Economía y Sociedad, Europa

Integración de los inmigrantes en Francia: ¿mito o realidad?

A finales de enero se publicó un esperado estudio sobre la integración de los inmigrantes de segunda generación en la sociedad francesa. Los autores entrevistaron a más de 22.000 personas de entre 18 y 60 años. Como la constitución prohíbe recopilar datos demográficos por origen étnico o religión, tuvieron que solicitar permiso expreso a los tribunales.

El informe, de más de 600 páginas, supone una de las investigaciones más completas hasta la fecha sobre un problema que, según algunos analistas, se está intentando ocultar porque es “políticamente incorrecto” y contradice el pretendido multiculturalismo francés.

El estudio, realizado por el Instituto Nacional de Estudios Demográficos, ofrece algunas conclusiones positivas, como que la gran mayoría de los jóvenes de padres inmigrantes sienten que su identidad está por lo menos tan enraizada en lo francés como en la cultura originaria de la familia. Sin embargo, también está muy extendida la opinión de que son los propios franceses quienes no les perciben como compatriotas. Esta idea está especialmente arraigada entre los provenientes del África Subsahariana (un 56% lo cree así) y del Magreb (un 48%).

En realidad, dentro del colectivo de los inmigrantes de segunda generación, los distintos grupos étnicos están integrándose en la sociedad francesa de manera muy diferente. Los de origen europeo no están encontrando especiales dificultades en la escuela ni en el mercado laboral, salvo quizá los portugueses. En cambio, los africanos (y sobre todo los que vienen de países donde el árabe y no el francés es la lengua oficial) fracasan en los dos ámbitos. Además, la movilidad social entre los jóvenes actuales y la generación de sus padres es mucho menor en este grupo que en los demás. Y no se trata solo de una cuestión lingüística: en la gran mayoría de estas familias se hablan francés en casa, bien como única lengua o bien en combinación con la de los padres. La única excepción es la del colectivo de origen turco: un 20% de ellos decía no utilizar nunca el francés en casa.

Aunque las dificultades de integración que sufren los hijos de inmigrantes se manifiestan en distintos ámbitos (por ejemplo, en su mayor tasa de desempleo, aunque una vez más hay diferencias importantes según el país de origen), es en la escuela donde el mal desempeño de este colectivo resulta particularmente alarmante. Los inmigrantes de segunda generación están sobrerrepresentados entre los que abandonan la escuela sin el título de secundaria y entre los que continúan pero no llegan a examinarse del Bachillerato.

Los chicos se quedan atrás

No obstante, hay una importante diferencia entre chicos y chicas en este aspecto. Las inmigrantes de segunda generación entre 18 y 35 años aprobaron el Bachillerato (el examen que se realiza al final de la etapa secundaria superior) en una proporción similar a las nacionales del mismo segmento de edad: 62% y 65% respectivamente. En cambio, la brecha de los chicos es muy significativa: 48% frente al 59% de los de origen francés.

El peor rendimiento de los chicos con respecto a las chicas también se da en los estudiantes de origen francés. Sin embargo, la diferencia es especialmente abultada entre inmigrantes de segunda generación, tanto en los grupos con una tasa de abandono escolar por encima de la media (turcos, argelinos, o los que vienen del Sahel), como en aquellos que están por debajo. Por ejemplo, el buen desempeño de los inmigrantes asiáticos se produce a pesar de los chicos.

Algunos sociólogos que han participado en el estudio explican en Le Monde que los malos resultados de los inmigrantes de segunda generación en la escuela francesa se deben a varios factores, algunos asociados a su origen étnico y otros aplicables a todos los chicos. Por un lado, a los alumnos les cuesta más adaptarse a un tipo de clase en que tienen que estar sentados y en silencio durante largos periodos de tiempo. Un estudio sobre el clima escolar en las aulas francesas, publicado en la revista Education & Formations a finales de 2015, señalaba que los estudiantes varones son más proclives que las chicas a considerar injustos los castigos impuestos por los profesores, “una impresión que no es necesariamente errónea”, como comentaba uno de los autores.

Por otro lado, la lectura se percibe como una actividad femenina (son las madres quienes suelen leer a sus hijos). Además, las niñas suelen tener más vocabulario porque, en general, los padres tienden a hablarles más y desde una edad más temprana. Estas desventajas de los chicos con respecto a las destrezas lingüísticas se ven acentuadas en los hijos de inmigrantes que no conocen el idioma o no lo practican con la misma frecuencia que sus compañeros franceses.

Otros aspectos tienen que ver con la socialización familiar. Las hijas en estas familias reciben un seguimiento en los estudios más intenso que el de los hijos: en parte porque las madres, que son quienes más se ocupan de estas tareas, no quieren ver repetida en sus hijas la misma condición de dependencia respecto del varón en la que viven muchas de ellas, y en parte porque en el contexto cultural de una parte importante de estas familias se espera de las niñas una actitud de docilidad y sumisión que no se aplica a los niños, o no en la misma medida. Según los investigadores, también puede influir el modelo de familia polígama frecuente en algunos colectivos, donde el papel de la madre queda difuminado. La falta de control sobre los chicos se refleja en el elevado índice de delincuencia juvenil entre los hijos de inmigrantes, especialmente alto entre los provenientes del Sahel.

El colegio: un muro de silencio

Según Laure Moguérou, una socióloga que ha entrevistado a muchas familias de origen inmigrante residentes en Francia, el fracaso escolar de los chicos es evidente. Sin embargo, los colegios miran para otro lado, como si no existiera ningún problema. De esta forma, se ha construido un “muro de silencio” que impide capacitar a los profesores para abordar la situación de manera eficiente.

Otros muros invisibles que impiden la mejor integración de los inmigrantes tienen que ver con lo que se ha llamado “segregación urbanística”. Las zonas urbanas sensibles (ZUS) concentran a casi cinco millones de personas, entre las que la proporción de inmigrantes es muy alta. La mitad de los menores vive bajo el umbral de la pobreza y el índice de analfabetismo cuadriplica la media. Algunos analistas franceses han señalado que para acabar con el problema escolar de los hijos de inmigrantes primero hace falta abordar una política urbanística verdaderamente integradora.

© Aceprensa

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú