Cuando el asesinato ya no es asesinato, cuando la tortura deje de llamarse tortura en aras de un pretendido interés superior de defensa, ése es el momento en el que el mal contra el que pretendíamos luchar habrá conseguido vencernos, el momento en el que los terroristas habrán conseguido su propósito: la destrucción del cimiento de nuestras sociedades.
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