Novela más narrativa que las últimas de Vila-Matas, que da otra vuelta de tuerca a su singular mundo libresco y literario.
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Sábado, 10 de octubre 2026

Novela más narrativa que las últimas de Vila-Matas, que da otra vuelta de tuerca a su singular mundo libresco y literario.

Autor: Enrique Vila-Matas
El narrador, que bien podría ser el propio Vila-Matas, un escritor de Barcelona, recibe una invitación para asistir, en la Universidad suiza de Sankt Gallen, a un congreso literario sobre el fracaso. En una de sus conferencias, Vilnius Lancastre, el hijo de un conocido escritor también barcelonés que ha fallecido hace unas semanas, decide contar la mala relación que tenía con su padre y, a la vez, reflexionar en voz alta sobre algunas de sus obsesiones artísticas que se entremezclan con el relato de su vida. La conferencia, como no podía ser de otra manera, resulta un fracaso total, pero permite al narrador conocer más de cerca a Vilnius, al que apodan Dylan por su parecido físico con el cantautor norteamericano.
Vilnius y, por extensión, la vida de su padre, se convierten en la obsesión del narrador, que conoció al segundo y compartió con él algunos momentos y anécdotas. Vilnius ha trabajado en la publicidad y ahora se dedica de lleno al cine. Incluso ha grabado un cortometraje y se encuentra investigando sobre dos cuestiones: la primera, completar lo que él llama el Archivo General del Fracaso; por otro, descubrir quién fue el autor de la frase “Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien”, que aparece en la película Tres camaradas, dirigida en 1938 por Franz Borzage y que contó con la colaboración como guionista de Francis Scott Fitzgerald. A la vez, Vilnius quiere resolver algunos misterios que envuelven la vida de su padre y la distante y corrosiva relación que tuvo con él y sigue teniendo con su madre.
Con estos mimbres, Vila-Matas quiere escribir una novela más narrativa que las anteriores, alejándose un tanto de los mecanismos de la autoficción que han caracterizado sus últimos libros. Pero esto no significa que escriba una novela de corte tradicional. Si algo define la literatura de Vila-Matas es su carácter innovador, con su declarado y mantenido rechazo del realismo narrativo en todas sus vertientes. Esta actitud la radicalizó especialmente en sus últimos libros, saturados de metaliteratura; los riesgos de este camino, como se advirtió en la novela anterior, Dublinesca, eran muy evidentes, pues Vila-Matas parecía haberse metido en un callejón sin salida.
Intenta, pues, construir una novela con un argumento más redondo, con una trama más delimitada y con unas ideas de fondo más asibles. Sin embargo, Vila-Matas es Vila-Matas hasta cuando decide ser un poco menos Vila-Matas. La novela tiene sus buenos momentos, típicos del autor catalán, donde con humor aborda cuestiones literarias que resultan entretenidas y peregrinas, por mucho que rodee estas escenas de un proceso de investigación casi policial. Vila-Matas, además, escribe muy bien, y su ironía y actitud desenfadada ante la realidad resultan gratificantes.
Pero el abrumador peso de lo literario y libresco y la ausencia de un conflicto más existencial convierten sus novelas en un laberinto de digresiones más o menos interesantes sobre la identidad, los espejos, la vida, la literatura, el arte, la realidad, el teatro (en esta novela, especialmente), las relaciones padre-hijo, que, sin embargo, no consiguen ni contagiar ni emocionar. Hay que aplaudir su deseo de buscar nuevos caminos literarios; pero la innovación por la innovación tampoco resulta ningún valor si no lleva a ninguna parte.
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