“Las pruebas de que estamos ya en otra recesión empiezan a acumularse, y llevamos ya unos meses viéndolas”, afirma Lakshman Achuthan, cofundador del Economic Cycle Research Institute (ECRI).

El Presidente
Barack Obama afirmaba el domingo que el país “va camino de una mejora del crecimiento económico en 2013, pero lo que nos viene lastrando es la disfunción de Washington”. Obama desde luego tiene razón en la disfunción de la capital de nuestro país, pero que la economía de América vaya en la dirección correcta este año que empieza recuerda a lo de los “brotes verdes” de hace un par de años que acabaron siendo solamente eso: palabras. Además, a juzgar por los datos económicos recientes, bastantes economistas están convencidos de que Estados Unidos se encuentra ya en medio de otra recesión.
“Las pruebas de que estamos ya en otra recesión empiezan a acumularse, y llevamos ya unos meses viéndolas”, afirma Lakshman Achuthan, cofundador del Economic Cycle Research Institute (ECRI). A pesar del crecimiento económico del 2,7% registrado durante el tercer trimestre, Lakshman piensa que fue julio el mes en el que comenzó la nueva recesión. Sustenta esa opinión en los datos dados a conocer por la Oficina Nacional de Información Económica (NBER), centrándose en tres de los cuatro indicadores que la instancia utiliza para elaborar los pronósticos de las contracciones económicas — el dato de la producción industrial, el dato de la renta y el dato de las ventas al por menor — índices todos que alcanzaron su apogeo a mediados de verano. Caracteriza la mejora del dato del paro como “la excepción que confirma la regla”, pero insiste en que “el empleo va a seguir contrayéndose y acabará por unirse al resto de indicadores en su tendencia bajista”, destacando además que el ligero incremento del número de puestos de trabajo creados y del PIB “no es en absoluto inconsistente” con los patrones históricos que demuestran que ambos indicadores mejoran al principio de las recesiones.
La interpretación que hace Achuthan del dato del paro es técnicamente correcta, pero omite una de las realidades inconvenientes pasadas por alto durante la campaña electoral presidencial. Gran parte de los medios convencionales se prestaron a anunciar a los cuatro vientos la caída acusada del paro en noviembre al 7,7%, con respecto al 7,9% registrado en el mes de octubre. Menos se habló de la contracción de la población activa, que pasó del 63,8% de octubre al 63,6% de noviembre. Desde el año 2009, la participación en la población activa ha descendido 3,5 millones de estadounidenses, parados que simplemente han dejado de buscar empleo. Como resultado, dejan de aparecer en la tasa de paro. Si se cuentan, la tasa de paro es del 10,7%.
Además hay peores noticias para esos estadounidenses convencidos de que el Estado está creciendo a un ritmo incontrolable. CNSNews.com informa que “durante los últimos cinco meses se han creado 621.000 puestos de trabajo en el sector público, equivalentes al 73,3% de los 847.000 puestos de trabajo creados en la economía” utilizando las cifras que facilita la Oficina de Información Estadística Laboral. La oficina también calcula que “el número de nóminas de septiembre en el sector servicios se revisa entre +148.000 y +132.000, y el cambio registrado del mes de octubre se revisa entre +171.000 y +138.000. En otras palabras, la cifra del empleo destacada de forma prominente en la campaña presidencial electoral en los meses de septiembre y octubre se revisa a la baja en 16.000 y 33.000 puestos de trabajo respectivamente.
Luego está la actividad industrial, que desde que la recesión acabó oficialmente en 2009 viene superando a los demás sectores de la economía, representando casi el 75 por ciento del producto nacional del país en forma de exportación y compra de activos. Una vez más, el dato promovido por la campaña electoral del presidente es que se registró un incremento de la actividad que habría creado medio millón de puestos de trabajo nuevos en los dos últimos años, incluso si los datos no están claros en el ínterin. En primer lugar, desde el año 2007 se han destruido 1,8 millones de puestos de trabajo en la producción, lo que significa que desde que comenzó la recesión sigue habiendo 1,3 millones de personas menos trabajando en el sector.
