Al parecer, cambios insoportablemente lentos, contradictorios y a veces casi imperceptibles en la temperatura de la atmósfera son capaces de producir ideologías como el comunismo, el fascismo y ahora el yihadismo islámico, aunque el presidente no vaya a usar ese término
La semana pasada, el presidente Barack Obama trató de darnos una lección de historia sobre el cambio climático. “Cuando los seres humanos se ven presionados, entonces suceden cosas malas”, dijo Obama. “Si nos fijamos en la historia mundial, cada vez que la gente está desesperada, cuando a la gente le falta alimento, cuando la gente no puede ganarse la vida o cuidar de su familia, allí es cuando surgen ideologías que son peligrosas”.
Bienvenidos a saltos en la lógica que podrían abarcar el Gran Cañón del Colorado. Al parecer, cambios insoportablemente lentos, contradictorios y a veces casi imperceptibles en la temperatura de la atmósfera son capaces de producir ideologías como el comunismo, el fascismo y ahora el yihadismo islámico, aunque el presidente no vaya a usar ese término. No importan todos esos detalles históricos acerca de lo que realmente produjo el ascenso de estas ideologías – trastornos sociales como la industrialización, disputas filosóficas desatadas por la Ilustración y las crisis dentro del islam. El presidente ya sabe lo que pasó.
Es el clima – una especie de determinismo meteorológico muy propio de un marxista climático.
Siempre lista a jugárselo todo en una mala idea, la asesora de Seguridad Nacional del presidente, Susan Rice, saltó a la palestra. Ella culpabiliza al cambio climático por la guerra civil siria.
Esto será una gran sorpresa para los manifestantes que en marzo de 2011 se vieron tiroteados por las fuerzas de seguridad de Assad. No estaban interesados en lo más mínimo en la sequía que Rice y otros arguyen causaron la guerra.
Los manifestantes no estaban pidiendo agua sino democracia y como cualquier universitario de segundo año sabría, los disturbios que dieron origen al conflicto no fueron debido a un clima seco sino por la opresión de Assad.
Si no me cree, créale a Richard Seager, coautor del informe que generó la teoría de que la guerra siria “fue culpa del cambio climático”. Después de argüir que el calentamiento global hizo que empeorara la sequía siria, añade rápidamente, “No estamos diciendo que la sequía provocara la guerra [siria]”.
Claro que la sequía no la provocó; eso sería absurdo.
Y sin embargo, eso es precisamente lo que Rice quiere que Ud. crea. Seager puede ponerse a salvo con una negación categórica a posteriori, pero él, Rice y otros como ellos saben que sus partidarios sí entenderán su verdadero significado.
Estos saltos en la lógica tienen un nombre. Se llaman sofismas.
Declaraciones vagas sobre lo que la “ciencia” que supuestamente significa se quedan colgando en el aire como meras sugerencias para después ser negadas o adoptadas dependiendo de lo útiles que sean para la agenda política. Ése es el significado literal de la sofística: el uso de argumentación sutilmente engañosa para hacer que una falsedad suene a verdad, más crudamente conocida como una mentira.
¿Puede haber alguna duda de por qué tantas personas son tan escépticas sobre las afirmaciones hechas por los defensores del cambio climático? En lugar de aplicar un cauto método científico, nos dan alarmismo y especulaciones que no se pueden respaldar con hechos.
Sugiero que el presidente tome algunos cursos de lógica e historia. Se los debe haber perdido cuando estudió en la Universidad de Columbia. Si no quiere hacerlo, entonces Obama al menos podría ahorrarnos sus inanes lecciones de historia mundial.
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