Queda la cuestión de cuánto tiempo más los medios izquierdistas podrán sostener la imagen de Livni como líder responsable y competente. Lograron prolongar una ficción similar con Olmert como líder nacional hasta que nos metió en el desastre del Líbano este verano.
Caroline Glick
Livni se incorporó a la política de la mano del primer ministro Binyamin Netanyahu en 1999. La figura de segunda línea pasó a ser prominente en el 2003, tras sufrir dos transformaciones importantes. En primer lugar, cambió sus bucles marrón claro encrespados y vestidos baratos por pelo liso rubio y alta costura. A continuación siguió al expremier Ariel Sharon del bando nacionalista al bando post-sionista.
Como consecuencia de estos sorprendentes cambios, los medios izquierdistas coronaron a esta mujer de inglés elemental y ni la más remota idea de diplomacia internacional como la reina de la política israelí. Aunque carente por completo de logros reales, con la indulgencia de mínimos de los medios, Livni disfruta de una reputación de político sabio, competente y escrupulosamente limpio.
Todo esto sin duda explica una encuesta difundida el domingo por el Ma´ariv en la que afirma que si Livni reemplazara al Primer Ministro Ehud Olmert como jefa del Kadima, podría encabezar la acosada lista de candidatos hasta la victoria en las próximas elecciones generales.
Una de las principales ventajas de Livni sobre Olmert es que es identificada menos que su jefe con la derrota de Israel en el Líbano. Existen dos motivos principales para que éste sea el caso. En primer lugar, al contrario que Olmert y el Ministro de Defensa Amir Peretz, Livni apenas se dejó ver a lo largo del conflicto. En segundo lugar, Livni fue mantenida al margen de los avatares de la gestión militar de la guerra.
Por encima de todo, la encuesta del Ma´ariv ilustra la ignorancia del público en materia de las posturas de Livni en temas de preocupación nacional. Esto es así porque en repetidas encuestas desde que la guerra se detuviera súbitamente, el público ha expresado opiniones diametralmente opuestas a las que pretende impulsar Livni.
El viernes, Livni aclaraba sus posturas en una entrevista con el Yediot Aharonot. Sus opiniones también cobraban expresión en un artículo del Haaretz el domingo respecto a la gestión diplomática de la guerra por parte del gobierno. Durante la guerra, la principal diferencia entre Livni y Olmert fue que Livni abandonó la idea de que Israel ganara el 12 de julio – es decir, el día en que Hezbolá atacaba la patrulla del ejército en la frontera norte, secuestrando a los reservistas Eldad Regev y Ehud Goldwasser y comenzaba a bombardear el norte de Israel con misiles y cohetes. Convencer a Olmert de que Israel tenía que perder la guerra le llevó otros diez días.
Tanto en su entrevista con el Yediot como en sus declaraciones en Haaretz, Livni deja claro que al contrario que el público, ella no ve el motivo por el que la guerra del Líbano demuestra que la política de rendir tierra a terroristas está mal encaminada. Ignorando hechos como que las retiradas de Israel del Líbano y Gaza dotaron de poder a los grupos del terror jihadista y abrieron el camino a la guerra que siguió a continuación, Livni ve las guerras terroristas como una oportunidad para traer tropas extranjeras al Líbano. En la práctica, el primer día de la guerra, Livni daba órdenes a sus consejeros de empezar a trazar planes para que llegaran a Líbano tropas extranjeras con el fin de proteger a Israel. Aunque los mandos de UNIFIL han dejado claro que no desarmarán a Hezbolá, ni implementarán el embargo armamentístico ni eliminarán a las fuerzas de Hezbolá de la frontera, Livni opina que el despliegue de UNIFIL en el Líbano es un modelo tanto para Gaza como para Judea y Samaria.
La aversión de Livni – ya el primer día de guerra – a cualquier tentativa por asegurar la victoria militar en el Líbano por parte de Israel por una parte, y su entusiasta defensa del modelo de fuerza internacional en el Líbano y en Gaza y en Judea y en Samaria por la otra se derivan de su mala concepción básica tanto del entorno de seguridad regional de Israel, como de su posición internacional. Esta concepción hace que se comporte más como embajadora de la UE o de la ONU en Israel que como la diplomático jefe de Israel.
En sus propias palabras en el Yediot, Israel tiene que dejar de ver a Estados Unidos como su único aliado, y llegar a la ONU, los europeos, los estados árabes sunníes de la región – Jordania, Egipto, Mahmoud Abbás en la Autoridad Palestina, los emiratos del Golfo Pérsico y Arabia Saudí – y al gobierno Saniora del Líbano. Livni sostiene que todos estos jugadores cooperarán con Israel porque comparten algunos de los intereses de Israel.
Mientras que es cierto que estos jugadores internacionales comparten intereses con Israel, Livni ignora el hecho de que tienen otros intereses diametralmente opuestos a los intereses nacionales de Israel. Estos intereses divergentes siempre se han superpuesto a los intereses compartidos, y nada de lo que Israel ha hecho en el pasado o podría hacer en el futuro va a cambiar este cálculo básico.
