Mientras Chávez despliega sus largas prédicas morales ante los oídos de fieles y extrañados auditorios, condenando la riqueza pervertidora, tienen lugar en los pasillos y en los almuerzos suculentos grandes negociados, corruptelas, enriquecimientos entre los capitostes y sus testaferros y contrapartes. La pobreza, como siempre, es la de los otros.
Diego Bautista Urbaneja
LA INSISTENCIA DE CHAVEZ en sus última apariciones públicas sobre el tema de la riqueza y la pobreza nos brindan claves importantes para atisbar el talante de eso que en el reciente discurso oficialista se está llamando socialismo.
Algunos comentaristas se oponen a la idea de debatir seriamente una propuesta que, intelectualmente hablando, carece de seriedad y que a su juicio no es más que una nueva maniobra política del barinés. Ciertamente que es embarazoso discutir, como si se tratara de algo teóricamente sustancioso, una propuesta tan tosca y primitiva, ese viejo en pañales, como el que viene saliendo de los hornos ideológicos del oficialismo. Pero, qué remedio. Las palabras de Chávez de hecho tienen en la actualidad venezolana consecuencias reales, así que es necesario ocuparse de ellas, así sea someramente.
LA POBREZA DIGNA. Así pues, Chávez ha venido insistiendo sobre un tema central que en alguna declaración planteó de la siguiente forma: “Nosotros no queremos ser ricos, sino vivir en condiciones dignas, con vivienda humilde pero digna, como hermanos”.
De modo que estamos de vuelta a la vieja idea de la “pobreza digna” y su inseparable compañera, la idea del “hombre nuevo”. Según algunos intérpretes, colocados en la línea de la idea de la maniobra, Chávez, sabiendo lo que viene, nos está preparando para las épocas de penurias que serán consecuencia de su desastrosa gestión económica. Ve ya sus nubarrones en el horizonte, e incapaz de retroceder, nos anuncia como cosa buena la era de la humildad general y solidaria.
LA VERDADERA CUBANIZACION. Puede que haya algo de eso. Pero creo que hay algo más profundo. Las palabras citadas, en sí mismas más bien bonitas, nos dejan ver la visión de la sociedad que en verdad tiene este gobernante, por los momentos de mucha influencia en el acontecer. La idea de la “pobreza digna”, estática, está en el centro de la propuesta socialista que nos hace.
Una de las tragedias que está viviendo el país es la perspectiva de que su futuro, que podría ser tan pujante y dinámico, vaya a tener que cargar con el fardo de las elementales ideas de este hombre. Entre ellas, la visión que tiene de una sociedad estática, incapaz de producir riqueza, empobrecida, que se mueve en niveles de vida modestos, cuya vida y movimientos estén sujetos al control, discusión y vigilancia de grupos colectivos, “participativos”, enrolados en la filosofía oficialista que viene de “arriba”.
Una sociedad de la que están ausentes los sueños y proyectos de buena prosperidad personal y familiar, las ideas de productividad, competitividad, eficiencia, la del saber concreto que produce cosas tangibles cada vez mejores. Una sociedad donde pasa poco, y la vida transcurre en un repetitivo círculo, punteado por reuniones de “compañeros” y “compatriotas” que se vigilan y se dan ánimo. Repleta de formas improductivas, que no sirven para mayor cosa, pero que reúnen y organizan gente. Y lo que todo eso trae políticamente, porque para mantener a una sociedad en los confines de la pobreza estática, hace falta mucho control político.
Una sociedad, en fin, como la cubana. Allí, más que en cualquier otra cosa de las que se denuncian, es donde veo la verdadera cubanidad de este régimen, la profunda cubanización que amenaza a este país. Recordemos por no dejar que este socialismo pobre se recuesta sobre alguna forma de renta, llámese subsidio soviético o llámese renta petrolera, completada por una creciente represión política.
LO QUE QUEREMOS SER. No voy aquí a tocar más que de pasada, las grandes dosis de pillería que están por debajo se esa “dignidad”. Mientras Chávez despliega sus largas prédicas morales ante los oídos de fieles y extrañados auditorios, condenando la riqueza pervertidora, tienen lugar en los pasillos y en los almuerzos suculentos grandes negociados, corruptelas, enriquecimientos entre los capitostes y sus testaferros y contrapartes. La pobreza, como siempre, es la de los otros.
Pero dejo eso atrás y voy a lo que me parece central. Porque, elemental y todo, con toda la corrupción que en los hechos lo acompaña, el planteamiento de Chávez tiene una virtud. Le plantea al país algo que lo tendría que poner a reflexionar a fondo sobre lo que de veras quiere ser como colectividad. El nos está diciendo lo que a él le gusta y tal vez crea intuir que eso es lo que le gusta a la mayoría de los venezolanos.
Que los venezolanos lo que quieren es ser sabrosamente, petroleramente, pobres, y que lo demás son discursos en los que casi nadie cree verdaderamente. Confiado en ganarla, lanza entonces una apuesta mayor. “Yo propongo el socialismo humilde, la idea de la pobreza digna, con petróleo atrás, que sustente la repartición requerida. Y tú, ¿qué propones?”.
Fuente: El Universal – Venezuela
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