La tentación de un gran proyecto, de una obra que les lleve a la eternidad, ronda con frecuencia a los hombres públicos. Como se sabe esto no es nuevo y es algo que se dio ya desde la antigüedad clásica.
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Martes, 21 de julio 2026

La tentación de un gran proyecto, de una obra que les lleve a la eternidad, ronda con frecuencia a los hombres públicos. Como se sabe esto no es nuevo y es algo que se dio ya desde la antigüedad clásica.
José Luis Mínguez Goyanes
Es esa tentación tan humana o tan divina, según se mire, de jugar con el tiempo y de querer entrar en la posteridad por la puerta grande de una gran construcción.
Desde que Fraga Iribarne dejó la presidencia de la Xunta de Galicia hay un debate sobre la construcción de la llamada Ciudad de la Cultura en Santiago de Compostela. Es un proyecto hecho a emulación de otros grandes proyectos como el Guggenheim de Bilbao.
Pero en este caso ahora se dice –cuando ya no está Fraga- que es un proyecto vacío de contenido y a lo que parece lleno de corruptelas de las que se lucraron algunos segundones.
Seguramente Fraga Iribarne no tenía que hacer una Ciudad de la Cultura para demostrar que fue un presidente esforzado y eficaz. Pero cayó en la tentación de perpetuarse en la eterna ciudad de Santiago, que dicho sea de paso no está precisamente falta de monumentos.
Galicia seguramente no estaba necesitada de esta obra ciclópea, cuando faltan infraestructuras básicas para la competitividad. Es un proyecto suntuario del que aún hoy no se sabe a ciencia cierta el coste final que va a tener. Se trata de un gasto de nuevo rico, aunque no sea rico. Y aquí está el quid de la cuestión. ¿Tiene sentido hacer grandes obras sin un amplio consenso social que las respalde?
Pero además la política es desagradecida, sobre todo cuando ya no se manda. En esa situación las glorias del mundo pasan pronto. Durante quince años Fraga no paró de invertir en Santiago, la capital de su reino. Ahora que Fraga ya no está el ayuntamiento de esa ciudad acaba de dar nombre a varias decenas de calles. Ni tan siquiera le han dedicado una al hombre que tanto trabajó por esa ciudad. Sic transit gloria mundi.
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