“¿Debería preocuparse Estados Unidos si una compañía china adquiere una gran compañía norteamericana de propiedad pública? Este tema surgió recientemente cuando la China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) presentó una oferta para adquirir una compañía norteamericana de gas y petróleo, Unocal Corp”.
Gary Becker
¿Debería preocuparse Estados Unidos si una compañía china adquiere una gran compañía norteamericana de propiedad pública? Este tema surgió recientemente cuando la China National Offshore Oil Corporation (CNOOC), el mayor productor del petróleo marítimo de China, presentó una oferta para adquirir una compañía norteamericana de gas y petróleo, Unocal Corp, superando significativamente la oferta competidora de Chevron, otra compañía petrolera norteamericana. El intento de adquisición de Unocal por la CNOOC afrontó gran oposición en el Congreso, que resultó en la presentación por parte del Senador Byron Dorgan de una propuesta de ley que prohibía cualquier adquisición o fusión de estas dos compañías. Tras rondar a Unocal durante varios meses, la CNOOC aceptó la derrota del pasado martes y retiró su oferta, culpando a la atmósfera política de Washington.
La propuesta Dorgan enumera varias razones por las que la adquisición de Unocal por parte de CNOOC no interesaría a América, pero ninguna es convincente. La primera afirmación es que “los recursos del petróleo y gas natural son activos estratégicos críticos para la seguridad nacional y la prosperidad económica de la nación”. Entre otras cosas, esta declaración ignora que más de la mitad de la producción de gas natural y petróleo de Unocal procede de siete países de fuera de Norteamérica. Muchos países, incluyendo México, Brasil y la mayoría de los productores de Oriente Medio, han utilizado el argumento de “activo estratégico” para justificar por qué las compañías gubernamentales debían controlar la producción de petróleo y gas natural. Ni siquiera confían en empresas privadas nacionales con estos activos. Afortunadamente, Estados Unidos no ha tomado esta trayectoria y dispone de una gestión privada de un sector energético eficaz.
¿Por qué perjudicaría los intereses norteamericanos si las compañías niponas poseyeran activos en la producción de petróleo y gas de este país? Estados Unidos ya importa cerca de dos tercios de sus necesidades petroleras, y paga a precios mundiales tanto por el petróleo importado como por el petróleo nacional importado indirectamente para sus necesidades. Si la CNOOC adquiriese Unocal y sólo vendiera su producción a China – lo que prometió no hacer – eso reemplazaría otro petróleo y gas que China compra en el mercado mundial a precios determinados – el precio actual es de alrededor de 60 dólares el barril. Así que el petróleo y gas que eran adquiridos por China estarían disponibles para uso norteamericano exactamente a los mismos precios que los americanos pagan hoy cuando Unocal es compañía norteamericana.
Incluso si las compañías chinas controlan todas las reservas de petróleo y gas natural, un suceso muy improbable, aún tendrían una fracción muy inferior del petróleo y gas natural mundiales de Arabia Saudí, Rusia y otras naciones. Incluso si entonces hacía un perjuicio mínimo a Estados Unidos vendiendo toda su producción norteamericana a China, entonces Estados Unidos importaría lo que China había adquirido en el mercado mundial. En el caso de un conflicto militar entre China y Estados Unidos, claramente los activos de producción serían arrebatados a las compañías niponas, y transferidos a compañías nacionales. Así que eso pone a China, no ha América, en mayor riesgo económico en caso de una confrontación seria entre las dos naciones.
