Europa, Política

Rusia: Deshaciendo el orden post-Guerra Fría

La aceptación oficial por parte de Rusia del nuevo orden había quedado ratificada de muchas formas a lo largo de estos años, desde el Memorándum de Bucarest de 1994, que aprobaba la independencia de Ucrania, hasta la participación de Moscú en las cumbres del G-20. Pero ahora resulta meridianamente claro que Rusia quiere refutar esos acuerdos.

¿Qué hay en juego en Ucrania? Si como dice el dicho, los hechos, en este caso de los gobiernos occidentales, valen más que las palabras, la respuesta breve es que “no mucho”. Aún no se ha impuesto toda la variedad de posibles sanciones contra Rusia, y hay una reticencia generalizada a respaldar a Ucrania de una forma demasiado clara.
Pero ¿y si nuestra reticencia es un error? Pues podríamos acabar deshaciendo todo el orden instaurado en Europa tras la Guerra Fría.
Merece la pena recordar cuál era la promesa de ese orden. Después de décadas de una Europa dividida, finalmente vimos cómo el continente se unía “al completo y en libertad”. Se estableció no sólo la democracia sino también el Estado de Derecho en zonas anteriormente controladas por la Unión Soviética. Hubo incluso la esperanza de que los valores democráticos se extendieran a la misma Rusia.

Eso no ha sucedido, pero nos consolamos creyendo que al menos Rusia lo había aceptado y que no desafiaría ese nuevo orden para el resto de Europa.

Obviamente, ése ya no es el caso. La anexión forzosa de Crimea por parte del presidente Putin y su uso de la fuerza para desestabilizar Ucrania no es solamente un asunto local dentro del “antiguo espacio soviético”, sino un desafío fundamental a los acuerdos de la Europa posterior a la Guerra Fría. La aceptación oficial por parte de Rusia del nuevo orden había quedado ratificada de muchas formas a lo largo de estos años, desde el Memorándum de Bucarest de 1994, que aprobaba la independencia de Ucrania, hasta la participación de Moscú en las cumbres del G-20. Pero ahora resulta meridianamente claro que Rusia quiere refutar esos acuerdos.
Se trata de un desafío que tiene por objetivo el corazón de la Unión Europea. La contribución de la UE a los acuerdos posteriores a la Guerra Fría había sido la institucionalización de la democracia, el Estado de Derecho y otras normas internacionales a medida que se expandía hacia el este. Y ahora Vladimir Putin les está diciendo que “no avancen más”.
La amenaza más seria para Europa procedente de Rusia no viene de tanques concentrados en las fronteras de Polonia o Letonia. Viene de un claro intento por minar la credibilidad de la UE como modelo viable para el espacio europeo y euroasiático. Vladimir Putin les está diciendo a su pueblo y al mundo que el modelo de los europeos es una farsa, y lo está apostando todo a que su dependencia de la energía rusa y los acuerdos empresariales los obligarán algún día a admitirlo.
Lo que está en juego es nada menos que la credibilidad de un orden democrático internacional para el espacio europeo basado en el respeto a las normas. Si Vladimir Putin consigue que aceptemos su reordenamiento por la fuerza del mapa europeo, y sí, Ucrania es parte de Europa, a pesar de no ser miembro de la UE, entonces no estará en duda sólo la legitimidad del orden europeo.

Lo estarán, además, las fronteras entre Europa y Rusia. Polonia y los Estados bálticos vivirán con el temor constante a que sus aliados de la OTAN los abandonen. Y Vladimir Putin hará todo lo que esté en su mano para avivar ese temor.

Hay quien trata de argumentar que todo lo que necesita Vladimir Putin es más respeto. Hemos llegado demasiado lejos, dicen, al provocar a Rusia, y que debido a eso Moscú está arremetiendo desde una posición de debilidad. ¿Por qué no aliviar el orgullo herido de Rusia y concederles una esfera de influencia para estabilizar las fronteras entre oriente y occidente?
La respuesta de Vladimir Putin es que no está interesado en la estabilidad sino en la inestabilidad.

Quiere mantener Ucrania en un estado perpetuo de agitación posiblemente para unirla a otros “conflictos congelados”, como son los de Georgia, Moldavia y Azerbaiyán. Su idea de una esfera de influencia es usar la fuerza para doblegar a un vecino soberano a su voluntad. Si aceptamos esto como la “nueva normalidad”, ya sea a causa de nuestra impaciencia o de un erróneo sentido del realismo, estaríamos reconociendo tácitamente las reclamaciones de Moscú en favor de un nuevo orden en Europa.

Tenemos un interés fundamental en mantener el actual orden europeo, y eso incluye lo que ocurre en Ucrania.

Puede que el compromiso militar se extienda solamente a los miembros de la OTAN, pero la misión política, de una escala superior, es la de defender una Europa “al completo y en libertad”. Aquellos que quieran decir “adiós a todo eso”, porque piensen que vivimos en una nueva era de limitaciones para Estados Unidos, deberían recordar que más vale prevenir que curar.


La crisis de Ucrania no afecta sólo a Ucrania. Nos incumbe a nosotros — y si merece la pena defender nuestra inversión de sesenta años en una Europa libre y estable.

Publicado originalmente en libertad.org

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