Ésta es la regla; mientras el común de la gente, sobre todo colectivamente considerada, construye muros o eleva los existentes, los hombres excepcionales, que cambian al mundo para bien, han levantado puentes.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Viernes, 09 de octubre 2026

Ésta es la regla; mientras el común de la gente, sobre todo colectivamente considerada, construye muros o eleva los existentes, los hombres excepcionales, que cambian al mundo para bien, han levantado puentes.
El primer bloqueo económico que sufrió Berlín Occidental por parte de la Unión Soviética fue en 1948. Ante la imposibilidad de abastecer a la ciudad por tierra, el Comando Aéreo de Estados Unidos decidió establecer un puente por aire y lograr tal fin. La hazaña marcó con heroísmo el primer capítulo de la Guerra Fría. Cientos de pilotos estadounidenses murieron en el servicio.
Pero no es de este puente del que pretendo hablar, ni tampoco es del Muro físicamente erigido en 1961 y derribado hace justo 26 años al que quiero referirme. Como sugiere la cita de Isaac Newton, quiero referirme a los puentes y muros metafóricos que pusimos y ponemos a nuestra Libertad, a nuestro progreso y, en fin, a nuestra propia Humanidad, del cual Berlín es ilustración ejemplar.
Nuestra especie es de naturaleza miserable. Además de la escasa provisión de habilidades físicas, no es sino en los últimos dos siglos, es decir, en una pequeña fracción de nuestra existencia, en el que hemos visto relativamente superada nuestra severa escasez de recursos y hemos abandonado una vida consistente en la pura subsistencia. La única herramienta de la que nos hemos hecho para alcanzar todos aquellos logros de la civilización que tanto nos enorgullecen es nuestra mente, un atributo exclusivamente individual.
Hemos progresado toda vez que hemos vencido nuestros miedos al ambiente oponiendo constancia y determinación. Y como a lo largo de la Historia nunca todos hemos tenido la fuerza mental suficiente, han sido los más constantes y determinados quienes en la mayoría de los casos han buscado y conseguido el progreso por sí solos, compartiéndolo inmerecidamente los frutos de éste con el resto de nosotros. Y ésta es la regla; mientras el común de la gente, sobre todo colectivamente considerada, construye muros o eleva los existentes, los hombres excepcionales, que cambian al mundo para bien, han levantado puentes.
Pero la construcción de puentes no ocurre tan accidentalmente. Aun cuando es el deseo de todos el vivir mejor, antes debe existir de todos modos un ambiente que permita la construcción de estos. Como ya he expresado, es la persona humana, el individuo, el que tiene en sí el motor único que lleva al progreso, el cual lo obtendrá, a falta de compañeros, sólo con su intelecto y voluntad. Por ello, no se torna polémica la sentencia de que es el Individualismo, aquél sistema en el que se defiende a la persona y su propio proyecto de vida, el que permite que cada cual, en la búsqueda de sus metas, logre su propia superación y el dominio de la naturaleza. En toda época ha habido personas excepcionales, pero es en las sociedades en que existen más amplios grados de tolerancia al pensamiento disidente y respeto a los frutos del trabajo de cada uno donde éstas han brillado más fulgurosamente.
La clave del “milagro económico alemán”, que llevó a Alemania Occidental de la devastación de guerra a devenir en una de las economías más dinámicas y fuertes en Europa yace aquí: fue producto principalmente de un régimen de libertades para sus ciudadanos. No fue, por el contrario, un plan colectivo con pretensiones de de ser científico, como el modelo arrogante que mantuvo a Alemania Oriental en la miseria y la tiranía. Wilhelm Röpke, uno de los precursores de este “milagro”, comprendía el problema de la “fatal arrogancia” socialista, que pretendía solucionar todo con matemática, y respondía a ésta:
Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad. Tras los agregados seudo-mecánicos, hay gente individual, con sus pensamientos, sentimientos y juicios de valor. No sorprende la cadena de derrotas humillantes que han sufrido las profecías econométricas, lo sorprendente es la negativa de los derrotados a admitir la derrota y asumir mayor modestia.
Algunos resaltan del modelo alemán su componente social (redistribuidor) como lo crucial en su funcionamiento, y que por eso se llamaba Economía Social de Mercado. Al respecto de ese nombre, el artífice más directo de tal “milagro”, Ludwig Erhard, aclaró más de una vez en que dicho término era tautológico, pues el mercado era social en sí mismo, y que “entre más libre la economía, más social es”.
¿Qué es lo que existía, en contraste al Individualismo de Occidente, más allá de la “Cortina de Hierro”? Colectivismo, el cual propone que cualquier desarrollo humano se logre con todos los integrantes de una sociedad, vista como un todo unitario. Si sostendremos que el progreso históricamente jamás se ha logrado de esa forma, ya nos explicaremos los resultados económicos de una y otra concepción en sus distintas aplicaciones. Los colectivismos, en particular el marxista, nos han propuesto la superación de todas nuestras limitaciones, el advenimiento de un “hombre nuevo”, la satisfacción de todas nuestras necesidades en base al reparto central. Nada de lo prometido jamás se logró. Y lejos de no haberse logrado por una mala aplicación o traición a los preceptos del marxismo, como señalan rabiosamente sus fanáticos del presente, no se logró ni logrará jamás por lo siguiente: el colectivo no progresa.
Así como berlineses occidentales se constituyeron en verdaderos puentes humanos, haciendo turno esperando que algún valiente de Oriente desafiara el Muro para ayudarle, un régimen de libertades individuales propicia que cada persona construya en cooperación voluntaria sus propios puentes, por los cuales no pasan solamente ellos, sino también todos aquellos que vienen más atrás. En contraste, el colectivismo vio su derrota teórica y práctica en la Unión Soviética y Alemania Oriental porque en su dinámica, basada en la mediocridad del dominio del hombre por el hombre, hizo metafórica y fácticamente lo único que el colectivo sabe hacer: Construir muros.
Este artículo está en Libertad.org
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A