Economía y Sociedad, Política

La desigualdad ha crecido en Estados Unidos

La tasa del 15,1% de pobreza es la más alta de la década, y desde 1965 solo ha sido igualada o superada en 1993 (15,1%) y en 1983 (15,2%). Desde 2007, comienzo de la crisis, la tasa ha aumentado casi un 3%.

Cada año, el gobierno norteamericano elabora un estudio –CPS ASEC, estudio sobre la población actual (CPS) más el suplemento económico y social (ASEC) – que analiza el estado de la microeconomía del país: los números reales, sin tener en cuenta las grandes cifras macroeconómicas.

El informe está dividido en tres partes: ingresos, pobreza y cobertura del seguro médico. Para cada una de las partes se tiene en cuenta distintas variables como la raza, la edad, el tipo de hogar en el que se viva o la región. Los datos del 2010 son negativos en casi todas las combinaciones posibles.

El porcentaje de población por debajo del umbral de la pobreza pasó del 14,3% en 2009 al 15,1%. Los ingresos medios descendieron un 2,3% en 2010, y un 6,4% en total desde 2007, antes de la crisis. Por último, el porcentaje de ciudadanos que no cuentan con un seguro médico de uno u otro tipo –un índice relacionado indirectamente con la pobreza– siguió aumentado, aunque menos que en años anteriores. La crisis ha servido, al menos, para que los sueldos de las mujeres se hayan acercado un poco a los de los hombres.

Caen los ingresos, pero no por igual

Los hogares norteamericanos perdieron en 2010 una media de un 2,3% de poder adquisitivo respecto al año anterior. La bajada ha afectado más a las formas de convivencia no familiar. Entre las familiares, la peor parte se la han llevado aquellas donde los hijos viven solo con la madre (-3,3%), situación que no deja de crecer en Estados Unidos: en 2010 había un 20% más de familias sin padre que en 2009, mientras que el aumento global de familias solo fue del 7%. Los que menos han visto disminuir sus ingresos han sido las parejas casadas. Si se tiene en cuenta a todos los miembros de la familia, los hogares con hijos entre 15 y 24 años han sido los que más han sufrido la crisis.

Por razas, los peores números son para la minoría negra. Desde 2007, sus ingresos han caído un 10,1%, prácticamente el doble que los de los blancos (5,2%). La tendencia no comenzó con la crisis: la minoría negra ha perdido casi un 15% de poder adquisitivo desde el año 2000. Algo parecido ocurre con los hispanos: el retroceso del 2010 (-7,5%) solo acentúa una tendencia que les ha llevado a perder más del 10% de sus ingresos en la última década. La minoría asiática, aunque perdió un 7,5% en 2010, está en una situación mucho más ventajosa. De hecho, en ingresos medios está por encima del resto de etnias, incluida la blanca.

Los ingresos también varían según la zona de Estados Unidos en que se viva. La diferencia entre los ingresos de un hogar medio en el Noreste –la región más rica– y otro en el Sur –la más pobre– ronda los 8.000 dólares por año (53.283 y 45.492 respectivamente). Este apreciable nivel de ingresos de un hogar medio indica que, excepto las más pobres, las familias americanas viven bastante bien.

Si un ciudadano norteamericano vive en el Suroeste y además pertenece a los estratos económicos más bajos, entonces puede considerarse el peor tratado por la economía de su país en la última década. Entre 1999 y 2010, los que se sitúan en el percentil 10 en cuanto a sus ingresos –solo tienen por debajo al 9% de la población– perdieron un 12,1% de su poder adquisitivo. Durante ese mismo periodo, los del percentil 90 tan solo perdieron un 1,5%. Claro que aún peor lo habrán pasado quienes además no tienen la ciudadanía estadounidense. Los últimos tres años han sido especialmente duros para ellos.

46 millones de pobres

Unos 46 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza en Estados Unidos, según los límites que fija la propia Oficina del Censo. Para una persona que viva sola, el umbral de la pobreza se sitúa en 11.139 dólares de ingresos totales por año. En una familia media con dos hijos y uno por debajo de los 18 años el límite está en 22.859 dólares.

