El uso del islam por los grupos terroristas forma parte central del deterioro en curso de las relaciones y no puede pasarse por alto. En este respecto, el informe comete una enorme negligencia al no exhortar a los líderes musulmanes políticos y religiosos a que denuncien la violencia e intolerancia fundamentada en la religión como los disturbios por las caricaturas o, específicamente, la condena del terrorismo que practican los extremistas islámicos.
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