Mientras Chávez despliega sus largas prédicas morales ante los oídos de fieles y extrañados auditorios, condenando la riqueza pervertidora, tienen lugar en los pasillos y en los almuerzos suculentos grandes negociados, corruptelas, enriquecimientos entre los capitostes y sus testaferros y contrapartes. La pobreza, como siempre, es la de los otros.
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