La tasa del 15,1% de pobreza es la más alta de la década, y desde 1965 solo ha sido igualada o superada en 1993 (15,1%) y en 1983 (15,2%). Desde 2007, comienzo de la crisis, la tasa ha aumentado casi un 3%.

El análisis de las variables señala patrones similares a los observados en los ingresos: los más perjudicados son los jóvenes, las minorías –salvo la asiática–, las estructuras no familiares, las familias monoparentales, el Suroeste del país y los residentes sin ciudadanía.

La tasa de pobreza entre los negros y los hispanos casi dobla la tasa media del 15,1% (27,4% y 26,6% respectivamente), mientras que los asiáticos se encuentran por debajo de los valores medios. Los triplican las formas de convivencia no familiares (45,5%), los doblan las familias monoparentales de madres divorciadas (30,1%), y los superan ampliamente los no ciudadanos (26,7%), los hogares con hijos menores de 6 años (25,3%), los individuos de menos de 18 años (22%) y los que sufren alguna discapacidad (27,9%).

Más ciudadanos sin ningún seguro médico

Pese a los esfuerzos de la administración Obama por convencer a la ciudadanía de contratar algún seguro médico, el número de los no asegurados volvió a crecer en 2010, y acumula el cuarto año consecutivo. Desde que se tienen datos, nunca antes había habido un porcentaje tan alto de población sin seguro, que en 2010 alcanzaba el 16,3%, equivalente a 49 millones de personas (los que no tienen seguro privado, ni acceso a los seguros públicos Medicare o Medicaid).

Al tomar en cuenta variables como los ingresos o la región, se aprecia que la ausencia de seguro suele coincidir con los contextos de mayor pobreza –por ejemplo, entre los hogares con ingresos anuales inferiores a 25.000 dólares los no asegurados suponen el 26.9%, mientras que donde los ingresos superan los 75.000 dólares el porcentaje se reduce al 8%–.

Pero la consideración de la edad ofrece un pequeño matiz. El sector de la población que menos contrata algún tipo de seguro es el de los individuos de 19 a 34 años (29% de no asegurados), que no son los más pobres. Se observa que desde los 18 hasta los 40 años, existe en la sociedad norteamericana una importante reticencia hacia los seguros, quizás porque se considera el periodo con menos posibilidades de enfermar. En cambio, los porcentajes de no asegurados por debajo de los 18 años y por encima de los 65 son muy bajos, 9,8% y 2% respectivamente.

De ahí que la tasa de asegurados no se pueda tomar como un indicador directamente relacionado con la pobreza, pues los datos parecen sugerir que existen muchas personas que podrían permitírselo pero que prefieren no contratarlo porque no lo ven necesario.

No es solo cuestión de riqueza

Tampoco existe una relación directa entre riqueza y seguro médico si se tiene en cuenta la raza. Mientras los negros, con el índice de pobreza más alto, contratan mayoritariamente algún tipo de seguro (80%), el porcentaje se reduce considerablemente entre los hispanos (70%). Llama la atención también que las minorías asiática y negra, muy diferentes en cuanto a ingresos medios, tengan un porcentaje de no asegurados muy similar.

Otros datos descollantes en cuanto al seguro médico son la proporción de residentes extranjeros sin asegurar (45%) o la de quienes conviven en estructuras no familiares (25,9%).

Dentro de los seguros privados, descendieron los seguros basados en el trabajo y en cambio aumentaron los de contratación directa. Algo que también llama la atención en una época de vacas flacas.

Las elecciones como telón de fondo

Si en algo coinciden las últimas encuestas de intención de voto en Estados Unidos, es en que Obama tendrá que pelear la victoria hasta el final. En este contexto, cualquier gesto de cercanía a los más pobres puede granjearle apoyos entre unas minorías cada vez más descontentas con su gestión.

La reciente propuesta de una tasa para ricos –llamada Regla Buffet en alusión a las declaraciones del magnate en las que denunciaba que Washington mimaba a los más pudientes– puede interpretarse como uno de esos gestos.

Parece claro que la propuesta será rechazada por los republicanos y que por tanto no saldrá adelante en esta legislatura. Pero, a la vista del último informe del censo norteamericano, la iniciativa de forzar a los más ricos a contribuir de manera más responsable parece una obligación política, y también moral.

 

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