En segundo lugar, como informa Bloomberg News, la actividad industrial “desde el final del primer trimestre del año 2012, ha permanecido esencialmente estancada”. Se citan varios indicadores, incluyendo la caída en la actividad por cuarta vez en seis meses, la destrucción de 24.000 empleos desde julio (incluyendo 7.000 en noviembre), una caída acusada “inesperada” en la exportación y el descenso de los pedidos nuevos en defensa y transportes registrado en el mes de octubre. Además, la Reservas Federal dice que la producción industrial representa un anémico 63 por ciento de la registrada en el año 2007.
Otro indicador que habla de recesión es el inventario. El Informe Avanzado de Inventario, Envíos y Pedidos de Bienes Industriales de julio de 2012 que elabora la Oficina del Censo de los Estados Unidos revela que en el mes de julio, el inventario creció hasta los 59.800 millones de dólares. Esa cifra representa la segunda más elevada de la serie desde que se calcula el dato, superada solamente por los 60.200 millones de dólares en inventario registrados durante el pinchazo inmobiliario que condujo a la Gran Recesión. Un inventario elevado es reflejo de dos realidades: o las empresas esperan un crecimiento enorme del consumo, o la demanda actual brilla por su ausencia.
Se apuesta por lo segundo, como refleja la realidad de que el gasto navideño apenas creció un 0,7% con respecto al registrado el año pasado, según el informe que elabora MasterCard. Otras empresas de crédito van a registrar datos igual de malos, plasmando una vez más otra predicción equivocada, cortesía de la Federación Industrial Nacional, que esperaba un incremento del 4,1% del consumo navideño. Puesto que el consumo sigue representando el 70 por ciento de nuestra economía, estas cifras son alarmantes.
Pero hay cifras mucho peores. El uso de vales de comida está alcanzando nuevas cotas, habiendo 47.102.780 estadounidenses que en el mes de agosto de 2012 solicitaron ayuda, otra estadística que se conoció tres días después de las elecciones. Representa un incremento de 15 millones de estadounidenses desde que en el año 2009 fue investido Obama, y revela además la cruda realidad de que al programa se acoge un estadounidense de cada 6,7. Otra cifra récord incluye las compensaciones por discapacidad de la seguridad social, que se han disparado hasta los 8,8 millones dando lugar a un déficit de 47.800 millones de dólares para el ejercicio fiscal 2012 en las arcas del programa. Esta cifra revela otro dato estadístico escalofriante: por cada 1,67 estadounidenses que había trabajando en el año 2011 en el sector privado a jornada completa, hay un estadounidense que vive de la seguridad social.
Por desgracia, tanto durante la campaña electoral como ahora, los estadounidenses siguen desconociendo felizmente — o voluntariamente — estas tendencias. Parte de la razón se desprende del hecho de que los datos utilizados por los economistas para calcular el rumbo de la economía han de ser recabados y analizados durante el transcurso de varios meses, lo que conduce a un retraso entre el momento real de inicio de la recesión y el momento en el que es conocida por la opinión pública. Otra parte del motivo es la rentable demagogia de lucha de clases de alto nivel emprendida por el presidente: ha convencido a una mayoría de estadounidenses de que “gravar a las rentas altas” es lo único que hace falta para poner en marcha de nuevo la economía, y que podemos recuperar la solvencia económica y la felicidad a base de “redistribuir la riqueza”.
Los americanos deberían de notar que toda la estadística mencionada aquí fue calculada mucho antes incluso de conocerse los parámetros de las negociaciones del “abismo fiscal”. Nada de lo acordado a principios de esta semana tiene posibilidades de alterar de forma relevante la trayectoria de la economía. O estamos inmersos en una recesión nueva, o estamos inmersos en el estancamiento económico “nuevo normal”. Esa es la realidad a la que nos estamos enfrentando, por la más sencilla de las razones: muchos estadounidenses quieren un gobierno enorme mientras sea “otro” el que lo pague. Mientras persista esa postura, vamos a pagarla de una forma u otra.
Arnold Ahlert es columnista del New York Post.
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