Livni comenzaba su entrevista en el Yediot atacando al público sionista religioso. “En el sistema político israelí, realmente no existen vacíos al respecto de [la opinión de un] acuerdo exhaustivo en el conflicto con los palestinos”, decía. “La disputa se da entre el público religioso y el resto de los israelíes”.
Ella argumenta su versión afirmando que al margen de los sionistas religiosos, todos los israelíes están de acuerdo en que tenemos que expulsar a los israelíes que residen en comunidades de Judea y Samaria y entregar sus comunidades y tierras a los palestinos. La afirmación de Livni es extraordinaria a la luz de la reciente encuesta de Maagar Mohot, donde el 73% de los judíos israelíes afirman tener objeciones a retiradas territoriales de Judea y Samaria.
Livni continuaba su análisis argumentando que Israel tiene que maniobrar inmediatamente para destruir a las denominadas comunidades avanzadas de Judea y Samaria. Justifica esta opinión afirmando que estas comunidades fueron construidas sin permiso gubernamental, y que de todas maneras, Israel tiene intención de entregar a los palestinos la tierra en la que se ubican las comunidades. En este razonamiento hay tres errores garrafales básicos.
En primer lugar, su afirmación de que las comunidades tienen que ser destruidas porque fueron construidas sin permiso gubernamental es ridícula hasta decir basta.
El gobierno decidía en el 2005 que quería destruirlas. Con igual facilidad podría decidir mañana que quiere expandirlas. Lo que Livni está diciendo realmente es “No me gustan y por tanto quiero destruirlas”.
En segundo lugar, asumiendo que esté en lo cierto en que Israel estaría dispuesto a entregar la tierra en la que han sido construidas estas comunidades a los palestinos en el marco de un acuerdo de paz, no está absolutamente nada claro a qué intereses estaría sirviendo cediéndolas hoy, cuando los palestinos están gobernados por un gobierno jihadista elegido por aclamación popular. ¿Por qué querría Israel entregar regalos antes de que un gobierno de los palestinos haya estado dispuesto a admitir su existencia?
Finalmente, mientras que Livni repite como un loro que “todo el mundo conoce” el contenido del acuerdo de paz, la experiencia de Israel desde la debacle del proceso de paz con la OLP de 1993 ha demostrado incontestablemente que ese contenido está equivocado.
Los palestinos han rechazado repetidamente la visión de dos estados al oeste del Río Jordán y han dejado claro repetidamente a través de sus acciones y sus palabras que no están interesados en tener un estado palestino en Judea, Samaria, Gaza y partes de Jerusalén. Como han aclarado repetidamente, ellos quieren destruir el estado judío. De modo que afirmar que la solución es conocida, simplemente es negar la realidad.
Livni afirmaba obviamente que Israel no puede dormirse los laureles, sino que tiene que mover pieza inmediatamente con el fin de reanudar las negociaciones con los palestinos. En esta línea, ella apoya una liberación masiva de terroristas palestinos en cárceles israelíes. En sus palabras, “El mundo no parece sufrir un vacío del conflicto palestino israelí. Cuando no iniciamos soluciones, el mundo sale con sus propias soluciones”.
Lo que no reconoce es que el mundo no se durmió en sus laureles después de que Israel hiciera concesiones masivas por propia iniciativa a los palestinos en el pasado. En lugar de eso, cada concesión israelí no fue vista sino como punto de partida de concesiones adicionales. La declaración hace que nos preguntemos realmente dónde ha estado ella los últimos trece años.
La argumentación de Livni se deriva de su error de concepción central de que la seguridad nacional de Israel no está garantizada a través del ejército, sino a través de las encuestas de opinión en París y Bruselas. No entiende que esto no es solamente falso, sino que los índices de popularidad de Israel en Europa no tienen nada que ver con las políticas o las acciones reales de Israel.
Finalmente, Livni decía al Yediot que su gran plan ahora es hacer que los estados árabes trabajen con Israel en solucionar el problema de los refugiados palestinos. Ahora que Israel apoya el estado palestino, decía, los árabes querrán ayudar a solucionar el problema asentando a los refugiados en el estado palestino y normalizando la situación de los palestinos que han estado viviendo en campamentos de refugiados del mundo árabe desde 1948.
Livni tampoco comprende la realidad en esto. El problema de los refugiados palestinos no es un problema que el mundo árabe quiera resolver. El mundo árabe inventó el problema, porque la Liga Árabe quiere destruir Israel. El problema de los refugiados no se sostiene por sí solo. Es una consecuencia del continuo rechazo por parte del mundo árabe a aceptar el derecho de Israel a existir. Si éste no fuera el caso, los refugiados llevarían 50 años reasentados.
Queda la cuestión de cuánto tiempo más los medios izquierdistas podrán sostener la imagen de Livni como líder responsable y competente. Lograron prolongar una ficción similar con Olmert como líder nacional hasta que nos metió en el desastre del Líbano este verano. Esperemos que Livni quede en evidencia como la barroca oportunista e incompetente que es antes de que nos pueda causar un daño similar en el futuro, por no decir uno mayor.
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CAROLINE GLICK es periodista por la Universidad de Columbia y editor jefe en funciones de The Jerusalem Post.
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