Litvinenko sabía más de sus circunstancias que nadie. Y en su lecho de muerte, la gente no miente. Como decía Maquiavelo en la materia (algunos atribuyen esto a Voltaire), tras rechazar tres veces las increpaciones de un cura para que se arrepintiera de sus pecados y renunciara a Satán, “En este momento, Padre, uno intenta no crearse enemigos nuevos”.
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