Desarrollo
El enorme incremento de los precios del petróleo y el gas en el último par de años ha llevado a una renovada preocupación acerca de si el desarrollo económico mundial es “sostenible”. Típicamente, este término no se define con cuidado, sino que la sostenibilidad implica que las mejoras en las condiciones de vida de la generación presente deberían estar disponibles para las generaciones futuras. La preocupación se debe normalmente a que puesto que los combustibles fósiles y otras fuentes de energía no renovables son utilizados para producir el actual desarrollo económico, las futuras generaciones tendrán mucha mayor dificultad en lograr estándares de vida comparables. Una preocupación vinculada es el daño medioambiental debido al calentamiento global y otros tipos de polución que crean mayores problemas económicos y algunos problemas de salud para las futuras generaciones.
En un simple cálculo aritmético, el uso de algunos recursos no renovables en la producción actual reduce claramente la reserva restante de las futuras generaciones. Pero el concepto relevante para propósitos de desarrollo no es el suministro físico de combustibles fósiles y otros recursos no renovables, sino el precio económico de tener acceso a ellos. A lo largo de la mayor parte de los últimos 100 años, los precios de combustibles fósiles en comparación con otros precios se redujeron más que incrementarse, aunque se utilizaron cantidades significativas de estos combustibles para ayudar a desarrollar muchas naciones. Los motivos del declive del precio relativo son los nuevos descubrimientos y los métodos mejorados de extracción le fuentes conocidas del petróleo, gas y cobre, que llevan a un crecimiento de las reservas más que una reducción de las reservas económicamente accesibles.
Hace exactamente 140 años, un gran economista británico, W. Stanley Jevons, argumentaba (ver La cuestión del cobre, 1865) que el mundo se estaba quedando sin cobre, lo que afirmaba que en cuestión de algunas décadas imposibilitaría el progreso económico de Inglaterra y de otras naciones. El libro es un estudio estadístico de elevada calidad, pero hasta Jevons falló al anticipar el uso de petróleo, gas natural y energía nuclear, el descubrimiento de fuentes adicionales de cobre, y el grado de las mejoras de los métodos de extracción de cobre y de otros combustibles del sustrato.
Por supuesto, lo ocurrido el pasado no es una guía precisa del futuro. Pero un estudio del 2005 de Cambridge Economic Research Associates, una prestigiosa consultoría en el campo energético, estima que las reservas conocidas de combustibles líquidos (petróleo y gas) continuarán creciendo al menos en el futuro próximo, especialmente si los elevados precios de estos combustibles durante el último año continúan creciendo. Su informe discute la creciente importancia de perforar buscando petróleo en aguas profundas en lugar de las orillas, y de otros avances tecnológicos en la extracción más barata de las reservas mundiales de petróleo y gas natural, tanto en tierra como bajo el agua.
Incluso si uno obvia otros estudios y éste, y cree que las reservas relevantes de combustibles fósiles decaerán en el futuro, el suministro de fuentes energéticas se incrementa enormemente si la energía nuclear se utiliza más extensamente. Esa potencia también se basa en un recurso limitado, el uranio, pero el suministro de uranio es enorme en relación a su uso en la creación nuclear de electricidad. La energía nuclear no puede generar electricidad abiertamente, pero también puede utilizarse en lugar del petróleo y la gasolina para producir el hidrógeno utilizado en las células de hidrógeno. Aunque es demasiado pronto para afirmarlo, las células de hidrógeno podrían reemplazar a los motores de combustión interna en los coches, camiones y autobuses en algún momento de las próximas décadas. La energía nuclear también ayudaría a reducir las emisiones de gases invernadero tales como el CO2, y también otros tipos de polución, dado que es un combustible “limpio”.
Sin embargo, creo que la carencia seria del debate normal de la “sostenibilidad” es que debería referirse al bienestar total, no sólo al medido en las estadísticas generales de ingresos. Incluso si los combustibles fósiles son cada vez más escasos y caros, e incluso si hay más carencias en el entorno, las mejoras en la salud continuarán impulsando medidas del bienestar en conjunto. La esperanza de vida ha crecido enormemente durante el último medio siglo, virtualmente en todos los países, incluyendo los más pobres. En la práctica, la duración media de la vida ha crecido en general más rápidamente en los países pobres que los ricos, mientras se benefician de avances médicos y similares en la salud producidos por las naciones ricas. La epidemia del sida ha golpeado a diversas naciones africanas, pero el incremento de la esperanza de vida ha sido impresionante incluso en la mayor parte de África.
Un reciente estudio (ver Becker, Philipson y Soares, “La cantidad y calidad de vida y la evolución de la desigualdad del mundo”, American Economic Review, marzo del 2005) muestra cómo combinar las mejoras en la esperanza de vida con las medidas adicionales del crecimiento en el PIB con el fin de medir lo que llamamos el crecimiento en los ingresos “completos”. Reflejamos que el crecimiento completo desde 1965 has sido mucho más rápido que el de los ingresos materiales esencialmente en todos los países, pero especialmente en las naciones menos desarrolladas. Medida mejor de los ingresos totales que no sólo se ajusta al crecimiento de la expectativa de vida, sino también a los cambios del entorno y al mayor avance de la salud física y mental de los que viven, especialmente de los ancianos, crece incluso a un ritmo mayor.
Es altamente improbable que el ritmo del progreso médico se reduzca en las próximas décadas. De hecho, creo justamente lo contrario, que es probable que el progreso médico se acelere. Mi creencia se basa en los magníficos avances del conocimiento en la estructura genética de los humanos y de otros mamíferos, y el desarrollo de biomarcadores tales como la prueba PSA del cáncer de próstata o las pruebas sanguíneas de mutaciones genéticas BRAC 1 y BRAC2, que elevan enormemente el riesgo del cáncer de mama. Los expertos en mortalidad predicen enormes incrementos durante los próximos 50 años en las cifras de personas que superan los 70, 80 e incluso 90 años con una salud relativamente buena.
Reducir e invertir el calentamiento global puede exigir reducciones en el uso de los combustibles fósiles del mundo, y las reservas relevantes de recursos no renovables podrían reducirse en el futuro, en lugar de incrementarse. Estas fuerzas combinadas podrían reducir el PIB per cápita en muchos países – aunque lo dudo – pero el progreso del conocimiento médico producirá avances sustanciales en los ingresos totales del mundo. Igual que el bienestar per cápita de las generaciones presentes es muy superior al de nuestros padres y abuelos, el bienestar de las generaciones de nuestros hijos y nietos muy probablemente será muy superior al nuestro (dejando a un lado los perjuicios de posibles guerras enormemente destructivas y el terrorismo).
Por este motivo creo que mientras la literatura del desarrollo sostenible plantea preguntas importantes, el análisis ha sido inadecuado y demasiado alarmista. La mayor parte del debate asume la opinión mecánica de cambios en las reservas de recursos no renovables, prestando atención insuficiente a los avances tecnológicos en la economía, y dando poco peso a los enormes avances en la salud que muy probablemente continuarán en el futuro, y posiblemente hasta se acelerarán.
Gary Becker fue Premio Nobel de Economía en 1992.
Fuente: Blog de Gary Becker y Richard Posner










