Economía y Sociedad, Europa

Una oferta que los chipriotas no pueden rechazar

En lo que se ha convertido en la costumbre deprimentemente familiar de la Unión Europea, se ha alcanzado otro acuerdo “de última hora” entre el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional — la “troika” — y el Presidente chipriota Nicos Anastasiades, para evitar una quiebra nacional.

 “No había soluciones, solamente decisiones difíciles“, decía a la prensa reunida en Bruselas, donde se alcanzó el acuerdo, el Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios Oli Rehn.
 
Decisiones difíciles de verdad. A cambio de un rescate de 10.000 millones de euros, el minúsculo país mediterráneo accede a disolver la segunda mayor entidad de Chipre, el Banco Laiki, eliminando de un plumazo miles de puestos de trabajo. Los titulares de cuentas de más de 100.000 euros afrontarán pérdidas potencialmente enormes, el porcentaje de las cuales todavía no se ha determinado. Pero dado que se espera que la entidad reúna los aproximadamente 5.400 millones de dólares necesarios para cumplir el acuerdo más reciente, se calcula que las pérdidas llegarán al 40%, más de 4 veces el 9,9% del que se hablaba en el anterior acuerdo, rechazado por el Parlamento la pasada semana en votación unánime 36 a 0.
 
Según el acuerdo, que recuerda al rescate del programa TARP estadounidense, el Banco Laiki deja de existir con carácter inmediato, transformado en un “banco malo” que alberga los depósitos sin garantizar y los activos tóxicos; los depósitos restantes son transferidos mientras tanto al “bueno” Banco de Chipre, principal institución de crédito del país.
 
Los eurófilos y los demás izquierdistas del ramo ofrecen su excusa típica a la iniciativa más reciente.
 
El New York Times enmarca el acuerdo diciendo que “poda el desproporcionado sector bancario chipriota, saturado de miles de millones de dólares procedentes de Rusia y el resto de la antigua Unión Soviética”. La responsable del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde lo llama “un plan solvente e integral para devolver la fe en el sistema bancario del país“. El Ministro galo de Economía Pierre Moscovici considera imprescindible el acuerdo, porque Chipre es “una economía casino al borde de la quiebra”.
 
Los aludidos se muestran mucho menos optimistas.
 
”Esta decisión es dolorosa para el pueblo de Chipre. Esta decisión es la derrota de la solidaridad, de la cohesión social, de las libertades fundamentales, de los principios fundamentales de la Unión Europea“, declaraba a Associated Press el Presidente del Parlamento Yiannakis Omirou.
 
El aspecto más sorprendente — y totalmente ingenuo — del acuerdo es la idea de que lo que está sucediendo en Chipre va a quedarse en Chipre.
 
El secretario del británico Partido por la Independencia (UKIP) Nigel Farage instaba a los británicos afincados en España a retirar su dinero de las instituciones españolas, afirmando que los líderes de la Unión Europea “han cruzado una frontera” en Chipre.
 
Las cosas se pondrán peor sin duda. Los rusos, con cuentas de 31.000 millones de los 88.000 depositados en bancos chipriotas, van a encontrar seguramente otros lugares en los que meter su dinero, tras haber sido desplumados por este acuerdo. Docenas se desplazaban al país la pasada semana a despachar su indignación contra los funcionarios chipriotas. El “impacto” va más allá de lo monetario. Un sondeo llevado a cabo por la cadena de televisión chipriota Sigma concluye que más del 66% de los encuestados se muestran dispuestos a abandonar el euro y acercarse a Rusia.
 
No hay duda de que Chipre se ha beneficiado enormemente de sus 30 años de reputación como paraíso fiscal. Las empresas extranjeras pagan un tipo impositivo fijo de sólo el 10%, que hace al país extremadamente atractivo para operar. Esa realidad podría explicar el verdadero sentido de este acuerdo: enviar el mensaje de que la bestia socialista que está devorando a Europa no va a detenerse ante ningún desafío a su autoridad supranacionalista y tributaria, a pesar de la realidad de que los que pusieron en marcha la dinámica de la “Europa de dos velocidades” son los supranacionalistas partidarios del “nuevo orden mundial“. Se trata de la dinámica que ha permitido que Alemania riña a sus manirrotos vecinos del sur por ser fiscalmente insensatos, al tiempo que su economía, fuertemente dependiente de la exportación, exige de esos países para vender los productos alemanes.
 
Desde que comenzó la crisis fiscal europea, los burócratas de Bruselas han logrado convencer a la mayoría de la gente de Grecia, España o Italia de que la quiebra nacional y la vuelta a sus antiguas divisas sería algo mucho más catastrófico que las actuales medidas de austeridad.
 
Pero se desconoce cuánto tiempo más va a seguir teniendo adeptos el argumento. En Grecia, por ejemplo, la tasa de paro alcanzó en noviembre un récord del 27%. Casi increíblemente, la tasa salta al 61,7% en la horquilla de 15 a 24 años de edad. Grecia se encuentra en el sexto año consecutivo de una “recesión” que en realidad es una flagrante depresión, y durante 2012 su economía se contrajo otros 6,45 enteros. Además, el 35% de la población entera se encontrará oficialmente en condiciones de pobreza para finales del año 2013, un incremento de 5 puntos con respecto a los dos años anteriores, y sin final a la vista. ¿En serio es peor una quiebra nacional y la vuelta al dracma, devaluado para atraer la inversión extranjera?
 
Esa conclusión es justamente lo que los burócratas de Bruselas y las instituciones financieras internacionales intentan censurar con desesperación. Pero en su impenitente arrogancia, se han extralimitado. El fundamento real que anima a la gente a meter su dinero en instituciones económicas es la confianza. Esa confianza a estas alturas está diezmada.
 
Los chipriotas pueden seguir la iniciativa del Presidente islandés Olafur Ragnar Grimson. Cuando el país se enfrentó a una crisis bancaria en 2008, adoptó el enfoque capitalista al problema: que los bancos asuman sus pérdidas. Cinco años más tarde, la economía crece dentro del margen del 3% y su tasa de paro, que en enero de 2011 se situaba en el 8,6%, había bajado al 5,5% en enero de 2013. En el Foro Económico Mundial de Davos aquel mismo mes, Grimson hacía la pregunta fundamental. ”¿Por qué tratamos a los bancos como si fueran templos?” reflexionaba. A lo mejor los chipriotas — con muchísima gente más — se empezarán a hacer ahora ésa misma pregunta.
 

Arnold Ahlert es columnista del New York Post.

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