La propuesta Dorgan también se opone a la oferta de la CNOOC porque el gobierno central de China posee cerca del 70% de la compañía, y la adquisición de Unocal habría sido financiada y subvencionada por bancos nipones de propiedad estatal. ¿Por qué el hecho de que los subsidios nipones ayuden a financiar la oferta debe ser motivo de preocupación para los intereses norteamericanos? De hecho, la mayor parte de las grandes empresas de propiedad estatal de China son gestionadas ineficientemente, y sólo podrán recibir préstamos de bancos estatales porque los bancos son forzados políticamente a hacer estos préstamos. Como resultado, los préstamos bancarios a empresas del estado suponen centenares de billones de dólares en peligro, y muchos se considera que carecen de valor. Así que es muy probable que la puja exagerada de la CNOOC por los activos de Unocal pudiera significar una transferencia de dólares a los accionistas de Unocal desde el gobierno chino.
La protesta planteada por el intento de la CNOOC para adquirir Unocal fue inusualmente fuerte, pero también lo fue la oposición a que la IBM vendiese su negocio de fabricación de ordenadores sin beneficio a la principal compañía de ordenadores personales de China, Lenovo, y algo de descontento cuando una compañía nipona apostó por Maytag, una oferta que al final no tuvo éxito. La constante oposición a que las compañías niponas compren compañías norteamericanas recuerda a la preocupación de los años ochenta, cuando las compañías japonesas, inyectadas con el líquido de su accionariado en expansión y propiedades inmobiliarias, compraron Pebble Beach Golf Course, el Rockefeller Center, y otras muchas instituciones norteamericanas de renombre. Entonces también hubo amenazas de legislar límites para estas actividades, aunque las compañías japonesas nunca controlaron más de una fracción de tierra y de otros activos reducidos de Estados Unidos. Como acabó siendo el caso, las compañías japonesas acabaron pagando enormemente caras la mayor parte de sus adquisiciones, y terminaron transfiriendo parte de su riqueza generada durante la burbuja a los norteamericanos.
Dado que China es mucho mayor que Japón, se dice que supone una amenaza económica mayor para Estados Unidos. Sin embargo, un país rico como Japón es una competición más directa con los productos producidos y utilizados por las compañías norteamericanas que una nación pobre como China. Creo que en el bienestar del americano medio parte del crecimiento económico de estas dos naciones, pero especialmente de China, dado que China produce muchos bienes de fabricación intensiva, como juguetes o textiles, de manera mucho más barata de la que podría producirse en América. Países como Bangladesh pueden salir perjudicados por el crecimiento de China, dado que compiten con productos similares, pero el consumidor típico del mundo desarrollado se ha visto ayudado por el desarrollo económico de China, la India, Brasil, y otras naciones pobres.
La mayor parte de los políticos, los periodistas, e incluso muchos economistas, apoyan el libre comercio, incluyendo la compra de compañías extranjeras de activos norteamericanos, sólo cuando otras compañías se ajustan a las mismas normas de libre comercio. Como indica la propuesta Dorgan, China no permite el libre comercio de capital y restringe las compras extranjeras de compañías chinas.
Éstas políticas perjudican a China. Pero sin embargo, Estados Unidos está mejor posicionado en lo que respecta a compañías extranjeras, incluyendo las de China, para adquirir compañías norteamericanas si son competidoras, ya paguen exageradamente por los activos – lo que se llama “curso de ganadores” en la teoría de adjudicaciones – o bien como gestores eficaces. Estados Unidos se beneficia incluso del segundo caso, porque eleva la productividad total de la economía norteamericana, y fija un buen precedente para los competidores. La industria automovilística norteamericana es mucho más eficaz (y mucho más reducida) que en el pasado, en parte porque tenían que competir con coches hechos en Estados Unidos por fabricantes automovilísticos japoneses o alemanes. Los propietarios de coches norteamericanos también reciben coches mucho mejores a precios inferiores de los que habrían tenido sin las compañías automovilísticas de propiedad extranjera en Estados Unidos.
Así que por todos estos motivos, mi respuesta a la cuestión planteada por el título del comentario es que la propiedad nipona de compañías norteamericanas no supone una amenaza para los intereses norteamericanos.
Gary Becker fue Premio Nobel de Economía en 1992.
Fuente: Blog de Gary Becker y Richard Posner
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