El mensaje del viejo dictador no tiene desperdicio. Definitivamente el tiempo no pasa para Castro. Él, que lo dominó todo, ahora en su ocaso no está dispuesto a dejar escapar ni siquiera el paso del reloj. Genio y figura.
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Martes, 21 de julio 2026
El mensaje del viejo dictador no tiene desperdicio. Definitivamente el tiempo no pasa para Castro. Él, que lo dominó todo, ahora en su ocaso no está dispuesto a dejar escapar ni siquiera el paso del reloj. Genio y figura.
En esta precampaña electoral de los EEUU todos los candidatos están haciendo un llamamiento al cambio y a la vuelta a la esperanza. La palabra cambio es la palabra talismán. Se quiere una nueva forma de hacer política y se apela a una empresa común de la nación para buscar lo mejor de si mismos.
La Iglesia por vieja es sabia y no va a apostar por ningún candidato en las elecciones. Sin embargo no es inteligente seguir metiéndole el dedo en el ojo, porque Zapatero tiene poco tiempo y la Iglesia todo el tiempo del mundo.
La tentación de un gran proyecto, de una obra que les lleve a la eternidad, ronda con frecuencia a los hombres públicos. Como se sabe esto no es nuevo y es algo que se dio ya desde la antigüedad clásica.
La sociedad española siempre fue admirada por como a través de la democracia pudo superar la guerra civil. Sin embargo el actual gobierno insiste con reabrir un capitulo de la historia que estaba cerrado.
La guerra civil española terminó hace setenta años, sin embargo Zapatero se empeña en hacerle pagar esa factura a las generaciones actuales, e impone la idea de una supuesta culpa colectiva.
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