El Ecuador vive actualmente una de sus peores crisis en lo político y jurídico de los últimos años. El desconcierto, el cinismo, la mediocridad son características comunes de los gobernantes y legisladores.
El país está enfrascado en una maraña de intereses particulares y de grupos que están acabando con la paciencia de los ecuatorianos y sumiéndolo en la desesperanza y la desolación.
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