suponiendo que les obedecemos, es que nadie tendría incentivos para prestar
dinero. Peor aún si dichos préstamos se hicieran ante un escenario
inflacionario. En efecto, quien prestara dinero estaría perdiendo
irremediablemente pues un peso de hoy tendría poder adquisitivo menor mañana.


Si en una economía nadie puede prestar ni obtener dinero prestado, esa
economía se estanca y finalmente se destruye. La inversión se reduciría a la
capacidad de las ganancias; los emprendedores no podrían iniciar nuevos negocios
por falta de préstamos. Los que tuvieran necesidad de arreglar sus casas,
comprar un automovil, etcétera simplemente no lo podrían hacer porque nadie
estaría dispuesto a prestar sin ganar. Si quiere comprobar con hechos mis
palabras basta que se dé una vuelta a Cuba o a Corea del Norte donde
oficialmente está prohibida la usura y verá que los resultados no son muy
atractivos.

Por otro lado, si quiere conocer la historia de los grandes
bancos españoles le puedo decir que muchos de ellos empezaron como pequeñas
cajas de ahorro y préstamos. El Estado no solo las dejó funcionar sino que las
protegió dándoles seguridad jurídica y se hicieron grandes. Claro, muchas
también murieron, las que no aprendieron a satisfacer al cliente.

Así que
el Estado mexicano o más precisamente nuestros diputados izquierdistas deberían
pensarlo dos veces antes tomar medidas represivas contra las cajas de ahorro.
Más bien, deberían darse cuenta que estas pequeñas cajas de ahorro podrían ser
los gérmenes de los grandes bancos mexicanos del mañana.

Santos
Mercado Reyes es profesor de economía de la Universidad Autónoma Metropolitana
de México.

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